El totalitarismo caciquil

En la Feria Internacional del Libro [FIL] del 2002 realizada en Guadalajara el invitado de honor fue la hermana República de Cuba. En 1991 Guadalajara fue sede de la Primera Cumbre Iberoamericana a la que asistió Fidel Castro. 25 años después muere el revolucionario cubano. Cuando fue invitado Israel a la FIL hace tres años, Raúl Padilla López, exrector de la Universidad de Guadalajara y presidente de la FIL, jamás dijo nada cuestionable de este gobierno sionista–terrorista y genocida. En la inauguración de la reciente FIL, Padilla López dijo: “la historia juzgará el derrotero de la Revolución Cubana y la impronta de Castro… Nunca las ideas pueden florecer en el totalitarismo, sin libertad no hay creación. En lo que venga para el pueblo cubano, los mexicanos estaremos como siempre, con nuestra solidaridad que está por encima de las ideologías. Enviamos nuestras condolencias el gobierno cubano”. ¡Condolencias embarradas de insulto derechista! ¡Cinismo puro! Tal alocución también es para quedar bien con los intelectuales liberales conservadores afines al poder del Estado, representativos de poderosos grupos de interés y empresas como las revistas Nexos y Letras Libres; también para adular a Mario Vargas Llosa quien declaró en la FIL: “Espero que esta muerte abra en Cuba un periodo de apertura, de tolerancia, de democratización. La historia hará un balance de estos 55 años que acaban ahora con la muerte del dictador cubano. Él dijo que la historia le absolverá. Y yo estoy seguro de que a Fidel no lo absolverá la historia”. Vargas Llosa ya nunca volvió hablar de la dictadura perfecta en México, ¿Ha habido alguna crítica de Padilla López hacia alguno de los sucesivos gobiernos mexicanos, cómplices y protectores de este poder caciquil? ¿Será el régimen político mexicano el modelo político democrático que ha hecho de este país el mejor de los mundos posibles? Por supuesto, la solidaridad política nunca puede estar por encima de las ideologías. Una verdadera solidaridad implica compartir una relativa identidad política e ideológica. Padilla López es un cacique universitario pragmático, pero ahora nos sorprende como teórico político hablando del concepto de totalitarismo ¿Qué entiende este cacique por totalitarismo? Sería muy bueno discutirlo con él. Reflexionar y debatir sobre este concepto es muy oportuno porque así podríamos aclarar si en la UdeG existe o no un totalitarismo donde solamente se impone autoritaria e impunemente los intereses del cacicazgo ¿Podríamos hablar de totalitarismo caciquil? Es posible, pues en esta institución, por así decir, no se mueve ninguna hoja del árbol sin su consentimiento; de tal manera que él podría decir sin rubor alguno, al estilo monárquico absolutista: L’Université C’est Moi [La Universidad soy yo]. Si hay alguna universidad en México, quizá en el mundo, cuyo poder esté concentrado tan fuerte y unilateralmente es la UdeG. Tal condición, no habla nada bien de una institución educativa superior pública en la que se supone debe reinar el predominio de las ideas democráticas representativas de un pensamiento colectivo crítico. Cierto es que en otras universidades mexicanas y del mundo existen cacicazgos y grupos de poder, pero quizá en ninguna de ellas exista tal poder omnímodo. Este cacique que rige de manera totalitaria monárquica tiene tras de sí todo un sequito de cortesanos burócratas e intelectuales, algunos de estos últimos pavoneándose en los pasillos de la FIL, cuales divas en la alfombra roja de la farándula literaria.

Es muy cierto que las ideas nunca pueden florecer en el totalitarismo, sin libertad no hay creación. Tan cierto que en la UdeG, donde no prevalece el pensamiento crítico ni la libertad democrática, no existe verdadera creación intelectual salvo de manera muy escasa; muy escasa a pesar del totalitarismo que afecta directa o indirectamente la vida académica institucional. La estructura de poder político en esta universidad es de naturaleza corporativa–clientelar con base a todo un control vertical caciquil que niega toda forma democrática. Podemos discutir si en Cuba existe o no un totalitarismo, pero ningún régimen totalitario ha generado un verdadero bienestar social de la población, especialmente infantil, respecto a la educación y la salud públicas. Podemos analizar y discutir si en Cuba existen rasgos autoritarios burocráticos, es posible que los haya, pero es muy difícil aseverar que el régimen político cubano es de naturaleza totalitaria. Habría que reflexionar con base a estudiosos de tales régimenes, como el pensamiento de Hannah Arendt en su clásico texto sobre Los orígenes del totalitarismo, si este país caribeño reúne las condiciones políticas e ideológicas para tal definición.

Raúl Padilla López pretende ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Desvergüenza cínica porque él sabe perfectamente cómo ha retenido el poder totalitario dentro de esta institución universitaria pública convertido en un lucrativo negocio personal, familiar y de una camarilla burocrática pletórica de privilegios ganando sueldos estratosféricos. La FIL se ha convertido, además de una empresa “cultural”, en un auténtico escaparate político para algunos politiquillos neoliberales que han venido hundiendo socialmente al país desde hace décadas; haciendo un verdadero desastre económico, político, cultural y educativo, con todas sus reformas “estructurales” beneficiando a una elite oligárquica. La profunda corrupción, el saqueo de los recursos naturales y económicos, y la impunidad del poder, devastando al país, también se ve reflejada en las universidades públicas, como la UdeG donde todo se rige por criterios políticos y muy poco académicos. Es imperativo desmantelar el cacicazgo para una universidad democrática.