Tan distante del pueblo…

La frase: “Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” –atribuida a Porfirio Díaz o a Nemesio García Naranjo, intelectual regiomontano– guarda vigencia fatal de nuestro país sometido al poder imperialista para desgracia nacional. Claro, debemos matizar porque no todos nuestros males sociales son achacables a esta omnipotencia ominosa, también debemos incluir el papel funesto de la oligarquía capitalista criolla y sus representantes políticos nadando en un mar de corrupción al amparo de la impunidad del poder del Estado, simulando un régimen democrático. Una oligarquía local que desde hace décadas está asociada y subordinada económica y políticamente a la burguesía imperialista vecina.

Lo anterior viene a colación porque durante la conmemoración de la Marcha de la Lealtad  –cuando cadetes del Heroico Colegio Militar escoltaron el 9 de febrero de 1913 al presidente Francisco I. Madero durante el inicio de la Decena trágica–, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional [Sedena], general Salvador Cienfuegos Zepeda, tras refrendar la subordinación de los militares a las autoridades e instituciones civiles, dijo, refiriéndose a las fuerzas armadas: “hay quienes quisieran distanciarnos del pueblo”. Pues sí, el Ejército tan lejos del pueblo y tan cerca de la oligarquía. El general Cienfuegos no mencionó quienes quieren distanciar al ejército del pueblo; es una grave acusación lanzada al viento. Una frase moviéndose dentro de las fuertes turbulencias políticas existentes en México.

Esta frase tiene su origen en la matanza y las desapariciones forzadas de estudiantes de Ayotzinapa acontecida en Iguala, Guerrero, pues los padres y madres de las víctimas exigen de manera legítima que la PGR abra una línea de investigación sobre el papel del ejército en tales hechos terroríficos. La sentencia condenatoria de vastos sectores populares guerrerenses y del país de que “Fue el Estado” que perpetró tal crimen tiene bases para sostenerse firmemente. Iguala define una línea divisoria en el antes y después de la historia reciente de México. Este país ya no es ni será lo mismo, para bien o para mal. La “verdad histórica” de Murillo Karam nunca podrá enterrar este abominable hecho que se suma a decenas de acontecimientos terribles por su extrema violencia y terrorismos. El ejército ha cometido crímenes de lesa humanidad bajo la Razón de Estado y el ejemplo más nefasto es la matanza ocurrida el 2 de octubre de 1968. El caso reciente de la matanza de Tlatlaya también viene a ser un ejemplo siniestro de las tropas militares cometiendo ejecuciones extrajudiciales. En el número 1995 [25 de enero] de Proceso se afirma que en el expediente de Tlatlaya de la PGR “abundan declaraciones contradictorias de las tropas de la Sedena… para proteger a los altos mandos castrenses y la falta de transparencia sobre la participación de integrantes de la Secretaria de la Marina (Semar) en los hechos”.

Es un verdadero insulto a la inteligencia, un asalto a la razón, que Murillo Karam haya dicho: “¿Qué hubiera pasado si el Ejército hubiese intervenido en Iguala? ¡Hubiera apoyado a la autoridad, qué bueno que no salió!” O sea, si las tropas del 27 Batallón de Infantería intervienen esa noche fatal habrían apoyado al gobierno municipal perredista criminal y narco de José Luis Abarca, ¿es esta la lógica del cinismo empleado por el procurador en su “verdad histórica”? En su edición 1989, Proceso señala que “una investigación periodística, basada en documentos oficiales, videos y testimonios, cuenta otra historia [diferente a la de la PGR]: El ataque [de la noche del 26 de septiembre] fue orquestado y ejecutado por la Policía Federal, con la complicidad o franca colaboración del Ejército”. Según las versiones de padres de las víctimas, los soldados no salieron a la calle para buscar a los criminales sino por el contrario, para cercar la zona y agredir a los normalistas de Ayotzinapa que intentaban escapar o pedir auxilio. Entonces, para conocer la verdad es imperativo abrir una línea de investigación para esclarecer si hubo o no “complicidad o franca colaboración del Ejército”. Seguramente Murillo Karam nunca abrirá ninguna investigación al respecto porque su “verdad histórica” está comprobada. Dejemos de lado el reciente escándalo generado por la PGR contra los integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) sobre el caso Ayotzinapa, quienes cuestionan seriamente, al igual que algunos científicos mexicanos, el dogma gubernamental. En el marco de descalificaciones cínicas –incluidas las de los voceros periodísticos de Murillo Karam, más papistas que el papa– a las críticas de los deudos cuestionando la versión oficial, debemos añadir una declaración tendenciosa del secretario de Marina, el Almirante Vidal Soberón Sanz, al afirmar en diciembre pasado: “me enoja que manipulen a los padres” [de los jóvenes de Ayotzinapa]. Por supuesto, tal declaración fue un insulto a los propios padres de los normalistas haciéndolos parecer manipulados como en los típicos acarreos priistas.

El Ejército tan alejado del pueblo mexicano tanto como sus acciones del marco constitucional. Usurpando funciones que constitucionalmente corresponden de manera exclusiva al Ministerio Público y a la Policía Judicial. Bajo el supuesto falaz de resguardar la seguridad interna del país ha pisoteado impunemente los derechos humanos sin que exista autoridad capaz de sancionar y evitar estas acciones. El régimen político está absolutamente corrompido, sin ninguna credibilidad ni legitimidad, incluido el Ejército por obedecer ciegamente a los poderes civiles y por algunos de sus altos mandos… pobre México tan lejos de la justicia y la democracia.