El gobierno que nunca merecemos

Ya lo dijimos, Alejandro G. Iñárritu externó en la reciente entrega de los premios Oscar que ruega por un buen gobierno que nos merecemos los mexicanos. Cierto, muy bien dicho, pues ese anhelo lo compartimos millones de mexicanos. Abundemos: González Iñárritu en entrevista con Carmen Aristegui dijo, entre otras cosas, al día siguiente de su Óscar: “La impunidad es la sangre vital de la corrupción, porque si hubiera justicia los primeros que irían a la cárcel son los que cometen esos delitos y son los de arriba”. Añadió: “Creo que el nivel de insatisfacción, de injusticia, de impunidad  ha llegado a niveles inaceptables; el nivel de impunidad y corrupción que reina ahora (es) como un sistema generalizado”. Más aún, “Creo que debe haber cambios generalizados” en el país, aunque “No creo que nadie los vaya a poder hacer más que nosotros”. Muy cierto. Muchos mexicanos compartimos esa premisa. Iñárritu remató: “Detrás de un gran político corrupto hay siempre un gran empresario” ¡Claro!, ya lo decía magistralmente el gran Balzac, retratista literario de la burguesía francesa decimonónica: “Detrás de cada gran fortuna hay un gran crimen”; en efecto, con el capitalismo salvaje en el país, detrás de la enorme concentración de riqueza ha habido y hay crímenes monstruosos como la matanza de estudiantes en Iguala. Para tal impunidad de corrupción y crímenes es necesaria la complicidad del Estado, incluidos sus propios crímenes lesa humanidad.

¡Claro que los mexicanos nos merecemos mil veces un mejor gobierno! Igualmente se lo merecen todos los pueblos del mundo. La tesis machacona de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece es desafortunada, es francamente reaccionaria por ultraconservadora porque con ella se pretende justificar el mal que padece un pueblo al tener un gobierno tiránico, autoritario, fascista, criminal, retrogrado, etcétera. Debemos preguntarnos si pueblo mexicano se merece un gobierno como el actual ¿El pueblo trabajador se merece un régimen político oligárquico neoliberal que únicamente vela por los intereses de una minoría social cada vez más enriquecida a costa de una creciente miseria de la mayoría de la gente ¿Se merece el grueso de los mexicanos, es decir, el pueblo trabajador, un gobierno hundido en una profunda corrupción imperante en todos sus niveles? ¿Debe tener el pueblo un gobierno dentro del cual muchos de sus integrantes están coludidos con el crimen organizado o forman parte orgánica de su estructura mafiosa? Suele afirmarse que un pueblo que no participa directa o indirectamente en la vida política nacional –un pueblo desmovilizado, conformista, apático e indiferente– da la razón a esta tesis. Tal sofisma es insostenible y siempre tiene un tufillo de cinismo político que pretende justificar la opresión, la represión del poder y del dinero. En una sociedad dividida en clases, donde existen dominantes y dominados, tal idea es profundamente retardataria. Un pueblo democrático, consciente, por lo general nunca elige una dictadura abiertamente descarnada por su violencia social. El fascismo alemán, el partido Nazi [1919-1945], el nacionalsocialismo encabezado por Hitler, llegó al poder formal por votación en 1932, pero era una organización extraordinariamente demagógica con su retórica antiburguesa y anticapitalista y que bajo la piel de un corderito se ocultaba un lobo feroz depredador: el disfraz político funcionó muy bien para engañar al pueblo, especialmente a una confusa clase media en medio de una profunda crisis económica y, sobre todo, tras la derrota histórica del proletariado revolucionario alemán, incluida la traición del estalinismo. Los fascistas empezaron a imponer violentamente su dictadura antidemocráticamente y totalitaria pero con una apariencia de legalidad formal gracias al incendio, por ellos mismos, del parlamento [Reichstag] en febrero de 1933, acusando a los comunistas de conspiración. Años después la historia fue una verdadera pesadilla mundial con el mayor número de muertos de toda la historia de la humanidad; una guerra interimperialista brutal de una barbarie civilizada.

¿El noble pueblo español –republicano y revolucionario– debía merecer el gobierno fascistoide de Francisco Franco después de la Guerra Civil; el pueblo italiano debía merecer y soportar la bota aplastante de Mussolini? Seguramente tampoco el noble y heroico pueblo soviético se merecía de ninguna manera la corrupta dictadura burocrática del gánster de Stalin ¿Se merecía el pueblo chileno la dictadura militar de Pinochet, al igual que los argentinos una dictadura brutal? Definitivamente no, ningún pueblo del mundo se merece ningún gobierno que no les representa en nada políticamente; que no les representa sus intereses económicos, culturales ni políticos. LaHistoria universal de la infamia es muy extensa, tan larga como la dictadura priista de más de 70 años ¿Se merecía el pueblo al cretino de Vicente Fox a pesar de haber votado por él? No. El noble pueblo mexicano ha votado cuando menos tres veces por tener un gobierno mejor, pero ha habido igual número de fraudes ¿Se merece estos fraudes escandalosos y los gobiernos oligárquicos emanados de tal farsa? ¿Se merece un gobierno rapaz  que no entiende que no entiende? En Acapulco el profesor Claudio Castillo fue asesinado por la Policía Federal y el secretario de Educación de Guerrero, Salvador Martínez Della Roca,  apeló que no debía haber exceso de violencia pero que “la policía detenta el monopolio legítimo de la violencia” ¿Se merece el pueblo guerrerense tal estulticia? ¿Nos merecemos tanta ignominia?