Ni los veo ni los oigo…

Toda vez que el “rector general” de la UdeG Tonatiuh Bravo Padilla es reacio a superar la profunda crisis académica universitaria es necesario exponer aquí algunas consideraciones del Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU), que presentó un contrainforme. Quienes tuvimos la gran ilusión de conocer por vez primera un informe autocrítico sufrimos una honda decepción. Pero si el rector general no hizo tal autocrítica, nosotros la hacemos.

Ante a los señalamientos del CRU, Bravo Padilla se fue por la tangente; es decir, no responde frontalmente a las críticas fundamentales realizadas por la oposición democrática académica, como si nada sucediese en esta institución: la mejor de las universidades posibles. Es cierto que el rector reconoce algunas limitaciones y problemas institucionales, lo que al menos ya es un principio, aunque a regañadientes; pero reconocer verdaderamente las cuestiones esenciales que están obstruyendo el desarrollo académico aún está muy lejos para tratar de mejorar las cosas. No se cuestiona en absoluto la flagrante antidemocracia universitaria ni el nefasto cacicazgo, ni la profunda corrupción realmente existente, tampoco la simulación académica, el despilfarro del millonario presupuesto, la canalización de fondos monetarios al showbusiness, nada que ver con la cultura universitaria, la falta de infraestructura y equipamiento (alto déficit de aulas, laboratorios), carencia de apoyo a la investigación científica, complicidad con “profesores” aviadores (dobleteros y tripleteros), sueldos estratosféricos de la “burocracia dorada”, rechazo perverso de miles de jóvenes estudiantes, privatización de programas complementarios (enseñanza virtual, idiomas, etcétera), privatización de espacios históricos patrimoniales universitarios (MUSA); no se cuestiona los salarios miserables del personal administrativo y de servicios, salarios miserables del grueso de los profesores de asignatura, etcétera.

Con relación a esto último Bravo Padilla pretende justificar los abultados sueldos de la alta burocracia, arguyendo que es algo histórico y que, por tanto, son más que merecidos. La “autocrítica” se desvaneció de inmediato en la lectura de las primeras hojas del informe; todo quedó en un arrebato grandilocuente. Queda muy claro que a los altos funcionarios universitarios–y al líder máximo, cuasi dueño de la institución– no les gusta ninguna crítica sustentada.

El contrainforme resumido del CRU inicia así: Más de lo mismo: Un año sin avance académico. Parafraseando a James Joyce, existe una soñada universidad donde casi todos los altos funcionarios mienten más de lo que hablan. Naturalmente que el famoso escritor irlandés no se refería a la de Guadalajara, mucho menos a los informes rectorales. Cada seis años, con el “cambio” de rector general, el grueso de la comunidad universitaria, especialmente la académica, tiene esperanzas de una real posibilidad de superar muchos de sus problemas estructurales relativos a la forma de gobierno, al manejo adecuado y transparente de las finanzas, a la superación del nivel académico, a un mayor cantidad de jóvenes que ingresan a la institución, a  una verdadera autonomía de las políticas centralistas burocráticas, abandono de las prácticas corporativas-clientelares, etcétera… Bravo Padilla, le hizo una propuesta al gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval. Hacer un pacto por los jóvenes de la entidad… cuyo objetivo sería incrementar en  50 por ciento la cobertura en educación de nivel superior y llegar al 80 por ciento en educación media superior; es decir, dicho compromiso implicaría la creación de alrededor de 56 mil espacios en educación media superior y 120 mil en educación superior a nivel estatal. Sin embargo, se le olvidó su “Pacto por los Jóvenes”, en cambio se detuvo en cuestiones numéricas, dejando de lado la compleja dimensión cualitativa del asunto de la educación en la Universidad de Guadalajara. Es por ello que se concretó a mencionar que existió un incremento de 6 mil lugares. Eso creció la oferta pero ¿cuánto creció la demanda y de qué tamaño es la demanda social determinada por el grupo de edad para cada nivel y la demanda real, determinada por quienes hacen trámites de ingreso en el último año? En realidad, en estrictos términos porcentuales, no existe una gran diferencia con los años previos, en los que los rechazados rebasan el 50 por ciento; de este modo, lo que se pretende como logro, en realidad sigue quedando, lamentablemente, por debajo de la media nacional universitaria en cuanto a la aceptación de estudiantes.

El contrainforme termina así: El CRU rechaza enérgicamente el proceso de privatización de los espacios patrimoniales universitarios como es el caso reciente del alquiler del Museo de las Artes (MUSA). Que el dinero destinado al Centro Cultural Universitario (CCU) se aplique al desarrollo de la infraestructura en casi todos los centros universitarios, empezando con los de mayores carencias. Que el Plan de Desarrollo Institucional 2014-2030 inicie con un Congreso General Universitario, una de cuyas primeras actividades sería realizar un verdadero diagnóstico de la situación real y actual de la institución, para que sirva para una auténtica e indispensable refundación de la Universidad de Guadalajara, con base a una profunda Reforma Universitaria, con orientación académica, ajena a toda práctica de poder corporativo-autoritario antidemocrático. Debemos insistir en la necesidad imperativa de abrir espacios democráticos para toda la comunidad universitaria. Solamente así podrá haber una posibilidad de superación de la calidad académica, para beneficio del pueblo jalisciense y sus necesidades educativas, culturales y sociales.