Apuntes Decembrinos

El problema es que sigue la corrupción

Ignoramos si el Gobierno va a gastar con eficiencia y honradez los recursos que está recuperando al no subsidiar ya los combustibles. Es una duda razonable expresada por muchos lectores luego del artículo que escribí ayer. Muy bien, pero lo que sí sabemos, por lo pronto, es que esa subvención para mantener artificialmente bajos los precios ha tenido un costo colosal para la nación mexicana: miles y miles de millones de pesos dilapidados a lo largo de decenios enteros, sin mejoras a la productividad global del país y sin consecuencias en la competitividad de la economía.

Peor aún, esos dineros no se gastaron para atender las urgentísimas necesidades de una sociedad que necesita resolver problemas tan apremiantes como la pobreza, la calidad de la educación o la construcción de infraestructuras. Sirvieron meramente para mantener el paternalismo de siempre, perpetuando las políticas clientelares del antiguo régimen priista.

Ahora bien, pareciera, en un primer momento, que los Gobiernos están obligados a intervenir en la redistribución de la riqueza nacional para corregir los desequilibrios, las desigualdades y las injusticias. De acuerdo, pero lo que una gran mayoría de la gente no quiere advertir ni reconocer es que ese dinero, el de los generosos subsidios, sale necesariamente de alguna parte. Dicho de otra manera, es nuestra plata, la de los impuestos que pagamos los ciudadanos.

No existe un manantial que surta generosa y mágicamente los recursos del erario. Y el Gobierno tampoco tiene dinero propio. No crea riqueza (de preferencia, no estorba o, ya en el mejor de los casos, propicia las condiciones para que haya inversiones y se hagan negocios). Su papel es recuperar una parte de lo que se genera gracias a la actividad económica y distribuirla, con mayor o menor eficacia, en diferentes renglones. Eso es todo.

El costo personal de los subsidios no nos parece tan evidente. Pero, en el momento en que comencemos a pensar que los pagamos con el dinero de nuestros bolsillos, a lo mejor vemos las cosas de otra manera. Eso sí, tenemos que acabar con el cáncer de la corrupción.

revueltas@mac.com