El laberinto de la fauna… política

En solidaridad con Carmen Aristegui

 

Los principales cineastas mexicanos con sus recientes declaraciones críticas sobre la situación nacional han cimbrado “las buenas conciencias” políticas. A Alejandro González Iñárritu y a Alfonso Cuarón se vino a sumar Guillermo del Toro. Este último afirmó que “México está pasando por un momento de descomposición del tejido social que marcará un parteaguas en el país. Estamos en un momento excepcional; vivimos un hito de inseguridad, de descomposición que va a ser histórico”, dijo el director tapatío, invitado de la edición 30 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG).

“Ruego para que podamos encontrar y tener el gobierno que nos merecemos”, señaló González Iñárritu en la entrega de los premios Oscar. Enrique Peña Nieto no queriendo darse por aludido en un primer momento –poniendo oídos sordos a la crítica y a regañadientes–, a través de su cuenta de Twitter, felicitó a González Iñárritu por el merecido reconocimiento a su “trabajo, entrega y talento ¡Felicidades! México lo celebra junto contigo”. Ya después, reaccionando, Peña Nieto respondió directamente: “… como gobierno, hoy nos ocupa precisamente, sembrar las mejores condiciones, trabajar porque nuestro país tenga los mejores espacios, para que cada individuo pueda escribir sus historias personales de éxito, para que cada individuo pueda encontrar los espacios idóneos y óptimos para construir un sendero de triunfo y de realización personal”. Desde luego, ésta respuesta demagógica es tan endeble y superficial en su contenido y está totalmente alejada de la cruenta realidad nacional. Los únicos grupos sociales que están encontrando “los espacios idóneos y óptimos para construir un sendero de triunfo” son quienes están amasando grandes fortunas y poder beneficiados por las políticas neoliberales impulsadas desde la presidencia federal. Quienes forman parte de la oligarquía criolla si pueden escribir “sus historias personales de éxito” económico; pero la mayoría de los mexicanos trabajadores lo único que han encontrado es la incertidumbre, el riesgo, el dolor, la pobreza y miseria, la pesadumbre. El despeñadero del país es una realidad inobjetable y no la perciben quienes no entienden que no entienden, y si la alcanzan a percibir es todavía peor, pues entonces eso supondría que lo que los ocupa precisamente es sembrar vientos para cosechar tempestades, lo cual no es otra cosa que el uso indiscriminado de la fuerza gubernamental para levantar turbulencias de intensa conflictualidad social.

El único director de cine mexicano que en su propia obra ha reflejado crítica y sistemáticamente al régimen político y el despeñadero nacional es Luis Estrada con sus películas como La Ley de Herodes, El Infierno, Un mundo maravilloso y La Dictadura Perfecta. Esta última es una película hiperrealista acerca del gobierno actual, su relación con los medios de comunicación, la corrupción y sus delitos y nos permite entender, entre otras cosas, por ejemplo, el más reciente escándalo del Estado con la fulminante despedida de Carmen Aristegui por MVS, que por supuesto no es ningún conflicto de intereses entre particulares, de otra manera nunca hubiera emitido ninguna declaración oficial la Secretaría de Gobernación en tal sentido. Hay mar de fondo en este asunto y, por supuesto, una vez más: “Fue el Estado”, como bien dice en su artículo Pedro Miguel: “El agravio del día contra informadores y audiencias proviene del mismo lugar que el accidente de Pasta de Conchos, el incendio de la Guardería ABC y la agresión contra los estudiantes normalistas en Iguala. La brutalidad policial contra manifestantes; las decenas de miles de desapariciones forzadas…” [La Jornada, 17/03/2015]. Lo que Estrada narra excelente en sus filmes, lo dicen verbalmente Iñárritu, Cuarón y Del Toro. Iñárritu aseguró en entrevista al diario italiano La Republicca que “en México el Estado es la corrupción”. Nada más cierto que eso ¿Por qué nuestros cineastas son más críticos que muchos de nuestros académicos politólogos timoratos y que muchos de los periodistas dizque analistas de nuestra realidad nacional?

Guillermo del Toro  –director de la extraordinaria película El laberinto del fauno, que trata en parte sobre el fascismo franquista– dijo enfático en su conferencia que hay políticos y personas que creen que en algún momento la chingada se va a llevar un pedazo del país y no a ellos, pero “cuando nos lleve la chingada nos va a llevar a todos de una manera u otra.” Más aún, afirmó que “México está a punto de vivir un “apocalipsis social”. Vivimos “una absoluta vorágine… se vive una ley como la ley del viejo oeste”; la ley de la cantina y del revólver; es la descomposición absoluta. Muy cierto. Pero, contradictoriamente, debemos decir que la presentación de Del Toro en la FICG la hizo el licenciado Raúl Padilla López, exrector de la Universidad de Guadalajara, quien como cacique de esta institución, –más político que académico, pues no tiene nada de académico–, es un clarísimo ejemplo al que alude Del Toro: un político que piensa que en algún momento la chingada puede llevarse a la universidad pero a él no. Este cacicazgo universitario es un verdadero ejemplo de la descomposición social y política por la profunda corrupción e impunidad y que está llevando a la UdeG al despeñadero. La salida del laberinto universitario y del país es la instauración de un régimen democrático. Como bien dijo Iñárritu: “Las cosas deben cambiar de una vez para siempre”. Cambiar desde abajo para beneficio de todos.

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