¡Respeto al profesor de asignatura!

Ayer el Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU) se manifestó en la escalinata del edificio de la ex rectoría general para denunciar la situación laboral de la mayoría de los maestros contratados por semestre y por horas. Pocos profesores de asignatura hicieron presencia. Las autoridades universitarias seguramente se sintieron muy despreocupados y con sonrisas irónicas ante tal insignificancia, en proporción al total del personal académico perteneciente a esta condición contractual de 9 mil 300 profesores. Pero, tal cantidad ínfima no significa que no exista un profundo malestar del grueso de estos docentes por un “error administrativo” al no haberles pagado la primera quincena de agosto antes de salir a vacaciones; que invariablemente se les pagaba.

Que estos profesores no manifiesten abiertamente su inconformidad, coraje, rabia, furia, en contra de las autoridades superiores obedece seguramente al temor de no ser recontratados. En cierta forma es natural su impotencia contenida, pues el riesgo de no ser recontratado es muy alto, cual chantaje laboral por la administración, paralizando su inconformidad, volviéndolo pasivo para sus demandas legítimas laborales y salariales. En los hechos, entonces, es un trato despótico de las autoridades universitarias sobre el grueso del personal académico. No obstante tal situación de prepotencia burocrática, ajena a todo respeto por los derechos laborales de la planta académica, la semana pasada estalló un paro laboral momentáneo de profesores de asignatura en la escuela de artes plásticas perteneciente al Centro de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD). En ese momento no hubo sonrisa irónica alguna de la camarilla en el poder. Esto habla de que existen ciertos límites del autoritarismo de la administración central y un pequeño brote de protesta muy justificada significa la potencialidad de un reclamo académico amenazante al despotismo burocrático caciquil.

No se ha hecho ningún análisis profundo sobre el atraso de la cultura política en la UdeG. Me refiero en específico a una explicación de la escasa o nula cultura política sindical democrática del trabajador universitario en general. No todo se explica por la cultura del miedo o del temor al poder burocrático. El peso aplastante de una cultura del corporativismo-clientelar caciquil es manifiesto dentro de esta institución educativa, en la cual incluimos el temor a la autoridad. Tal condición histórica deriva en una apatía e indiferencia a la inexistente democracia, a la injusticia laboral y la enorme e indigna desigualdad salarial en la universidad. Ejemplo de esto último es que la mayoría del profesor de asignatura gana en promedio mensualmente 5 mil 500 pesos, en contraste, de manera vergonzosa, con los 2.4 millones de pesos que percibe, anualmente en términos brutos, el Rector General.  Debemos agregar lo oneroso que resulta la abultada burocracia administrativa privilegiada que nada aporta a las tareas sustantivas universitarias. Si el profesor de asignatura percibe en promedio la cantidad mencionada, el rector general percibe mensualmente casi 200 mil pesos en sueldo bruto. Es decir, el docente de asignatura percibe menos del 3 por ciento del ingreso del rector general. Más aún, no puedo imaginarme la percepción monetaria mensual del mandamás caciquil de esta universidad. Seguramente es una cantidad fabulosa que hace patente la profunda corrupción y el saqueo brutal del presupuesto financiero universitario. Existe prácticamente una humillación laboral y salarial del grueso del personal académico, ante las condiciones de privilegio desmedido de la llamada burocracia dorada universitaria. El martes pasado hubo una reunión entre los representantes del sindicato patronal (STAUdeG) y el rector general para resolver, aparentemente, las legítimas demandas del profesorado de asignatura. Fue una farsa. El sindicato “blanco” habla –tratando de justificar el no pago de la primera quincena de agosto– de un “error administrativo”, con el que pretende encubrir su incapacidad representativa de los intereses del magisterio, pues su intervención tardía no tiene ningún valor. Los docentes de asignatura seguirán, penosamente, siendo muy vulnerables en sus derechos laborales y en precariedad salarial mientras exista un sindicato patronal que les esquilma sus cuotas y no los represente para nada.

El CRU, en su manifiesto, indica que de los 16 mil 522 docentes que hay en la universidad, 9 mil 298 son de asignatura es decir el 56.3 por ciento de toda la plantilla, de ellos sólo el 1 por ciento es decir 97 tienen contrato definitivo, mientras que un 68 por ciento tiene una antigüedad mayor a los 5 años y no se les ha dado un nombramiento definitivo. El artículo 29 del Reglamento de Ingreso Promoción y Permanencia de Personal Académico de la UdeG (RIPPA), establece: “Los trabajadores académicos al cumplir dos años de servicio ininterrumpidos en una misma categoría y nivel, sin perjuicio de participar en cualquier concurso que se convoque, tendrá derecho a que se abra un concurso de oposición para la definitividad, con el objeto de que se resuelva si es procedente otorgársele.” Esto no ha sucedido. “Al respecto, hay educadoras y educadores que tienen más de 20 años trabajando para la Universidad (el 22.6 por ciento); y entre las y los que tienen un mínimo de 5 años laborando y menos de 20, se agrupa el 45.4 por ciento.”

El temor se vence con la dignidad y la fuerza de la unidad y la organización gremial democrática. El CRU seguirá luchando por democratización de la UdeG; por el respeto a la legalidad y a derechos laborales del trabajador, y porque el presupuesto universitario se use en tareas sustantivas.