'Vox populi, vox Dei'

In Memorian de Giordano Bruno

Un balance general inmediato sobre la visita del papa Francisco a tierras mexicanas plantea algunos claroscuros. Dejemos de lado la cuestión no menos importante de la visible pérdida de laicidad del Estado mexicano... y del populismo demagógico patético de Peña Nieto al asistir a misa y comulgar cual admirable ejemplo de ferviente priismo guadalupano. Sin duda, esta misión "pastoral" fue un gran espectáculo absolutamente mediático, con fines eminentemente ideológico-políticos. Todos los medios –prensa, radio, televisión, etcétera– siguieron paso a paso el recorrido del pontífice por los lugares preestablecidos en la agenda –Ciudad de México, Ecatepec, Morelia, Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Ciudad Juárez– informando de sus homilías, declaraciones y actos realizados. En tal sentido, en términos muy generales, el contenido discursivo fue crítico y propositivo ¿Quién podría estar en desacuerdo con Francisco cuando arremete contra los privilegiados del sistema, beneficiarios de la desigualdad social? Los únicos discordantes son precisamente quienes gozan de tales beneficios: las elites empresariales, políticas y clericales... aunque aplaudieron como fariseos. En Chiapas, el papa Francisco les dijo a miles de indígenas: "otros marcados por el poder y el dinero y las leyes del mercado los han despojado de sus tierras...". Solamente le faltó citar: "Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los Cielos". Pero esta frase hoy día podría ser "políticamente incorrecta", por subversiva. Excomulgar a los capos mafiosos aquí, como lo hizo en Calabria, quedó en el olvido. Cierto es que Francisco pidió perdón, como lo hizo en Bolivia, a los indios; igualmente hubiera pedido perdón a las decenas de víctimas de los curas pederastas, pero aquí fue un tema tabú: "La presencia del cardenal Rivera es símbolo de que al Papa no le importamos las víctimas de pederastia sacerdotal. El cardenal es un monstruo para todos nosotros porque ha protegido a los curas mexicanos abusadores, y pasearse con él en el papamóvil y verlos juntos como grandes amigos me produce repulsión y un dolor enorme. Ambos se burlan en nuestras caras. Al Papa se le cayó su máscara de sacerdote bondadoso; no le interesan las víctimas de pederastia clerical", afirmó Juan Carlos Cruz Chellew, víctima de abusos sexuales del clero católico y uno de los más importantes denunciantes latinoamericanos ante la Santa Sede, dice sentirse muy decepcionado del pontífice. "El Papa no ha cumplido sus promesas, tiene un discurso muy bonito, pero no ha cambiado nada, al contrario, ha empeorado. Han creado una estructura vaticana para aplicar protocolos que sigan encubriendo a los abusadores y protegiendo a sus superiores", reafirma Cruz Chellew.

El poder la palabra, o la palabra del poder, tiene sus límites reales cuando no se materializa en la práctica concreta. Por eso, las palabras del papa "parecen" convincentes, pero no congruentes en la acción práctica. La retórica pontificia es muy fina y sutil, tiene un halo complaciente con las mayorías marginadas intentando reconfortándolas de sus dolencias, aunque se percibe un populismo teológico. El Papa nunca quiso compartir ningún momento de su gira, como sí lo hizo con ciertos representantes de las elites oligárquicas en Palacio Nacional, con los padres y madres de los 43 jóvenes desaparecidos: las concertacesiones estuvieron a la orden del día entre el Estado mexicano y el del Vaticano. Cierto es que los 43 desaparecidos no son más importantes que las otras decenas de miles, pero gran parte del pueblo mexicano indignado se siente identificado con este hecho atroz porque lo considera emblemático de este mal nacional. Por supuesto, no hay desaparecidos de primera o de segunda, ni unos valen más que otros, pero este hecho es la gota que derramó el vaso de la corrupción e impunidad del autoritarismo gubernamental. Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, declaró muy molestó y extrañado que se le haya insistido y presionado, según él, con el tema de los 43 de Ayotzinapa. Lo cierto es que los padres de estos jóvenes nunca insistieron en un diálogo exclusivo con el papa sino la prensa que le preguntaba a Lombardi sobre este tema. Epifanio Álvarez Carbajal, vocero del grupo y padre de uno de los normalistas ausentes, lamentó la falta de voluntad del pontífice para recibirlos por lo menos un instante. "Nos sentimos desilusionados, más porque es la religión que tenemos; esperábamos su apoyo para seguir la búsqueda de nuestros hijos". En septiembre pasado, durante el Encuentro Mundial de Familias, celebrado en Filadelfia, Estados Unidos, una comisión de cuatro madres de los jóvenes desaparecidos lo intentó en vano. En Morelia, religiosos, seminaristas y sacerdotes unieron sus voces para clamar justicia por los 43 estudiantes de Ayotzinapa desparecidos desde el pasado mes de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. En el estadio Venustiano Carranza donde Jorge Mario Bergoglio ofició una misa para todos los miembros de la Iglesia Católica, los asistentes realizaron un conteo en voz alta hasta llegar al 43, número de jóvenes que hasta la fecha continúan desaparecidos. Ante la algarabía de miles de personas que con ansias esperaban al papa Francisco desde temprano se escuchó cómo la multitud coreaba al unísono la cuenta hasta el número 43. Al sur de Michoacán, también claman los pueblos indígenas de la Montaña de Guerrero: "Papa, levanta la voz por Ayotzinapa": Voz populi, vox Dei; pero el pontífice tiene oídos sordos al reclamo plebeyo.