¿Y los derechos laborales en la UdeG?

El jueves 26 de junio escribí en estas páginas que los trabajadores de la Universidad de Guadalajara reciben un trato leonino (negro); el maltrato laboral del poder caciquil a la mayoría de los trabajadores, quienes en su mayoría, a su vez, un 80 por ciento del total, son maestros de asignatura. La carencia de protección laboral del personal académico se origina por la ausencia de un verdadero sindicato que defienda firmemente los derechos laborales y académicos al prevalecer un sindicato patronal.

Tal cuestión es fehaciente. Prueba de ello es el paro laboral realizado por profesores de asignatura el martes pasado en el Campus Artes Plásticas, calle de Belén 120, por la falta de pago de la primera quincena de agosto. Aunque el paro fue de una hora el hecho es muy significativo por las implicaciones de fondo que tiene y puede tener. La suspensión de clases afectó a cerca de 200 alumnos de la división de artes del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD). Este centro tiene un total de 728 profesores, de los cuales 297 resultaron afectados; es decir, 41 por ciento se encuentra en una situación de precariedad laboral y salarial. La cantidad total de estudiantes del CUAAD es de casi 6 mil ochocientos y podría pensarse que solamente afectó a 3 por ciento del alumnado, pero en este caso lo importante es el porcentaje de profesores de asignatura perjudicados, cuya situación en general tiende a empeorarse. Tan sólo vemos la punta del iceberg. La protesta podría extenderse a otros centros universitarios de la Universidad de Guadalajara, advirtió el investigador y miembro del Colectivo Reflexión Universitaria [CRU], el doctor economista Enrique Cuevas: “Desde antes de salir de vacaciones se adelanta la primera quincena de agosto y a los maestros de asignatura, ahora en esta ocasión no se les realizó el pago… Los profesores de asignatura reciben en promedio 60 pesos por hora-clase. No se les ha pagado la primera quincena de agosto y temen suceda lo mismo con la segunda.” Además, los estudiantes denunciaron problemas para registrar clases.

Los afectados son los maestros que están contratados por semestre, con materias de asignatura (por horas). La explicación que recibieron de la administración es que no habrá registro de materias cuando el alumnado sea menor de 17 personas. Sin embargo, para muchas de las materias que se cursan en el CUAAD es imposible cubrir esa cuota: el propio CUAAD cuenta con tres carreras cuyo número de alumnos que ingresaron al primer semestre en este calendario B es menos de diez alumnos. Un profesor calificó como una displicencia administrativa esta decisión. Pero, más allá de una displicencia, según Sonia Briseño Montes de Oca, Coordinadora General de Recursos Humanos de la UdeG, esta medida está justificada porque los Contratos Colectivos de Trabajo tienen su especificidad legal. Como sea, más allá de cuestiones leguleyas, son varias las arbitrariedades burocráticas ¿Cómo se justifica académicamente el criterio de 17 alumnos mínimo? El manejo del presupuesto universitario no debería estar en función de criterios administrativistas o de la búsqueda de lucro de las empresas “parauniversitarias”, sino de prioridades estrictamente académicas. Como bien señala un profesor: “¿Cuáles son los objetivos que pretende la alta burocracia al suspender el pago y las clases a los profesores de asignatura? ¿Quitarles su antigüedad, quitarles todos sus derechos laborales y precarizar aún más sus condiciones de trabajo al volverlos profesores por honorarios?” 

El lunes pasado Ignacio Mancilla –profesor de asignatura del Departamentos de Historia y Filosofía del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y miembro del CRU– a través de una carta abierta al rector general, Tonatiuh Bravo Padilla, le hizo 10 preguntas muy pertinentes. Citaré algunas: “¿Por qué tanta impertinencia en los cambios administrativos recientes, hechos a hurtadillas poco antes del periodo vacacional? ¿Se trata de perjudicar, con medidas tan ineptas, a las y los maestros más desprotegidos, los profesores de asignatura? ¿Es, como se rumora, por el hoyo financiero abierto por el carácter insostenible del equipo de los Leones Negros, que nada tiene que ver con las tareas sustantivas de nuestra universidad? ¿Qué pasará con los 120 millones de préstamo de nuestro fondo de ahorro? ¿Se harán perdidizos, como se hizo en el pasado con otros fondos? ¿Acaso tiene idea de lo que cuesta un buen libro de filosofía o de antropología, áreas en las que doy clases? ¿Es esta, precarizando todavía más la de por sí precaria vida de las y los profesores de asignatura, la mejor manera de garantizar una enseñanza de calidad como lo sostuvo en su discurso de asunción de la rectoría general? ¿Será capaz de responderme, y respondernos a todas y todos los maestros de asignatura, públicamente, que bien merecemos una explicación de su máxima autoridad? ¿Es usted esa autoridad, o… a quién me dirijo? Le recuerdo que desde el 20 de junio pasado le solicitamos una aclaración, como miembros del Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU), sobre si el famoso préstamo de los 120 millones de pesos ponía o no en peligro la viabilidad financiera de nuestra alma máter. Seguimos esperando su respuesta.”

¿Seguirá el rector general haciendo mutis e indiferente a los graves problemas universitarios? ¿Seguirá únicamente escuchando al mandamás caciquil? ¿Dónde está el proyecto académico? ¿Dónde está la democracia institucional? La respuesta la tiene la comunidad universitaria.