El futbol–negocio, enajenación y conflictualidad social

A mi amigo Luis Ramírez Ponce

Al parecer, los orígenes remotos de este deporte como tantas cosas inventadas se encuentran en la antigua China; después, en el medievo pasa por Italia, Francia y las Islas Británicas. En su forma moderna nace y se desarrolla en la Inglaterra decimonónica. El capital, cual toque del Rey Midas, todo lo convierte en mercancía y el futbol se trastoca en mercado de un gran espectáculo de masas atiborrando estadios cuyos jugadores son considerados como una especie de gladiadores con sus seguidores fanáticos. Pero ante todo, hoy día, es un gran negocio que ha hecho un mercado mundial, FIFA mediante, promovido por la televisión para el showbusiness de trascendencia política, cuasi religiosa con sus ídolos de carne y hueso, semidioses del Olimpo circense.

 El fútbol es un fenómeno social muy contradictorio, lo mismo es un espectáculo apasionante, lúdico, divertimento, que un poderoso elemento enajenante, instrumento de control de masas; un opio del pueblo para su adormecimiento político; y, por supuesto, un negocio muy rentable. Lo mismo es un placer disfrutarlo en tanto juego deportivo mismo que un principio enajenante de masas. El individuo enajenado, extraño de sí, sin conciencia de su ser mismo y de su realidad social pero si cual fanático exaltado, en ocasiones muy violento, en el principio identitario con el nombre de un equipo con un uniforme pletórico de marcas comerciales locales y mundiales. Existe él porque existe su equipo. Un fanático enceguecido quien podría dar la vida por el equipo de sus amores. El gran filósofo mexicano Jorge Portilla (1919–1963) nos ayuda mucho a entender con su libro Fenomenología del relajo (1966) la naturaleza desmadrosa del mexicano que no se toma en serio a sí mismo, ni a nadie ni nada, y que busca la oportunidad solamente para echar relajo. Después del partido lo vemos en fanaticada colectiva alrededor del monumento del Ángel de la Independencia o de la Glorieta de la Minerva. Lo patético, nunca participa en ninguna marcha de protesta política, por la defensa de sus derechos ciudadanos, a pesar de que la política del poder y del dinero lo afecta directa o indirectamente. “Apolítico” por su enajenación.

 El futbol ha sido y es objeto de estudios sociológicos y sicológicos muy serios y críticos, o de extraordinaria narrativa literaria. Desde el libro El fútbol como ideología, de Gerhard Vinnai, a El fútbol. A sol y sombra, de mi admirado Eduardo Galeano. En este excelente libro, leemos en su prólogo: “Este libro rinde homenaje al fútbol, música del cuerpo, fiesta de los ojos, y también denuncia las estructuras de poder de uno de los negocios más lucrativos del mundo. «La tecnocracia del deporte profesional –escribe el autor– ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas… algún descarado que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad»”. Galeano dice que: “La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo (de inicio de siglo), el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable.” Según una nota informativa continúan las protestas masivas en Brasil a pocos días del Mundial: “Huelgas de funcionarios, protestas en las calles, invasiones de terrenos cercanos a estadios, arreglos de última hora en las obras o delincuencia, son solo algunos de los problemas que enfrenta Brasil. El total de las inversiones en infraestructuras para el Mundial asciende a unos 10.008 millones de dólares… Sin embargo, la falta de inversiones en servicios públicos fue uno de los motivos de las protestas multitudinarias que han tenido lugar en todo el país durante los últimos meses.” El neoliberalismo brasileño se preocupa más por todo aquello que gira alrededor del negocio del futbol que por resolverlas grandes necesidades populares. Las prioridades nacionales no cuentan y la conflictualidad social estalla justificadamente. Despilfarro y austeridad al tiempo. Un país derrochando recursos para beneficio de una oligarquía local y mundial mientras la mayoría de la población brasileña está sumida en la pobreza.

 Lo mismo en la Universidad de Guadalajara, guardando las proporciones. Derroche financiero por el poder megalómano caciquil hacia actividades de relumbrón. La “alfombra roja” por encima de lo académico. Las prioridades del grupo de poder no son las tareas educativas, las de investigación, las culturales, sino las del showbusiness. El gasto universitario es un despilfarro y ya lo hemos visto con las erogaciones fabulosas a algunos jugadores de los Leones Negros. El nuevo negocito del cacique tendrá prioridad al igual que sus empresas “culturales”. La ideología del poder tratando patéticamente de que el signo de identidad universitario sea el equipo de fútbol; una burocracia que no tiene ningún proyecto cultural–deportivo para sus estudiantes. Los estudiantes y maestros festejan en la Minerva, pero no exigen más aulas, mayor matrícula escolar, democracia, etcétera. El relajo universitario.