¡No les creemos!

Que nadie hable de consuelo.

Hablemos de tumbas, de gusanos y de epitafios.

Hagamos del polvo nuestro papel, y con la lluvia de nuestros ojos escribamos dolor sobre el seno de la tierra… nada sino la muerte podemos llamar nuestra…

William Shakespeare. El rey Ricardo

 

¡No les creemos! Exclaman los padres y madres de los jóvenes estudiantes asesinados y desaparecidos de Ayotzinapa ante las declaraciones de la Procuraduría General de la República [PGR]. Ayotzinapa, una palabra que oprime incesantemente el “cerebro” de los altos funcionarios del gobierno federal; una palabra que martillea taladrando los oídos de la podrida burocracia del régimen político y de los corruptísimos lidercillos de los partidos políticos, sordos a los legítimos reclamos exigiendo justicia y la verdad de los hechos.

¿Por qué habríamos de creerle a Jesús Murillo Karam su “verdad histórica”? ¿Solamente porque lo dice él por una declaración inverosímil de un vulgar sicario del crimen organizado? Tales aseveraciones del procurador parecen sacadas de una pésima novela policiaca donde el autor obnubilado por el cansancio fabrica un desenlace absurdo. Un desenlace que no coincide con las huellas dejadas por los perpetradores intelectuales y materiales del crimen. Una novela canallesca, pergeñada ocultando a los verdaderos asesinos. No hay ninguna prueba contundente, científica, de la existencia de los restos supuestamente calcinados en el basurero de Cocula y de las cenizas arrojadas al río San Juan. La versión del procurador, extremadamente agotado, es de que: “los restos humanos fueron triturados para su fácil desaparición y difícil identificación”. “El fuego alcanzó temperaturas de hasta mil 600 grados centígrados, por lo que los restos quedaron totalmente carbonizados” ¿Es fácil triturar huesos ya carbonizados? ¿Cómo fueron triturados los huesos? ¿Conoce el procurador la técnica utilizada para tal trituración? ¿Cuántas personas hicieron este arduo trabajo macabro y durante cuánto tiempo? El cuerpo humano tiene aproximadamente 206 huesos, cantidad que multiplicada por los 42 estudiantes masacrados son 8 mil 652 huesos ¿Sabrá nuestro científico procurador lo que significa triturar tal cantidad ósea? ¿Por qué Murillo Karam no ha abierto ni abrirá ninguna línea de investigación sobre el papel del ejército en esta matanza, según su “verdad histórica”? Ahora resulta que en la mente febril, por el cansancio, del procurador “no existe ninguna evidencia de la participación de elementos del ejército en los hechos de Ayotzinapa, ocurridos el 26 de septiembre pasado.” Pero según testimonios fidedignos de estudiantes sobrevivientes el ejército sí participó en tales hechos criminales. Un crimen de Estado no se puede ocultar tan fácilmente. Todo mundo conoce, incluidos todos los priistas, menos Murillo Karam, el papel represor y criminal del ejército contra la guerrilla rural y los activistas revolucionarios en el estado de Guerrero entre los años 69 y 79; de ello da cuenta perfectamente el informe final de la Comisión de la Verdad del estado de Guerrero. Hubo una política de Estado, sistemática y generalizada, para exterminar sectores de la población a los que consideraban peligrosos y que debían ser aniquilados, violentando todos los marcos legales, poniendo en acción lo que después se le conocería como “guerra sucia”. “Hay testimonios de tres o cuatro pilotos que señalan que hicieron vuelos al mar, hay uno que detalla cómo hacían el vuelo, que bajaban, tiraban los cuerpos, que era todo tipo de personas, de todas las clases sociales, que incluso iban personas vivas que tiraron al mar, señala que hubo mujeres a las que les ofrecían tener relaciones sexuales y las liberaban.” Con el “Plan cicatriz Ayotzinapa”, según Lydia Cacho, comienza la segunda parte del gobierno federal para difundir la versión de que los normalistas “Estudiaban para guerrilleros, se ganaron la muerte por revoltosos; quienes han exagerado la dimensión del caso lo hacen persiguiendo intereses ajenos a la vida de los 43 jóvenes… Efectivamente hay grupos de intereses alrededor del caso, sería imposible blindarlo de los oportunistas corruptos, pero las exigencias son válidas y su vida importa.” Se trata, pues, de una infame campaña mediática para criminalizar las legítimas protestas sociales, de presentar como vándalos a todos los opositores democráticos al régimen. También periodistas venales argumentan ad náuseam la “verdad histórica” de Karam, quienes también tratan de minimizar o silenciar la profunda corrupción dentro del gobierno federal. **The Economist, además del **The Wall Street Journal y **The Guardian, señala que “ni Enrique Peña Nieto ni Luis Videgaray dimensionan el problema por conflicto de interés y corrupción que traen encima debido a su relación con los empresarios que han recibido millonarios contratos durante sus Administraciones… El presidente no entiende que él no entiende”. “Ha eludido el problema de seguridad en Guerrero, a los que se han sumado los conflictos de interés”. “México se merece algo mejor”, cierra el texto del semanario.

Peña Nieto nunca entenderá el origen legítimo de la lucha de los estudiantes de Ayotzinapa. Karam tampoco entiende que él no entiende nada de investigación científica forense. “No podemos quedarnos atrapados en el caso Ayotzinapa”, además de que “las cosas buenas se olvidan fácilmente”, afirma Peña Nieto, atrapado sin salida cuando no existe ninguna cosa buena en su Administración. No se puede olvidar lo que nunca ha existido. Este 26 de enero, durante la Octava Jornada de Acción Global por Ayotzinapa, nuevamente escuchamos: “Fue el Estado”; “Fuera Peña Nieto”, ‘‘Prohibido olvidar’’