¡Viva el EZLN!

Ayer, hace 20 años, las masas indígenas de Chiapas –tzotziles, tzeltales, tojolabales, choles, zoques y mames–, integrantes del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se levantaron en armas para luchar por reivindicaciones absolutamente vigentes como: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz. Tales demandas no sólo eran propias de estas comunidades y pueblos indígenas y mestizos chiapanecos sino de todos los pueblos indios del México profundo y, más aún, del pueblo trabajador del campo y las ciudades. La dignidad del pueblo mexicano se alzó con esta dignidad rebelde neozapatista. “Muera el mal gobierno” fue y sigue siendo una consigna que justifica plenamente el derecho del pueblo a cambiar su gobierno con base al artículo 39 Constitucional: “El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Fue tal el estruendo del “Ya basta” zapatista que retumbó en todo México y en el mundo entero. Los ecos los seguimos escuchando.

En aquel entonces, con relación a este acontecimiento armado, Octavio Paz escribió en Vuelta: “Nadie sabe lo que nos espera: si la concordia y la democracia o una recaída en uno de esos periodos de caos que, desde la independencia, han sucedido en nuestra historia con una cruel constancia. El caos, lo sabemos, provoca fatalmente la instauración de dictaduras y regímenes de fuerza”. Hoy está claro que la nación recayó en un profundo caos del que solamente el propio pueblo trabajador puede salvar a la nación y, por ende, salvarse a sí mismo. Vivimos un tiempode destrucción. El desgarramiento social hoy día es algo terrible generado por una oligarquía rapaz.

La insurrección indígena zapatista cayó como relámpago en cielo sereno. La ominosa clase política dirigente de tecno burócratas neoliberales priistas estaba festinando la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), según el cual prometía la entrada del país al desarrollo del primer mundo, pero ha sido lo contrario; México, desde entonces, ha entrado a un inframundo de barbarie social, violencia y nulo crecimiento económico. El cinismo de estos políticos tecnócratas no tiene límite y eso hace decir hoy a Jaime Serra Puche, entonces secretario de Comercio y Fomento Industrial durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el equivalente actual a secretario de Economía, que es un “poquitín injusto, atribuir los niveles de pobreza al tratado”.

Desde hace dos décadas el país es un verdadero desastre en todos los sentidos. Es por eso que diversas organizaciones –incluidas algunas locales como Trabajadores Democráticos de Occidente (TRADOC), Frente Amplio Jalisciense Contra la Privatización de la Industria Energética, Movimiento de Ex braceros de Jalisco, Centro de Atención al Adulto Mayor y el Migrante, y el Colectivo de Reflexión Universitario (CRU)– han realizado un balance del TLCAN y concluyen, entre otras cuestiones, lo siguiente: “A 20 años, el TLCAN ha fracasado en cada una de sus promesas. Más comercio y más inversiones no se han traducido en más y mejores empleos. La devastación del campo mexicano, el desempleo, la precariedad laboral y los bajos salarios siguen arrojando a millones de compatriotas a la migración. Ya no hay sueño norteamericano sino pesadilla de pobreza y muerte.

“Quienes promovieron, negociaron, aprobaron y ejecutan el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) están condenados al basurero de la historia… Peones dóciles del imperio y del capital. Sólo con la razón de la fuerza, el fraude, el engaño y la sumisión a intereses extranjeros han podido mantener y multiplicar las disposiciones inconstitucionales del TLCAN en más de un millar de leyes y reglamentos. Lo hacen atropellando el interés y la voluntad popular y erosionando la soberanía nacional.

“El TLCAN es la constitución de los grandes capitales privados a quienes se les otorgan plenos derechos, privilegios y garantías para sus inversiones y ganancias pero nulas obligaciones laborales, sociales, ambientales y productivas. Al través de disposiciones administrativas, cambios normativos y reformas constitucionales como las recientes reformas laboral, telecomunicaciones, educativa, financiera, fiscal-hacendaria, energética y otras que se anuncian para privatizar el sector público de salud, han desmontado nuestro marco jurídico para sustituirlo por las reglas corporativas del TLCAN.

“Así, antes y durante los 20 años del tratado, el marco jurídico mexicano se ha vaciado de contenido social y de soberanía para mercantilizarlo y sujetarlo a disposiciones supranacionales.”

En 1994 el gobierno salinista no quiso despertar al México bronco, pero en algún momento, tarde o temprano, las masas serán insurrectas y protagonistas de su propio destino. El 2013, fue un mal año para el pueblo trabajador. El año de la restauración priista que recién ha terminado será recordado –con todo y Pacto por México– como uno de los peores años para el pueblo trabajador. Mucho de lo que Fox y Calderón intentaron realizar orientados por las políticas globalizadoras emanadas del Consenso de Washington y que no lo lograron, en sólo un año, en el 2013, lo ha conseguido el gobierno de Peña Nieto: principalmente la imposición de las contrarreformas educativa, fiscal y ante todo la contrarreforma energética que sanciona legalmente la privatización completa, puesta en marcha desde 1990, de Pemex (y con más precisión de la industria petrolera en general) y de la CFE.

La convocatoria neozapatista por una Asamblea Constituyente democrática sigue siendo válida para fundar una nueva nación digna con independencia, libertad, democracia, paz y justicia.