De aboliciones y claudicaciones…

El gobierno de Peña Nieto nunca jamás hubiera querido entrar a ningún diálogo con la CNTE sobre la Reforma "Educativa". No estaba en los planes entablar ninguna mesa de negociación, pero la fuerza de las circunstancias políticas obligó a Peña Nieto a tales reuniones, cuyos acuerdos con la CNTE, todo parece indicar, no serán de fondo sino superficiales. Lo que significa que el conflicto continuará inevitablemente mientras el gobierno no quiera reconocer que la Reforma la hizo con las patas y perversión.

Peña Nieto lo dijo claramente: la Reforma Educativa no está a discusión alguna. Aseveró que su gobierno tiene la obligación de aplicar la legislación vigente por lo que no está dispuesto a negociar con la ley; "no sólo la legislación educativa, ninguna otra está sujeta a negociación". Días después aceptó que habría que dialogar y "negociar" la legislación educativa. Al margen del "perdón" y las lágrimas cocodrilo por la casa blanca; el hecho es que la corrupción sigue caminando tan campante con toda la impunidad del mundo. Dijo que lastimó la investidura presidencial, cuando en realidad lastimó a la sociedad entera, aunque no habrá ninguna sanción ni delito que perseguir. Qué pida perdón por los 43 estudiantes desparecidos de Ayotzinapa y por los 11 acribillados en Nochixtlán, Oaxaca, no lo hará nunca. Que la Reforma Educativa se hizo con las patas lo reconoce hasta ahora la tal Sylvia Schmelkes, presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Ella admite el rechazo magisterial a la reforma, porque: "como se está leyendo ahora, e incluso cómo se está aplicando en algunos casos, puede no ser la reforma que necesite el magisterio, y eso es lo que nos están diciendo los maestros, así no". Está de acuerdo en revisarla pero no en abrogarla. Lo mismo dice Nuño Mayer: la reforma se puede revisar, pero no derogar". Entonces, hablar de una derogación sería reconocer claramente que la reforma no sirve para nada tal y como esta operando "educativamente"; aunque laboralmente si funciona como ley punitiva. En pocas palabras, de nuevo, el gobierno peñista no entiende que no entiende. Tan no entiende nada que además hace una farsa con la comparsa de los charros del SNTE.

Durante las negociaciones entre la Secretaría de Gobernación (SG) y la CNTE, los representantes magisteriales ratificaron que el eje de la discusión se mantiene en la abrogación de la reforma educativa, en la liberación de los presos políticos y los casos de los docentes cesados. Como están las cosas, políticamente lo pertinente es el borrón y cuenta nueva. La revisión profunda de la Reforma empieza por su plena derogación para tratar de diseñar una verdadera reforma educativa. Esto no lo entiende ni lo entenderá tampoco Andrés Manuel López Obrador, quien solamente está pensando en el próximo proceso electoral del 2018. El presidente de Morena afirmó que derogar la reforma educativa, como lo propone la CNTE, representaría la claudicación del gobierno. Aseguró que el Congreso debe revisar la reforma en un periodo extraordinario y tomar en cuenta la propuesta de los docentes, intelectuales y expertos en temas de educación para, de esta manera, corregirla antes del próximo 1 de septiembre. "No se puede derogar. Sería la claudicación del gobierno, no se trata de jugar a las vencidas, el gobierno tiene que aceptar que se equivocó al no consultar a maestros y padres de familia cuando se aprobó esta ley o el paquete de leyes que se conoce como reforma educativa, y la responsabilidad mayor recae en el Poder Legislativo, porque ahí fue donde se aprobó". Es decir, la responsabilidad recae en los legisladores, tratando de salvar a Peña Nieto. "La claudicación del gobierno, no nos conviene a nadie –dice AMLO– nosotros no queremos construir el nuevo México a partir de escombros, tiene que haber autoridad, y tenemos que llegar a 2018 con estabilidad, con paz social para que la entrega de la estafeta se dé en un ambiente de normalidad política". AMLO tiene mucha razón en que se debe consultar a maestros, padres de familia, intelectuales y expertos, de eso no hay duda; pero no se trata de ponerle parches y remiendos a la tal Reforma; debe derogarse necesariamente, y solamente quienes están dentro del poder ilegítimo les conviene no claudicar. "La claudicación del gobierno no nos conviene a nadie"; empezando por la mafia en el poder. "No hay que estar jugando con fuego, no es conveniente eso". Tampoco de jugar a las venciditas. La propuesta de un "gobierno de transición" que hace AMLO sería una tabla de salvación al gobierno actual, pero Peña Nieto nunca se aferrará a ella. A principio de 2014, frente a cientos de simpatizantes en la primera asamblea nacional de Morena de ese año, AMLO prometió abolir las reformas estructurales, entre ellas la educativa. Ahora no conviene abolirla, según él, con su pragmatismo conciliador. Se abolirá cuando yo sea presidente, hasta entonces, prometió. La marcha realizada el domingo 26 pasado encabezada por AMLO y su partido Morena en la ciudad de México fue un visible acto electorero. Él se ha dirigido implícitamente a los amos de México –a la oligarquía criolla y extranjera–, diciéndoles que durante diez años él ha contenido eficazmente un movimiento opositor, más difícil de controlar; pero nunca será un peligro para ellos. Su movimiento no es antisistémico, solamente un poquito, pero un poquito antineoliberal: el gatopardismo morenista, claudicante.