¿Las campanas al vuelo?

Si votar sirviera para cambiar algo, ya

estaría prohibido

Frase anónima

El reciente proceso electoral estuvo inmerso en una violencia emanada antes y durante la jornada por las propias instituciones gubernamentales, representativas de un régimen político oligárquico, autoritario e ilegítimo. Unos comicios donde el INE es absolutamente cuestionado por su ineptitud y parcialidad y con un presidente racista y frívolo. Según Peña Nieto, echando las campanas al vuelo, “se revitaliza la democracia y se empuja la modernización partidista”, pero lo cierto es que existe una profunda crisis de representación del Estado y de la partidocracia. El mercado electoral del poder y del dinero pretende legitimarse en un mar de fondo tormentoso por el autoritarismo, la simulación, corrupción e impunidad. Si el voto fuera realmente útil para remediar los males sociales quizá ya habría resuelto los graves problemas de un mundo caótico y perverso. Pero la democracia del dinero no tiene ninguna intención de hacerse harakiri, ni la tendrá. La democracia bárbara de la que nos habló hace años José Revueltas todavía puede ser más brutal de lo que ya es. La democracia [burguesa, “sin adjetivos”] que nos propone Enrique Krauze sigue tan campante en un camino al infierno empedrado de buenas intenciones.

Quienes fueron a las urnas a emitir libremente su voto o anularlo tuvieron todo el derecho legítimo de hacerlo; de la misma manera que quienes nos abstuvimos ¿Cuál es el porcentaje preciso de abstencionismo y de votos anulados rechazando la farsa electoral? Seguramente mayor a los votos efectivos. Una pregunta: ¿Se revertirá la terrible crisis generalizada con estas votaciones? Me respondo: Tengo serias dudas, pues no habrá cambios significativos económicos, políticos y sociales [culturales, educativos, etcétera]. Ya lo veremos en tres años, cuando el proceso electoral será más disputado por el sillón presidencial de una República convertida en harapos, desgarrada social y políticamente por los gobernantes y su clase dominante. Por supuesto, nuevamente vendrán las ilusiones, muy legítimas, por un cambio anhelado por la mayoría de la población mediante las votaciones; pero la oligarquía criolla y extranjera, no permitirá soltar las riendas del control político, cuando mucho para hacer algún retoque del maquillaje de la máscara democrática.  

Es cierto que con los resultados de estas votaciones se da una relativa recomposición de las fuerzas partidistas. La geometría política se modifica algo y se avizora la posibilidad de un cambio gubernamental al 2018, pero este cambio, por muy “progresista” que se vislumbre no tiene las pretensiones de modificar a fondo el actual modelo neoliberal. Estamos percibiendo una mutación de naturaleza gatopardiana: cambiar algunas cosas para que todo permanezca igual. Dicho en otras palabras, ningún partido actual cuenta con un programa antineoliberal, ya no digamos antisistémico o anticapitalista, pues todos los partidos, grandes, medianos y “morralla”, son agrupaciones representativas en mayor o menor medida del poder y del dinero. Con sus respectivos matices, los partidos son representativos de los intereses empresariales, al margen de la composición social que sustenta su fuerza política. Por otro lado, la verdadera tragedia política en nuestro país es la ausencia dramática de un partido representativo de los intereses del pueblo trabajador del campo y la ciudad; de la mayoría poblacional. La profunda crisis organizacional de la izquierda socialista es innegable, aunque también es innegable la existencia de luchas de resistencia proletaria, indígena, campesina y popular en contra de la actual política oligárquica con sus acciones represivas y sangrientas.

Es por eso que estas luchas son difamadas por el régimen dominante y sus merolicos oficiales u oficiosos cínicos –incluidos sus doctos académicos de Torre de Marfil– quienes pretenden criminalizar acusándolas de vandálicas y de mucho más. Pero ¿Acaso estas agrupaciones contestatarias y luchando por sus derechos legítimos y una vida digna han sido o son la causa principal de la hiperviolencia social en México ¿de dónde proviene la violencia? ¿Proviene del magisterio disidente satanizado ad infinitum por decenas de articulistas de los medios “informativos”? ¿Proviene de los jornaleros de San Quintín, de los indígenas y campesinos de las entidades sureñas más miserables del país? ¿Son las masas plebeyas, las masas desposeídas de tierra, empleo, cultura, educación, recreación, salud, vivienda digna, seguridad social, etcétera, las causantes fundamentales de la situación oprobiosa imperante? ¿Quiénes son los verdaderos vándalos y sus fuerzas paramilitares y militares? ¿Quiénes detentan el poder real económico y político en México que han venido saqueándolo y desgarrando? ¿Quiénes han llevado al  país al despeñadero? ¿Con el proceso electoral se abatirá la violencia de la “narcopolítica”? Los comicios nunca han sido ejemplo de civilidad democrática y pacífica, siempre han estado plagados de fraudes y violencia.  Elecciones blindadas con tanquetas ¿Puede haber elecciones democráticas en un país militarizado y policiaco? En Guerrero impusieron a sangre y fuego los comicios

No me imagino al estudiante Antonio Vivar Díaz, dirigente del Movimiento Popular de Guerrero, armado hasta los dientes tratando de masacrar a elementos de la Policía Federal, la cual lo asesinó arteramente en Tlapa, Guerrero, el domingo durante un operativo brutal. El propio gobernador de Guerrero, Rogelio Ortega, justificó la ejecución extrajudicial de Vivar Díaz. Estas acciones criminales son aplaudidas por “las buenas conciencias” y sus corifeos. Los padres y madres dolientes de los jóvenes de Ayotzinapa durante estos comicios demandaron la aparición de sus hijos, pero hubo quienes se mofaron de ellos y su boicot electoral; como si hubiese un momento especial para hacer tal demanda ¿Por quién doblan las campanas?

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