¡No a la farsa electoral y al cretinismo partidocrático!

La alta burocracia del actual régimen priista afirma que México no está en llamas, lo que hace suponer que vivimos en una situación idílica, en plena armonía social; aunque por allí exista algún conflicto social, no es para tanto: ¡Vivimos en democracia! Y para seguir fortaleciéndola, nos dicen machaconamente, es necesaria la participación ciudadana en los procesos electorales. Esta visión gubernamental color de rosa no corresponde en nada a la cruda realidad social imperante de una profunda crisis social, económica y política: la hiperviolencia social –con sus decenas de miles de muertos asesinados y desaparecidos forzados– es visible por doquier, los conflictos sociales, laborales y políticos abundan, y la corrupción e impunidad del poder y del dinero es patente. A lo mejor la democracia significa precisamente estas matazones y todo el caos de la degradación social.

Esta terrible situación es producto de un capitalismo salvaje neoliberal cuya barbarie social es consecuencia inevitable del proyecto oligárquico criollo y extranjero que ha despedazado al país; es un fracaso absoluto si lo vemos desde la perspectiva del grueso de la población viviendo en la inseguridad, la incertidumbre, la pobreza y el desempleo. Sin embargo, visto desde la perspectiva del poder y del dinero, continúa siendo un proyecto exitoso por las grandes ganancias obtenidas por la intensa explotación del proletariado urbano y rural y por el saqueo depredador de los recursos naturales. Hay quienes cínicamente sostienen que vivimos en una democracia, la cual debemos consolidar o, sin tanto optimismo, que transitamos a ella. Se nos dice que esta democracia o su transición a tal modelo deben tener un costo económico muy elevado y por tal motivo no importa el costo financiero de los procesos electorales. Así las cosas: ¡vivimos en el mejor de los mundos posibles! ¡Claro! No importa que la nación esté desangrándose por causa de la violencia social; seguramente esto también es parte del enorme costo social de vivir en democracia: ¡la paz de los cementerios! De la “democracia (burguesa) sin adjetivos” por la que pugna Enrique Krauze a la realidad de la Democracia bárbara de José Revueltas. México en vilo.

¿Pueden las elecciones mismas cambiar el sistema? Quizá podrían modificarlo si tuviéramos una democracia auténtica, pero ésta no existe más que en la imaginación delirante de nuestros políticos cleptómanos ¿Se trata de votar por el menor peor, por el menos corrupto? Esto significaría votar, por ejemplo, por el que roba poquito, por un político cínico como Hilario Ramírez Villanueva, el tal Layín. El inicio de la salvación del país no pasa por las elecciones, por la farsa electoral, de su mercado electorero, sino por el principio organizativo del pueblo trabajador para transformar radicalmente (o sea, desde la raíz) al país. No se trata de legitimar el actual estado de cosas sino de repudiar totalmente lo que la oligarquía está haciendo con la nación, llevándola al despeñadero.

Contra la dictadura priista y sus cómplices PRD y PAN. El gobierno priista de Peña Nieto con los partidos cómplices el PRD y el PAN y su cauda de partidos acólitos (Verde, Panal, etc.) representan una dictadura que impone a la población trabajadora y oprimida un régimen de terror, corrupción y represión. Con las próximas elecciones intermedias del 7 de  junio el régimen intenta dotarse de una apariencia de legitimidad democrática que los acontecimientos de la matanza de Tlatlaya y ante todo la masacre y la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa en la noche del 26 de septiembre del año pasado en Iguala han destrozado por completo ante los ojos de una población conmocionada por las atrocidades de estos crímenes de Estado. Esta situación de la dictadura priista la hace más represiva en toda la línea. El ataque a los derechos de la libre expresión y de información ha significado la clausura de cualquier resquicio de verdadera expresión democrática. El sistema político está desfondado con un PRI cada vez más impopular, un PAN dividido e impotente abrumado por el desprestigio de los dos sexenios de Fox y Calderón, un PRD debilitado por las renuncias tanto en su jerarquía dirigente (Cuauhtémoc Cárdenas) como en sus bases clientelares como consecuencia del desastre de sus gobiernos criminales (especialmente en Guerrero) y unos partidos acólitos, como el Verde, profundamente desprestigiados por su corrupción. Con esta situación en su sistema de partidos (Pacto por México) que ni siquiera los miles de millones de pesos invertidos en el aparato electoral del INE han podido impedir, el régimen se confrontará a una población descontenta y harta de su corrupción y sus crímenes. La propuesta que pretende ofrecer Morena, encabezado por López Obrador, no representa una verdadera alternativa para los trabajadores y la población oprimida y explotada por su caudillismo, métodos antidemocráticos y populismo crudo sin ningún contenido proletario. Tampoco son alternativas creíbles las “candidaturas independientes”, las cuales no le hacen el menor daño al régimen electoral corrupto e incluso pueden servir para avalarlo ante algunos sectores.

Los trabajadores, la población oprimida del campo y la ciudad no tenemos partidos, sindicatos u organizaciones que nos representen. Todos los partidos “registrados” en el INE son de los patrones depredadores y explotadores nacionales y extranjeros, de los gobernantes corruptos y sus cómplices de todo tipo, de los aparatos represivos militares y de las diversas corporaciones policiacas. Son los verdugos políticos de la clase trabajadora ¡Boicot electoral (abstencionismo, anulación del voto, etcétera)!