El magisterio democrático dice NO

Todo acto educativo es un acto

político

A la memoria de Paulo Freire

NO a la evaluación, a la evaluación dictada unilateralmente por la burocracia. NO a la evaluación punitiva acorde a una reforma “educativa” laboral–tecnocrática. NO a una evaluación ajena a una verdadera reforma educativa. La mayoría de los maestros no están en contra de ninguna evaluación sino rechazando una evaluación en la que nunca participaron en los criterios generales de qué debería evaluarse y para qué ¿Quién evalúa a los evaluadores? ¿Quién evalúa el desempeño político de la alta burocracia de la Secretaría de Educación Pública? ¿Quién evalúa la capacidad educativa–pedagógica de Emilio Chuayffet, secretario de Educación Pública? Suponemos que no es Enrique Peña Nieto, ¡Dios nos libre de todo mal!

¿Existe una política educativa para beneficio de la sociedad entera? ¿Existe una verdadera reforma educativa integral, progresiva, que apunte a una superación de la calidad de los procesos de enseñanza–aprendizaje cuyos beneficiarios inmediatos sean los propios educandos? De existir tal reforma, tendríamos que estar viviendo bajo otro modelo de desarrollo social; otro modelo económico, político, cultural y educativo, de naturaleza democrática, absolutamente ajeno al modelo neoliberal cuyo único basamento son las leyes del mercado imperantes y su tendencia perversa a la privatización de la cosa pública. Las modificaciones al artículo tercero constitucional que da sustento jurídico, no legítimo, a esta reforma “educativa” neoliberal fue a iniciativa empresarial de “Ahora es cuando”, promovida por el grupo Mexicanos Primero, con Carlos Slim Helú y Emilio Azcárraga Jean, y con el aval de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y ahora hasta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ¿Qué es lo que está detrás de esta supuesta reforma educativa? Lo que está detrás es una reforma laboral–administrativista que apunta a un proceso de recomposición cuantitativo de la planta magisterial con el objetivo de despedir impunemente a decenas de miles de maestros –especialmente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación [CNTE]– con el argumento de que no están preparados. Esta supuesta reforma educativa tiene intenciones aviesas que van más allá de una vana retórica grandilocuente para un desarrollo social ficticio. Peña Nieto afirmó que todas las reformas estructurales son importantes pero “la que habrá de tener el mayor impacto en el desarrollo futuro de nuestro país, sin duda, es la reforma educativa”. Tal aseveración es totalmente falsa porque la “reforma energética”, por su importancia económica para la acumulación de capital es y será la de mayor impacto catastrófico. 

Dejemos de lado la embestida gubernamental para criminalizar a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación [CNTE], más peligrosa que cualquier cártel del crimen organizado; porque, resulta que las protestas a la reforma educativa y a la evaluación no solamente provienen de esta disidencia sino también de vastos contingentes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación [SNTE], cuya dirigencia charril –encabezada por Juan Díaz de la Torre, presidente y secretario general, heredero político de la cacique Elba Esther Gordillo– está muy domesticada por su corrupción hasta el tuétano. Dirigentes del magisterio de la sección 36 y 17 del estado de México declaran: “No somos unos cuantos los que nos oponemos. Aquí estamos los maestros de base más allá de militancias o siglas. Queremos que se nos escuche y que no se aplique una evaluación punitiva. No nos oponemos a ser examinados, pero esto no puede poner en riesgo nuestra fuente de empleo”. Durante la movilización de poco más de siete mil maestros en Guadalajara del pasado viernes, una gran lona decía: “Señor gobernador: no estamos en contra de la evaluación, sino en contra de las formas que se quieren imponer en su proceso, así como de los derechos que se nos quieren quitar. Y que las plazas vacantes sólo las ocupen chambistas amigos y familiares de priístas cercanos a los directivos, como lo vienen haciendo ¿Esta es la calidad de educación que quiere dar?” Un joven maestro portaba una enorme pancarta desafiando: “Peña. Tú y yo. Mismo día. Misma hora. Mismo lugar. Mismo examen. El que repruebe ¡se va!” Esto valdría también como desafío de cualquier maestro al secretario de Educación, Francisco Ayón López, quien subestima la protesta masiva afirmando que: “No son mayoría los profesores que se manifiestan en Jalisco”. Por supuesto, los maestros opositores pueden ser o no mayoría, pero no se trata en este caso de una cuestión cuantitativa sino de quien tiene la razón; y la razón no está del lado de las autoridades educativas locales ni federales y tampoco del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación [INEE], cuya consejera presidenta de este instituto, Sylvia Schmelke, también afirma falazmente –junto con su escudero Gilberto Guevara Niebla– que “los sectores magisteriales que se oponen a la evaluación lo hacen por ignorancia. La evaluación no es punitiva”. Sin embargo, los verdaderos críticos, especialistas en la materia –Hugo Aboites, Díaz Barriga, Hugo Casanova, Pablo Gentili, Adriana Puigross, Jurjo Torres, Tatiana Coll, entre otros– tienen una percepción contraria a la oficial. La evaluación autoritaria neoliberal sostiene un concepto intangible de calidad educativa, metafísica, que si raya en la ignorancia burocrática.

¡Solidaridad! Mañana a las 10:00 horas habrá otra manifestación del magisterio democrático en lucha de resistencia en el edificio de la Secretaría de Educación, frente al CODE.