Tlatelolco y Ayotzinapa no se olvidan

A la masa anónima plebeya del movimiento del 68 y a los 43 de Ayotzinapa

 

Después de la matanza de Tlatelolco un 2 de octubre del 68 que nunca olvidara la memoria colectiva nacional ¿Quién imaginaría 46 años después otro crimen perpetrado por el Estado? Seguramente nadie de quienes vivieron aquel hecho espantoso podía imaginar que nuevamente habría un hecho tan atroz que una vez más conmoviera la conciencia de millones de mexicanos. Cierto es que México no sería el mismo después del fatídico octubre de hace 48 años. Para bien o mal, nuestro país no es el mismo. Hay quienes insisten en su imaginación febril que a partir de aquel terrible acontecimiento de hace casi media centuria se gestó una transición democrática vigente. En apariencia existe, pues desapareció la hegemonía de un partido único y se abrió cauce a otras manifestaciones partidistas, algunas claramente de signo opositor izquierdista–socialista: el pluripartidismo apareció en la vida política nacional con la Reforma Política de 1977; cierto es que décadas antes hubo partidos opositores, pero nunca fueron reconocidos legalmente y aquellos que lo fueron eran verdaderos comparsas del Estado. Por diversas razones, entre ellas el cretinismo parlamentario, el Estado devoró mediante subsidio dinerario a los contados partidos de izquierda–socialista, todos ellos desvanecidos a finales de la década de los 80, dando lugar a un renacimiento del liberalismo de un “nacionalismo revolucionario” burgués encarnado en el PRD. No puede haber ninguna transición democrática cuando todavía existe un marcado autoritarismo gubernamental de cualquier signo político. El pueblo mexicano sigue teniendo una arraigada cultura política priista profundamente corporativa–clientelar y autoritaria. Persiste a medio siglo una corrupción creciendo exponencialmente con base a la total impunidad y el cinismo del poder dominante. La simulación democrática es un signo de nuestros tiempos aciagos de ninguna transición a procesos electorales creíbles y legítimos. Los fraudes han sido mayúsculos a pesar de la creación de institutos vigilantes de ninguna trasparencia. La partidocracia es sinónima de cleptocracia y de la podredumbre del sistema político electoral, representativo del poder oligárquico criollo y foráneo. Una cleptocracia impune es aplastante de los derechos ciudadanos y generadora de una profunda crisis humanitaria. A mediados de los años ochenta se instaura un régimen neoliberal priista absolutamente antagónico a principios democráticos, y la llamada alternancia democrática con el PAN fue un sueño guajiro convertido en auténtica pesadilla para millones de trabajadores mexicanos del campo y las ciudades. La hiperviolencia social crece como la espuma en un mar agitado por profundas contradicciones y conflictos sociales. El capitalismo salvaje es una verdadera organización criminal contra la sociedad entera, uno de cuyos ejemplos fehacientes es el crimen organizado del narco asociado a los poderes fácticos y políticos.

El 2 de octubre del 68 fue un horrendo crimen de Estado. A continuación el “Halconazo” el 10 de junio de 1971 con la matanza del Jueves de Corpus, nuevamente fue un crimen de Estado. De la misma manera que la masacre de Tlatelolco fue perpetrada en las altas esferas del poder estatal, el crimen de la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de la escuela rural de Ayotzinapa y de algunos asesinados en la Noche de Iguala también fue perpetrado por las cúpulas políticas. Una historia nacional de infamia es la lista larga de masacres que involucran directa o indirectamente al Estado y sus fuerzas militares o paramilitares: las masacres de Acteal, Aguas Blancas, El Charco, Atenco, Nochixtlán, etcétera. Ayer asesinaron a dos estudiantes de Ayotzinapa en la carretera de Chilpancingo a Tixtla.

“Hay  quienes apuntan la hipótesis, como los periodistas Francisco Cruz Jiménez, Félix Santana y Miguel Ángel Alvarado en su libro «La Guerra que nos ocultan», en la que la situación del Estado de Guerrero y otras zonas de conflicto no responde sólo a la explicación simplista de las disputas entre el narcotráfico y el gobierno, sino que apunta a un contubernio entre crimen organizado,  compañías mineras y los diferentes estratos del gobierno. Al respecto, el politólogo, historiador y periodista, Claudio Albertani… señala que esa hipótesis también fue planteada  en  el libro «La noche de Iguala y el despertar de México», que publicó en 2015 en colaboración con Manuel Aguilar Mora. En el libro proponemos una hipótesis de que hay algún tipo de involucramiento de las compañías mineras en el crimen, lo que hay es un intento de despoblar la región, todo lo que están haciendo es para  encubrir el caso... En esta región la población consciente y revoltosa, como  lo son los estudiantes de las normales rurales, no conviene al gobierno, ni a las mineras, ni al crimen organizado, entonces hay que eliminarlos, por eso todo lo que hace el estado mexicano está encaminado a encubrir esa situación… Explicó que  de lo que se trata es de un caso de acumulación por despojo, en el cual las empresas condicionan su inversión a cambio de mantener el orden unipolar de las cosas, es decir, se establecen  generalmente en lugares rurales en dónde se concentra una gran riqueza natural, apropiándose de los recursos y ofreciendo trabajos con salarios miserables, hasta que imponen  su propio orden, entonces, los habitantes  de esas zonas sufren paulatinamente un despojo del aire, de la tierra, del agua y de su vida” [ http://revoluciontrespuntocero.com/la-noche-de-iguala-es-como-la-de-tlatelolco-se-sabe-que-fue-organizada-al-mas-alto-nivel-albertani/].

“2 de octubre no se olvida”; ni tampoco se olvidará la Noche de Iguala. Es urgente el despertar del México bronco, revolucionario.