La indignación rebelde


A un año de la terrible noche de Iguala continúa la profunda indignación de cientos de miles de mexicanos a causa de la torpeza e indiferencia del gobierno federal –el poder Ejecutivo y la Procuraduría General de la República [PGR]– para investigar el crimen de la desaparición forzada de los 43 jóvenes estudiantes normalistas de Ayotzinapa. La justificación gubernamental de no haber hecho ninguna búsqueda es la versión oficial de que ellos fueron asesinados e incinerados en el basurero de Cocula y los restos arrojados en bolsas al Río Cocula. El gobierno sigue insistiendo en su "verdad histórica", en la cual los asesinos de los 43 normalistas son sicarios del cártel Guerreros Unidos en colusión con las autoridades locales de Iguala y Cocula. Antier, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en su comparecencia en el Senado, afirmó que en el caso de Iguala no se busca una "verdad oficial o políticamente conveniente, buscamos simplemente la verdad"... Por eso, el presidente de la República ha insistido que gobierno y sociedad estemos del mismo lado". Además, aseveró tajantemente que en el caso Ayotzinapa "no habrá ni perdón para los culpables ni olvido para las víctimas". En lo único que estamos juntos gobierno y sociedad es en la caída libre del despeñadero neoliberal de un abismo insondable; debemos precisar que es la putrefacción política del Estado –representante de una oligarquía local y foránea–, la que jaló consigo a la sociedad; sin embargo, también precisemos que la sociedad puede salvarse por sí misma, pero el Estado no tiene ni tendrá salvación, perecerá tarde o temprano. El gobernador perredista sustituto en Guerrero, Rogelio Ortega, ha declarado que el secretario de Gobernación Osorio Chong propuso en diciembre una ocupación violenta de la Normal de Ayotzinapa con el fin de darle carpetazo al caso de los 43 desaparecidos y arrasar su escuela, aun cuando eso significara un baño de sangre. El pretexto del pacífico funcionario federal era que los estudiantes del plantel planeaban hacer arder en su totalidad la ciudad de Chilpancingo [Proceso 27/09/2015].

Por supuesto, nunca estarán en el mismo lado, junto a este gobierno, los padres, madres y familiares de los desaparecidos forzados, y tampoco estaremos los miles y miles de mexicanos indignados por este hecho salvaje. Es absoluta demagogia y simulación la aflicción de las altas autoridades gubernamentales por este crimen abominable: "lágrimas de cocodrilo". El cinismo sin límites de un régimen político hundido en la corrupción e impunidad de miles de delitos habidos y haber. Cinismo "histórico u oficial" es cuando, un ejemplo entre cientos, la senadora priista Cristina Díaz, en la mencionada comparecencia de Osorio Chong, dijo enfáticamente que ante la tragedia de Iguala, "el gobierno mantiene un indeclinable afán de verdad y justicia, sin importar que haya quienes pretendan lucrar políticamente con el dolor ajeno... No utilizamos ni la violencia verbal ni la mentira y menos el ponernos a llorar con lágrimas de cocodrilo huecas" [MILENIO Jalisco, 30/09/15]... En el recinto seguramente en ese momento se escucharon, con sordina, los ecos violentos de las balaceras y ráfagas de los rifles y las metralletas oficiales vomitando fuego en Tlatlaya, Apatzingán, Tanhuato e Iguala: ¡Fue el Estado!

A un año de este atroz acontecimiento son vigentes las preguntas: ¿Por qué? ¿Quiénes fueron los autores intelectuales y materiales que perpetraron tal crimen? ¿Dónde están los desaparecidos? La herida social sigue abierta porque es muy profunda, tan profunda como la indignación del pueblo trabajador. La indignación rebelde se mantiene y se mantendrá hasta que haya justicia para las víctimas y sus familiares. La alta burocracia gubernamental, podrida hasta el tuétano, insensible, jamás tendrá el dolor moral, con sus daños colaterales, de quienes vienen sufriendo desde hace muchos años, junto con los de Ayotzinapa, la desaparición forzada de más de 30 mil víctimas.

A un año del aquel infausto 26 de septiembre la gente con dignidad y conciencia democrática y humanitaria salió masivamente a reclamar legítimamente justicia para quienes fueron asesinados arteramente esa noche y los heridos. Cientos de miles salimos a las calles y a las plazas a exigirle al Estado la aparición con vida de los estudiantes normalistas. En casi todas las grandes ciudades del país se escuchó el clamor digno de justicia. Justicia: una palabra sencilla, justa, eterna. Una palabra sagrada para el pueblo, del pueblo llano y humilde. Una palabra jamás conocida en los hechos por quienes detentan el poder y el dinero. Existente en su vocabulario demagógico, pero ficticio en la realpolítik oligárquica. Pero el clamor de la indignación rebelde no solamente se escuchó en México, también se escuchó enérgicamente en muchas urbes de América y de Europa. La solidaridad internacionalista ha tenido una voz potente desde Nueva York –protestando contra Enrique Peña Nieto, encapsulado en su automóvil blindado– hasta Buenos Aires, pasando por Sao Paulo. Dejemos la pifia de Peña Nieto en su discurso en la ONU, pecata minuta si la comparamos con las verdaderas pifias políticas de su gobierno que han devastado al país. También dejemos de lado su autismo político en la reunión que sostuvo con los familiares de los desaparecidos ignorando sus peticiones legítimas

A un año de esta barbarie social los padres y madres de los desaparecidos de Ayotzinapa han anunciado un Frente Amplio para la Transformación Radical. Un frente muy necesario para democratizar al país y darle dignidad.

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

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