Salvemos a los niños

El capitalismo nació chorreando sangre y lodo por todos los poros, decía Marx en El Capital. En otras palabras, la acumulación de capital consistió en un parto histórico pletórico de violencia social, incluyendo la muerte de decenas de miles de niños explotados por el incipiente proceso de industrialización: “La maquinaria, al hacer inútil la fuerza del músculo, permite emplear obreros sin fuerza muscular o sin un desarrollo físico completo, que posean, en cambio, una gran flexibilidad en sus miembros. El trabajo de la mujer y del niño fue, por tanto, el primer grito de la aplicación capitalista de la maquinaria… Los trabajos forzados al servicio del capitalista vinieron a invadir y usurpar, no sólo el lugar reservado a los juegos infantiles, sino también el puesto del trabajo libre dentro de la esfera doméstica y, a romper con las barreras morales, invadiendo la órbita reservada incluso al mismo hogar”. La vigencia teórica y práctica del viejo Marx continúa siendo porque el capital sigue vivito y coleando con toda y su violencia social. El capital es una verdadera máquina trituradora de hombres, mujeres y niños. Actualmente la barbarie tiene más peso que la parte civilizatoria dentro de los procesos sociales contemporáneos, y eso lo percibimos en la condición ominosa de millones de niños en el mundo entero.

Todos los niños y niñas cuentan. Revelando las disparidades para impulsar los derechos de la niñez. Es el título del informe El Estado Mundial de la Infancia (EMI) de 2014 en cifras, presentado hoy por UNICEF y en el que se insta a realizar un mayor esfuerzo e impulsar la innovación para identificar y abordar las brechas que impiden que los niños más desfavorecidos de entre los 2.200 millones que hay en el mundo disfruten de sus derechos. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia es, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), lo único valioso de esta institución mundial. El informe revela las violaciones contra los derechos de la infancia que se siguen produciendo: “En el 2012 murieron unos 6,6 millones de niños menores de 5 años. La gran mayoría de estas muertes fueron por causas evitables. Esto constituye una violación al derecho fundamental a sobrevivir y desarrollarse. Un 15 por ciento de los niños del mundo se ven obligados a desempeñar trabajos que comprometen su derecho a la protección contra la explotación económica e infringe su derecho a aprender y a jugar. Un 11 por ciento de las niñas están casadas antes de cumplir 15 años, lo que pone en peligro su derecho a la salud, la educación y la protección. Los datos también señalan  diferencias e inequidades y muestran que los avances en el desarrollo se distribuyen de forma desigual: Al nacer los niños más pobres del mundo tienen tres veces menos posibilidades que los ricos de ser atendidos por un especialista en obstetricia, lo que aumenta el riesgo de que tanto ellos como sus madres sufran complicaciones relacionadas con el parto.”

El capital [el poder y el dinero] es un Herodes moderno. Save the Children, una organización no gubernamental (ONG), informa que un millón de niños en el mundo mueren cada año en su primer día de vida. Calificó de criminal el número de niños que fallecen debido a la falta de parteras y exhortó a los gobiernos a actuar en forma urgente. Las principales causas de estas muertes son los “nacimientos prematuros y las complicaciones durante el parto” que padecen millones de mujeres que dan a luz sin la ayuda de personal capacitado. El informe, entre otros testimonios, cita el de una madre de Bangladesh: “He parido seis hijos. Todos ellos nacieron en casa sin que hubiera un doctor. Tres de mis niños murieron una semana después de nacer porque no recibieron asistencia médica. Sabemos que fallecieron por esa falta de asistencia, pero ¿qué podíamos hacer si no podíamos pagar al médico? Es terrible. Sabíamos que teníamos que ir, pero no podíamos. Y no soy la única madre que ha perdido a sus hijos, hay otras muchas como yo”, relata Shefali, que vive en un pueblo a seis horas a pie del centro médico más cercano. Lo mismo está sucediendo en México. En ese sentido, la organización señaló que bastaría invertir cinco dólares extra por cada persona para asegurar el entrenamiento de suficientes parteras. La ONG indicó que además del millón de bebés que mueren en su primer día de vida, 1,2 millones de recién nacidos fallecen durante el trabajo de parto. El informe calcula que faltan 7,2 millones de parteras, enfermeros y médicos en todo el mundo. Desde luego, hoy día, una de las nefastas consecuencias del neoliberalismo es el deterioro de la salud pública, el incremento de la morbilidad y mortandad infantil están directamente relacionadas con la disminución del gasto gubernamental en las necesidades sociales de atención médica y en programas de nutrición infantil. México es uno de los países con mayor tasa porcentual de obesidad infantil, uno de los efectos terribles del capitalismo salvaje. La mercantilización de la atención médica en el mundo con base a la obtención de la ganancia máxima monetaria está causando estragos mortíferos en la niñez. La deshumanización es brutal y el capital sigue chorreando sangre y lodo, cual Moloch moderno al que le sacrifican niños.

Otro mundo justo es necesario a condición de cambiar radicalmente el del Herodes capitalista.