San Quintín: La esclavitud moderna

A la memoria de Emiliano Zapata

El trabajo asalariado –como bien decía Marx– es la esclavitud moderna: es la esclavitud asalariada; incluido el trabajo de los jornaleros o peones agrícolas: el proletariado agrícola o rural. Explotación, opresión y humillación, son condiciones implícitas para quienes realizan estas arduas faenas campesinas.

San Quentin es una prisión en la California estadounidense. Cientos de kilómetros al sur, trasfrontera, en la península bajacaliforniana, por el mismo litoral del Pacífico se encuentra el Valle de San Quintín. El poblado de San Quintín es tan antiguo como la Guadalajara de la Nueva Galicia, pues se fundó en 1542. El Valle de San Quintín es el principal productor agrícola de Baja California, donde laboran decenas de miles de jornaleros, la mayoría originarios de Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán y otras entidades. Las condiciones laborales son de superexplotación de la fuerza de trabajo, incluida la femenina e infantil, muy semejantes a las del Porfiriato, cuyos peones acasillados vivían en una semiesclavitud en las haciendas de una oligarquía enormemente enriquecida por una economía agrominera exportadora. Cualquier parecido con Valle Nacional, Oaxaca, de 1908, no es coincidencia. En Valle Nacional –el valle de la muerte– floreció la esclavitud y fue un reclusorio político de la dictadura porfirista. De tales hechos infames dio cuenta el gran periodista y escritor estadounidense John Kenneth Turner [1879–1948] en su libro México bárbaro. A su vez, el eminente historiador Friedrich Katz [1927–2010], describe los acasillados en su libro La servidumbre agraria en México en la época porfiriana.

Pareciera que el fantasma de César Chávez [1927–1993] ronda por el Valle de San Quintín. Chávez fue un líder campesino estadounidense activista en favor de los derechos civiles para campesinos estadounidenses a mediados de los años sesenta. Chávez no quería nada a los trabajadores jornaleros migrantes mexicanos en tierras sureñas estadounidenses, aunque muchos empresarios agrícolas hubieran querido verlo recluido en la prisión San Quentin. Fidel Sánchez Gabriel, uno de los principales dirigentes del movimiento de jornaleros de San Quintín, declaró a Los Ángeles Times: “No tengo formación escolar. Lo único que tengo es mi educación en la vida, aprendiendo de otros. Aprendí de la experiencia de César Chávez que no debemos aceptar vivir sumisamente”. La sal de la tierra; también el fantasma de Zapata revolucionario ronda por esos lares.

Como bien nos hace recordar el destacado periodista Jorge Meléndez: “Hace muchos años Ernest Feder hizo un libro clásico: El imperialismo fresa [Editorial Campesina, 1978], donde hablaba como en Michoacán empresas extranjeras rentaban ejidos, daban magros salarios a los campesinos e incluso utilizaban la mano de obra de niños y mujeres. Los miserables del campo aceptaban todo para subsistir. Ahora los empresarios no tienen necesidad de violar al sacrosanto ejido, ya que desde Carlos Salinas pueden hacer lo que les venga  en gana en ese terreno. Se fueron al norte para que el transporte no sea un obstáculo  e incluso las pandillas no impidan o encarezcan el producto. La sumisión al mercado estadounidense, por lo tanto, es mayor.” También recordemos que la situación laboral en México ha venido agravándose por el Tratado de Libre Comercio [TLC], y por las “reformas estructurales”, especialmente la laboral que genera una intensa explotación y pobreza de la fuerza de trabajo en las ciudades y en el campo.  De acuerdo con el reportaje de MILENIO [27/03/2015], el conflicto de los jornaleros agrícolas del Valle de San Quintín con sus patrones desencadenó un paro laboral el 17 de marzo al no tener respuesta a las exigencias que en meses pasados le presentaron al gobierno estatal para tener mejores prestaciones, un aumento salarial y condiciones laborales adecuadas: Los contratos los detentan los sindicatos fantasmas charros priistas como la CROC; los jornaleros piden que se les paguen 300 pesos diarios, pues consideran que lo que reciben es “un salario de hambre”. Exigen condiciones laborales que garantiza la Constitución y la Ley Federal del Trabajo. Que se revoque el contrato colectivo firmado por los sindicatos existentes “a espaldas de nosotros como jornaleros”. Que se respete el derecho de antigüedad de cada jornalero. Que se pague aguinaldo, vacaciones, prima vacacional, reparto de utilidades, pago del séptimo día y días festivos al doble. Aumento en el pago por caja de fresa, jarra de mora y cubeta de tomate. Por ejemplo actualmente la jarra de mora se las pagan a 6 pesos y ellos piden que se aumente a 17; para los jornaleros su trabajo es una muestra de esclavitud moderna. “Los trabajos son por contrato, por tarea, si quiero ganar más dinero tengo que esforzarme más a lo triple para sacar más de lo que nos pagan”. Los empresarios se niegan a pagar 300 pesos diarios a los jornaleros y solo han ofrecido aumentos salariales de 10 por ciento, unos diez pesos más al día; Hay niños que siguen trabajando en los campos porque sus padres no tienen los recursos para enviarlos a la escuela y para evitar que entren a la delincuencia los padres “deciden enviarlos a trabajar…”  Trabajo precario, enfermedades por el uso de pesticidas, sin hospitales, sin vivienda digna, sin guarderías, etcétera. Tras una huelga ejemplar por su legitimidad y combatividad los jornaleros recibieron un miserable aumento de 10 pesos al día; es el inicio, la lucha continua y la pradera está seca…