La legitimidad de la desobediencia civil

Resolveos a no ser esclavos, a no servir más, y seréis libres al instante. No os pido que pongáis las manos sobre el tirano para derribarlo, sino simplemente que dejéis de sustentarlo. Entonces lo veréis, como un gran coloso al que retiran de su pedestal, caer de sus propias alturas y hacerse pedazos.
Sobre la servidumbre voluntaria. Étienne de La Boétie

Henry David Thoreau [1817–1862], es uno de los pensadores liberales radicales estadounidenses más importantes. Poeta y ensayista, también dedicado a la reflexión filosófica política humanista; por ende, fue un crítico acérrimo de la sociedad estadounidense y del naciente capitalismo del que es observador minucioso. Es autor del libro Desobediencia civil [1849]. Un año antes Marx y Engels habían escrito el Manifiesto Comunista, y estallaba la revolución de marzo en Alemania y acontecía el levantamiento republicano en Francia y los combates que tuvieron lugar en París, particularmente en junio de ese año. El mismo año de la edición de la Desobediencia civil, en un artículo de febrero de 1849, Marx formula una primera respuesta a la interrogante de 1848: ¿Cuáles serían las fuerzas motrices de esta revolución anunciada?: “las clases más radicales y democráticas de la sociedad”, los obreros, los campesinos y la pequeña burguesía. “En común con Karl Marx y Herbert Marcuse, Thoreau se preocupa por prevenirnos acerca de la unidimensionalidad humana”, se lee en un libro nunca traducido al castellano,  Awe for the tiger [Temor por el tigre], que en 2002 escribió el profesor de la Universidad de la Columbia Británica Rod Preece”, escribe José Ramón Martín Largo en La República Cultural. Temor por el tigre puede significar el temor del poder burgués a la amenaza del pueblo enardecido e insurrecto como clase peligrosa política [Dangerous class]. La expresión tigre de papel es una antigua frase china utilizada para designar algo que aparenta ser una amenaza pero que es en realidad inofensivo. Mao Tse Tung utilizó la frase en 1956 para describir el imperialismo estadunidense; aunque, ironías de la historia, el maoísmo revolucionario acabó siendo una burocracia, un tigre de papel devorado por el capital.

El 12 de julio se cumplirá el 200 aniversario del natalicio de Thoreau y habrá que rememorarlo por su contribución a las ideas libertarias. En su libro citado, exalta la “ley de la conciencia” por encima de la ley civil e invita a los ciudadanos a practicar la protesta legítima no violenta. Ante la existencia de leyes injustas ¿deberíamos obedecerlas? ¿o deberíamos hacer un esfuerzo por modificarlas; obedeciéndolas cuando las consideramos justas, y transgredirlas cuando no sean así. Hay quienes piensan que su pensamiento influyó en Mahatma Gandhi y Martin Luther King. Thoreau afirmó: “El mejor gobierno es el que gobierna menos”; o, dicho de otra manera: “el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”. Para Marx el estado era el consejo de administración de la burguesía… “pasaría de ser la administración de las personas a ser la administración de las cosas”.

¿Hay alguna influencia de Thoreau en nuestra Carta Magna de 1917, relativa al artículo 39 constitucional cuando se establece hace cien años que: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”?  Es posible. Los que sostienen el statu quo nunca creen que la gente común y corriente pueda ser capaz o pueda querer cuestionarlo con cualquier acto de desobediencia civil o de rebeldía, pero con la oleada de legítimas protestas populares desde inicios de enero, el pueblo tiene todo el derecho inalienable de alterar o modificar la forma de su gobierno; por eso clama: ¡Fuera Peña… Fuera Peña! En dicho artículo constitucional no se menciona que tal modificación de gobierno por el pueblo tenga que ser necesariamente pacífica para que sea soberano democráticamente. La misma constitución es resultado de un proceso revolucionario armado y cruento. La violencia revolucionaria trastocó el régimen político dictatorial porfirista.

Como sea, tales movilizaciones populares enardecidas contra el gasolinazo de Enrique Peña Nieto en su mayoría han sido pacíficas. Las movilizaciones masivas por si mismas no pueden alterar la forma del régimen político, porque se necesita algo más radical que las protestas populares. La desobediencia civil propuesta por Thoreau es muy importante, aunque en sí misma no es revolucionaria; se requiere algo más que la fuerza social desobediente contra el autoritarismo del poder del capital. Se necesita, por ejemplo, la organización de un paro nacional o de una huelga nacional en un futuro inmediato que profundice el hartazgo popular, pero también se requiere de una coordinación insurreccional que oriente la movilización social, especialmente de los de abajo, la prole, hacia la construcción de un gobierno obrero, campesino, indígena y popular. La posibilidad de ruptura de la sumisión popular al régimen con acciones de resistencia al neoliberalismo se está propiciando. Nuestra cultura política está formada de un sedimento histórico priista por un corporativismo autoritario y un clientelismo político y electoral que urge su disolución.

Para tal objetivo, “el Frente Amplio Contra la Privatización de la Industria Energética se suma a todas las manifestaciones legítimas en contra del gasolinazo y reitera que sus acciones de desobediencia civil son pacíficas. Trata de contribuir a la lucha de resistencia social y a todas las acciones consecuentes contra las políticas privatizadoras neoliberales. Pretende crear Comités de Defensa de la Economía Popular. A las organizaciones que luchan desde sus trincheras el Frente Amplio los acompaña e incluye, hace suya sus luchas, buscando la unión para ir por los cambios que se requieren y encontrar así la justicia a nuestras demandas legítimas”.