De incongruencias y demagogias

Que se haga del leer un ímpetu casi carnal;
que se sienta el amor propio de haber leído libros
mayores de siempre; que la noble industria del libro
exista para nosotros por el gasto que hacemos
de ella,  como existen la de tejidos y alimentos;
y que el escritor se vuelva criatura
presente en la vida de todos...
Gabriela Mistral

Las beneméritas autoridades principales de la Universidad de Guadalajara [UdeG] han venido publicitando un Programa Universitario de Fomento a la Lectura, algo muy loable sin duda. Tal Programa, a su vez, mediante la iniciativa de la Lectura Letras para Volar invita al público en general y en especial a los niños a vivir una fiesta de los libros: ¡Festival Literario! Que consiste en “un divertido desfile de carros alegóricos adornados con personajes y escenas de tus cuentos favoritos, ¡y todo hecho por niñas, niños y jóvenes como tú!”. Tal desfile se realizará durante la mañana del domingo 30 abril: Día del Niño. Tal iniciativa es muy plausible; sin embargo, hay mucho de contradictorio viniendo de quien viene esta invitación, pues tan beneméritas autoridades realmente nunca se han preocupado por un verdadero fomento a lectura dirigido a los jóvenes estudiantes universitarios; ni siquiera la benemérita Feria Internacional del Libro [FIL] tiene esta pretensión ¿Cómo es posible que esta Universidad no tenga siquiera una buena librería para el público en general y particularmente para la comunidad universitaria? Su escaso fondo editorial está embodegado de manera infame ¿Esta es la importancia que le concede a la cultura libresca las autoridades universitarias? Una librería universitaria debería estar ubicada en la zona central de la ciudad y ser ejemplo arquitectónico como espacio para el desarrollo de una auténtica cultura universitaria, abierto a los foros académicos y ciudadanos sobre temas de vital importancia social, y abriendo talleres de lectura del universo literario ¿Cuándo habrá una digna librería universitaria, al margen de los negocios del espectáculo que tanto han enriquecido al poder caciquil?

Una digna librería contribuiría, entre otras, a fomentar la lectura de todo mundo. Un verdadero fomento a la lectura por la benemérita burocracia universitaria debería ir más allá de un simple desfile de carros alegóricos, y constituir una política permanente. Por ejemplo, entre otras cosas, descuentos significativos para los estudiantes en la adquisición de libros universitarios. Hace un año, por estas fechas, la directora general del Programa Universitario de Fomento a la Lectura “Letras para Volar”, Patricia Rosas Chávez “puntualizó que el fomento a la lectura no es tarea de un día en especial, sino que debe ser una labor permanente y sistemática para estudiar cómo se desarrolla este hábito entre las personas, para conseguir que se pase de algo placentero a una competencia lectora, lo cual es un interés universitario”. Es muy cierto que el hábito de la lectura debe fomentarse empezando desde la infancia, y por eso es muy importante esta iniciativa que todos compartimos. Pero también sería muy bueno que en un mundo donde el hábito de la lectura en general es algo extraordinario, el fomento y reforzamiento en la juventud universitario debe ser algo obligado por razones obvias. Se debe partir del principio de fomentar la lectura placentera y la escritura creativa entre la comunidad estudiantil como una necesidad cultural de enriquecimiento profesional y personal. Hoy día, en términos generales, los estudiantes leen menos y su cultura se va estrechando más, empobreciendo su comprensión objetiva del mundo en que vivimos. Su horizonte cultural se va reduciendo notablemente. El domingo 23 de abril es el Día Mundial del Libro y si bien es cierto que la UdeG organiza algunos eventos alrededor de esta fecha, falta mucho, muchísimo, para que el fomento a la lectura se constituya como ejemplo admirable de la cultura universitaria como parte de las tareas sustanciales, en lugar de destinar sumas millonarias a lo que sería un estacionamiento subterráneo que carece toda justificación académica y solamente está en función de las necesidades de lucro del benemérito showbusiness parauniversitario.

Las beneméritas autoridades universitarias se jactan de contribuir a las políticas públicas de protección ambiental, pero sus iniciativas se encuentran llenas de incongruencias y posturas demagógicas. Por ejemplo, el proyecto de construcción del estacionamiento subterráneo en la plaza de Mexicaltzingo debe talar árboles cuyo crecimiento tardó varias décadas, al margen de los potenciales daños a lo que fue un cementerio histórico y al edificio patrimonial del templo de San Juan Bautista debe considerarse la devastación de las áreas verdes de la plaza. El estacionamiento del Estadio Jalisco, cuya concesión tiene la UdeG ha sufrido deliberadamente la tala de grandes árboles para despejar un espacio rentable a ciertos espectáculos circenses ¡No al estacionamiento!