Por salarios dignos y sindicatos democráticos

El mundo del trabajo está plagado de contradicciones y conflictos sociales. El trabajo en el mundo es de antagonismos clasistas. El capital es una relación social entre el capital mismo y la fuerza de trabajo, pero en esta relación social impera una explotación de una clase sobre otra con el propósito de obtener la máxima ganancia con el trabajo asalariado. Este es el punto de partida de todo el desquiciamiento y la conflictualidad social reinante. Son estas relaciones económicas la base material de la lucha de clases y de las luchas nacionales y mundiales de nuestros días. El trabajador asalariado desposeído de los medios de producción y de subsistencia está obligado a vender, como mercancía –esa peculiar mercancía que solo toma cuerpo en la carne y la sangre del hombre–, su fuerza de trabajo al capital para [sobre] vivir, encadenándolo cual esclavo moderno al proceso de producción para seguir valorizando el capital mediante la explotación. Como escribió Karl Marx, más vigente como nunca: "El capital es trabajo muerto que solo se reanima vampirescamente, chupando trabajo vivo". Más aún: "El capital es la potencia económica, que lo domina todo, de la sociedad burguesa".

El mundo del trabajo asalariado es un mundo de explotación, de sangre, sudor y lágrimas [sweatshops]. Sabemos también que "el salario está determinado por la lucha abierta entre capitalista y obrero. Necesariamente triunfa el capitalista". Cierto, en la mayoría de los conflictos el capital vence a la fuerza de trabajo, pero esta lucha es absolutamente desigual porque los trabajadores no se enfrentan directamente a los capitalistas –quienes personifican al capital– sino a todo el poder del aparato político que detentan en los tribunales, juzgados laborales y, especialmente, a su maquinaria represiva constituida por la policía y el ejército. Los trabajadores cuando se lanzan a la calle o en huelga por sus demandas justas y legítimas se confrontan al poder represor jurídico y político del Estado, que representa los intereses de la clase dominante local y extranjera. Así viene sucediendo históricamente en los conflictos laborales en México y el mundo. 2015 fue un año de superexplotación para las y los trabajadores mexicanos, por su debilidad política manifiesta.

El aire es gélido y paralizante, la temperatura es de algunos grados bajo cero, el viento cala muy hondo, hasta los huesos, pero los y las trabajadoras están a puerta de fábrica luchando por sus demandas "¡Ni el frío, ni el viento detendrán el movimiento!" Esta es una de las consignas de los trabajadores de Lexmark, en Ciudad Juárez. Esta ciudad fronteriza inicia el año con manifestaciones de los trabajadores industriales que buscan mejores condiciones laborales y una representación sindical independiente. Como muy bien lo señala Víctor Orozco, analista de Chihuahua: "De tanto en tanto, la opinión pública fija su atención en las condiciones de vida de los trabajadores. Regularmente esto sucede cuando la desesperación de los obreros hace detonar movimientos de protesta en las fábricas o plantas industriales, que son casi siempre enfrentados por el gobierno y empresarios con tácticas similares: se les sataniza y aún pretende penalizárseles atribuyéndoles su origen a la actividad de agitadores políticos... En Ciudad Juárez, la cuna de la industria maquiladora de exportación que arriba a su medio siglo de haberse iniciado en México, donde laboran arriba de trescientas mil personas en las líneas de producción, han brotado en los últimos tiempos varias luchas obreras. Sus objetivos son los de siempre: conseguir aumentos en los salarios y poseer organizaciones sindicales propias... Los trabajadores de la industria maquiladora –dice Orozco– han puesto lo suyo para edificar en la frontera con Estados Unidos un polo de desarrollo económico y un emporio de riqueza para beneficio de todos. De hecho han ido mucho más lejos que sus congéneres de la mayor parte de las zonas industriales en el mundo. Vale decir, la cuota de sacrificios personales y de sus familias sobresale por su tamaño colosal. Quienes han fallado son los empresarios y el gobierno. Los primeros han padecido de una visión de muy corto alcance que privilegia la ganancia fácil y la acumulación a costa de empobrecer a los asalariados. El segundo, actúa como guardián de los primeros, para facilitar de mil maneras el enriquecimiento de las élites, no como vigilante y gestor de los intereses generales, funciones que teóricamente le corresponden". Por eso, tras meses de plantones y en medio de temperaturas gélidas es que docenas de trabajadores de Lexmark, Foxconn e Eaton marcharon el lunes 4 de enero rumbo a la Junta de Conciliación y Arbitraje [JCyA] con pancartas y consignas exigiendo el reconocimiento de su sindicato independiente. Cerca del mediodía, las obreras y obreros de las diversas maquiladoras esperaron a las afueras de la JCyA para saber los resolutivos que 60 días antes se habían puesto a discusión en el organismo conciliatorio. La abogada Susana Prieto Terrazas les informó a los manifestantes que la junta no reconocía los sindicatos independientes de la CTM que los obreros tanto de Foxconn como Lexmark quieren formar. "La autoridad está actuando a capricho, entonces venimos a satisfacer ese requisito y a volver a plantear la solicitud del registro del sindicato de los trabajadores de Lexmark", indicó Prieto [http://www.laizquierdadiario.com/Ni-el-frio-ni-el-viento-detendran-el-movimiento].

Únicamente la fuerza unitaria de los propios trabajadores es la alternativa real de lucha al actual régimen ominoso. "No tienen nada que perder excepto sus cadenas. Tienen todo un mundo que ganar".