El cinismo de la sumisión

A los estudiantes de Ayotzinapa

A los estudiantes por la democracia en la Universidad de Guadalajara

 

No existe la circularidad de los tiempos ni el eterno retorno. Es muy cierto que en algunas ocasiones la historia se repite dos veces, pero una vez como tragedia y la segunda como farsa –decía Marx, corrigiendo a Hegel. Cierto también que la tragedia, como tragedia misma, se puede repetir, aumentada y corregida, pero esto no tiene que ver con ningún tiempo circular. La dialéctica histórica es demasiado compleja y contradictoria para un tiempo lineal y mecanicista. Otra cosa son la fatalidad y el pesimismo de los tiempos de profunda crisis a los que se debe enfrentar abiertamente con la voluntad del optimismo y el principio esperanza necesarios para un mundo mejor y posible. Es precisamente esto último lo que impulsa a los estudiantes conscientes de la terrible condición humana actual a su lucha democrática de resistencia contra el poder y el dinero en todo el mundo. Su lucha es contra la degradación social y la barbarie del neoliberalismo rampante. Son ellos, junto con los maestros democráticos, quienes perciben muy bien a la educación pública como práctica de la libertad y también como instrumento político importante de transformación social.

Rachel Brooks, profesora de sociología y directora del Departamento de Sociología de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido, ha escrito reciente el artículo: “Política y protesta: Los estudiantes se levantan en todo el mundo”, donde afirma que: «Tal como han documentado reportajes informativos de todo el mundo, desde principios del Siglo XXI hemos asistido a un aumento significativo del número de protestas estudiantiles a lo largo del planeta. Entre las de perfil más alto se cuentan las protestas en Alemania (2008-13), California (2009), el Reino Unido (2010), Chile (2010-13) y Canadá (2010-13). Tal actividad plantea cuestiones importantes sobre las suposiciones que se han hecho por parte de algunos comentaristas sociales y políticos acerca de la apatía política de los jóvenes y la despolitización de las universidades. Sin embargo, hay muchas pruebas de que, a pesar de su relativa falta de participación en la política electoral en muchos países, los estudiantes y otros jóvenes se han mantenido políticamente activos, y el incremento del activismo estudiantil en la última década puede estar relacionado con la frustración de los jóvenes frente a la política formal. Ciertamente, numerosos estudios han demostrado que los jóvenes tienen interés en la política formal, pero creen que los partidos políticos convencionales raramente sirven a sus intereses y que a menudo los sistemas electorales son anticuados ¿Cuán similares son estos movimientos? En muchos aspectos, las protestas estudiantiles del Siglo XXI tienen mucho en común. Varios de ellos han compartido su oposición a un ulterior despliegue de reformas de mercado en la enseñanza superior  –particularmente en relación con la introducción (o el aumento) de los precios de matrícula y la consideración de la enseñanza superior como un bien privado en vez de un bien público. Allí donde los estudiantes se han involucrado de forma intensa en movimientos más amplios, frecuentemente éstos también han surgido como respuesta a la intensificación de la reforma neoliberal».

En las últimas décadas hemos visto renacer en México los movimientos estudiantiles democráticos por una verdadera justicia social y por la defensa de la educación pública como en la UNAM, el “Yosoy132”, el de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México [UACM], el de Ayotzinapa y el del Instituto Politécnico Nacional [IPN], entre otros. Pero también existen organizaciones estudiantiles universitarias espurias corporativas al poder gubernamental, actuando como verdaderas agrupaciones porriles o subordinadas a grupos de poder local y caciquil, como es el caso de la Federación de Estudiantes Universitarios [FEU] de la Universidad de Guadalajara. En una nota del martes en MILENIO, Alberto Galarza Villaseñor, presidente de la FEU, afirma –con motivo del Día del Estudiante– que “la UdeG no es totalmente autónoma. El sistema educativo superior registra deficiencias. Está segmentada… por poderes políticos y fácticos que imposibilitan una real democracia y autonomía…. la casa de estudios no es autónoma en su totalidad al ser medida por indicadores tanto estatales como federales de forma y no de fondo, para asignarle recursos. Nos lleva a una universidad neoliberalista que no está pensando si el ciudadano se está formando de una manera completa o sí simplemente se están cubriendo algunos indicadores, señaló luego de argumentar que esa deficiencia se observa desde que los estudiantes son limitados a tomar apuntes y recitarlos de manera literal en las evaluaciones… Eso sí, comentó que han habido cambios positivos, como mayor participación del estudiantado y mayor acceso a programas académicos”. Bien lo señala críticamente un profesor: son “los pininos discursivos para mostrar que cumple con el perfil para después ocupar otro cargo en otra instancia universitaria. Discurso igual que los que recitan rectores, funcionarios y líderes sindicales universitarios ¡Qué nivel de simulación y cantinfleo!” ¿Cambios positivos? Cinismo de la sumisión; Galarza Villaseñor no dice que la ausencia autonómica de la UdeG es precisamente porque la camarilla que detenta ilegítimamente el poder universitario está completamente subordinada al Estado compartiendo sus retrogradas políticas neoliberales y tampoco explica el porqué de la inexistente democracia “registra deficiencias” como el caciquismo, la corrupción, la impunidad, la simulación, etcétera, que la hunden en un profunda crisis académica.

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