Una evaluación reprobada…

En la cacería de El Chapo “desaparecido” hay miles y miles de policías federales, militares y hasta recompensa, pero en la “búsqueda” de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa ni por asomo hubo o hay tal cantidad. Mientras unos funcionarios estuvieron o siguen estando muy cansados sin mover un dedo, otros están lanzando a miles de sabuesos a una persecución implacable, aparentemente. Mientras el Ejército asesina a niños inocentes en Ostula, Aquila, Michoacán, y secuestra a civiles comandantes de la Fuerza Rural de ese lugar el 19 de julio, también secuestra y mata a jornaleros –cinco hombres y dos mujeres, cuatro de ellos jóvenes menores de edad– en la ciudad de Calera, Zacatecas el 7 de julio. Muerte sin fin… Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca… del PRI y de los Estados Unidos.

En México –un régimen democrático o en transición a ello, según el estado de fiebre de nuestros brillantes intelectuales y académicos universitarios–, quienes se defienden de los sicarios del crimen organizado son atacados feroz y arteramente por el Estado, mientras los delincuentes están libres e impunes. Al tiempo, en muchas partes del país hay decenas de protestas de miles y miles de maestros inconformes contra la mal llamada reforma educativa, cuyo responsable titular nunca ha tenido ninguna experiencia en la práctica de la enseñanza, al igual que algunos ex rectores o rectores de universidades públicas.

Miguel de la Madrid presentó en 1983 el Programa Nacional de Educación. Fue una primera aproximación de un proyecto educativo neoliberal sin ningún logro reconocido. Pasaron 30 años funestos para que de manera autoritaria se aprobara una reforma “educativa” neoliberal a fondo, con pretensiones grandilocuentes haciendo cambios constitucionales y con el supuesto de que la evaluación del maestro conlleva a una superación de la práctica docente bajo la premisa de que un mejor conocimiento de las fortalezas y debilidades del maestro es para apoyarlo en su desarrollo integral. Todo suena muy bien dentro de la retórica del aparato burocrático de la SEP y del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación [INEE]; sin embargo, en el diseño de toda esta política estuvo ausente el maestro mismo. Los maestros nunca se han opuesto a ser evaluados, sino a una evaluación amañada, fraguada al margen de su participación. La SEP y el INEE hablan de calidad educativa, pero nunca la definen más que tautológica, inasible, etérea o metafísicamente: una verdadera especulación tecnoburocrática. La reforma fue aprobada en diciembre de 2012. Los diputados y senadores que aprobaron esta iniciativa de Peña Nieto nunca la discutieron a fondo y tampoco quisieron escuchar seriamente las críticas y propuestas del magisterio. Levantaron la mano cual reflejo pavloviano.

Los representantes del Movimiento Magisterial de Jalisco reunidos el 16 de julio en el Congreso local con algunos diputados de la comisión de Educación, no obtuvieron respuestas favorables a su petición de frenar la evaluación docente. Cuando el diputado priista Trinidad Padilla López y el panista Gildardo Guerrero dijeron que ellos apoyaban decididamente la reforma educativa para seleccionar a “los mejores maestros” los docentes se molestaron justificadamente ante tal prejuicio denigratorio. Como ex diputado federal Trinidad Padilla aprobó la reforma, y en esta ocasión, prepotente, les  respondió enfático: “Yo defiendo la reforma educativa, no tengo que dar los elementos por los que la defiendo, esto no es una mesa de debate. Esa es mi postura ante los puntos que presentan” ¿Por qué la defiende? No lo sabemos. Incongruencia. Alguien que se jacta de ser profesor universitario, ex rector de la UdeG, desde luego tendría que haber dado respuesta sustentada con elementos claros a un reclamo legítimo. Pero estos diputados no son representantes populares sino representantes de intereses empresariales. La oligarquía utiliza a estos diputados y senadores para imponer sus intereses que nada tienen que ver con el pueblo mexicano ni con ninguna propuesta de verdadera reforma educativa para beneficio social sino con una reforma que atropella los derechos laborales magisteriales, de lo cual es experto el diputado Padilla López, pues siendo rector impuso autoritariamente en 2003 el régimen neoliberal pensionario y jubilatorio a los trabajadores universitarios.

Para ser rector de la UdeG, como lo fue Trinidad Padilla López, no se requiere de ninguna o de casi ninguna formación académica, sino ser designado por el benemérito dedazo caciquil. Siendo rector no hizo ninguna reforma académica, tan necesaria desde hace décadas ¿Por qué y con qué fundamentos pedagógicos aprobó siendo diputado una reforma lesiva a los trabajadores de la educación? La profunda crisis educativa nacional también es resultado del neoliberalismo salvaje y del sequito parlamentario. Es necesario un pensamiento crítico y ético para reflexionar sobre las consecuencias catastróficas de una evaluación punitiva, representativa de un enfrentamiento de clase, como lo afirma Hugo Aboites, quien es un verdadero académico y rector democrático de la UACM: Es una evaluación que no se plantea “evaluar al sistema educativo”, no para mejorar a los maestros, sino contra ellos. “La iniciativa nunca fue del gobierno; fue concebida –dice Aboites– por una coalición de grandes empresarios nacionales (Mexicanos Primero) al amparo de un acuerdo gobierno-OCDE tomado en 2008. La reforma descalifica a los maestros… culpabiliza del desastre en la educación, y somete obligatoriamente a absolutamente todos a un proceso que puede llevar al despido o, igual de radical, a removerlos del trabajo docente.”

El Colectivo de Reflexión Universitaria [CRU] de la UdeG manifiesta su plena solidaridad con la lucha magisterial democrática.

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