Recuerdos del porvenir…

Utilizando el título –un bello oximoron– del libro de Elena Garro, rememoro mi paso por la Escuela Preparatoria de Jalisco (Prepa 1), a la cual ingresé en 1968. Todo mundo sabe que fue un año infausto. Un año tristemente célebre por la matanza de estudiantes y ciudadanos en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco aquel nefasto 2 de octubre; una masacre perpetrada por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, un genocida representativo del feroz autoritarismo del poder político priista imperante en aquellos tiempos y que hoy vuelve disfrazado con un ropaje democrático mediante un Pacto por México con partidos políticos comparsas.

Como bien lo documentó ayer MILENIO JALISCO, la Prepa 1 cumplió un centenario. A 46 años del histórico movimiento estudiantil democrático considero que vale la pena recordar algunas anécdotas y hacer breves reflexiones. La arquitectura, como bien decía Octavio Paz, es el testigo insobornable de la historia. Un testigo mudo, pero al fin y al cabo un testigo. Este noble edificio sin duda ha sido un testigo de una parte de la historia universitaria, de la propia ciudad y de la sociedad misma. Guadalajara, por supuesto, no era la misma hace cien años, y tampoco lo era hace casi cinco décadas. El tiempo ha transcurrido cual fluidez de un río en el que permanecen algunas cosas y otras sufren profundas mutaciones. La Universidad de Guadalajara es una de las instituciones que han sufrido profundos cambios y lamentablemente no para bien. En aquellos tiempos de los años 60 la institución educativa no tenía las mismas dimensiones actuales. Desconozco la población universitaria de entonces, pero hoy hablamos de una comunidad estudiantil, académica, administrativa y de servicios, de alrededor de 250 mil personas y el segundo presupuesto financiero de Jalisco. Si bien existía en aquel entonces el poder político del Grupo FEG-Universidad –liderado por Carlos Ramírez Ladewig mediante una serie de feudos a manos de los ex presidentes de la organización corporativa estudiantil y de su presidente en turno–, hoy dicho poder está concentrado absolutamente en las manos de un cacique ex rector que perteneció a dicho grupo. Este cacicazgo es absolutamente anacrónico en una institución que se dice moderna y benemérita y una de sus peores consecuencias es el creciente deterioro académico. Una de sus causas directas es la profunda corrupción y una camarilla abyecta a las órdenes de “El Licenciado”. Con todo y sus limitaciones prevalecía una vida académica pero hoy día predomina una gestión eminentemente empresarial con fines lucrativos: tenemos una Cátedra Empresarial, un Doctorado en Negocios, una visión mercantilista de la educación, etcétera, pero no tenemos, por ejemplo un doctorado en economía política ni pensamiento crítico y humanístico; hay más empresas “parauniversitarias” que proyectos académicos acordes a las necesidades sociales. La cultura universitaria está por los suelos, pero la “alfombra roja” se tiende para los negocios de la farándula y el show business.

En la Prepa 1, en aquellos años sesenta, hubo excelentes profesores. Quiero citar el caso de mi profesor de Ética, el licenciado Pedro Vallín, quien fue el único que nos informó sobre el movimiento estudiantil de la Ciudad de México y de sus demandas legítimas y progresivas. La prensa local era absolutamente oficialista, corrupta, y guardaba silencio ominoso de la lucha estudiantil y popular, y de la represión gubernamental de la que era objeto. No había ninguna manera de tener información pública sobre este movimiento y la que había era suministrada clandestina por un puñado valiente de estudiantes militantes de la izquierda local, los cuales eran amenazados o golpeados por los porros fegistas, quienes a la postre fueron premiados en especie por Díaz Ordaz y el gobierno de la entidad. Eran las épocas de gloria de una FEG gansteril, la cual, en tanto grupo de poder local, mantenía una relación orgánica con el PRI, y los consecuentes premios políticos en diputaciones locales y federales y hasta senadurías. Ramón Gil Olivo narra en su libro Orígenes de la guerrilla en Guadalajara en la década de los setenta: “… ni el presidente Díaz Ordaz ni Echeverría olvidaron que eran deudores de los buenos servicios de esa “mafia” (de la UdeG) en la represión de 1968, y de que la Universidad de Guadalajara había sido la única del país que les mantuvo las puertas abiertas, por lo que de inmediato prestaron todo el apoyo policíaco y militar a la FEG…” Hoy este grupo de poder se ha renovado “gatopardezcamente” y tiene una influencia extraordinaria en la vida política local con todos los partidos políticos, especialmente con el PRD, una franquicia en manos del cacique, y también en el PRI.

La FEG tuvo una vida política de cuatro décadas, hoy el poder en manos de Raúl Padilla López tiene un cuarto de siglo: de la antidemocracia de ayer a la antidemocracia actual ha habido cambios formales pero continua inexistente la participación de la comunidad universitaria en las decisiones trascendentales. El director del plantel citado afirma que este viejo edificio “dejó de cumplir con los requerimientos para albergar una educación de calidad”, pero esto es una falacia, pues la calidad académica no depende directamente del espacio arquitectónico sino de la calidad del personal docente y de los programas académicos ¿Qué uso pretenden darle a este noble recinto? ¿Negocio “parauniversitario” en puerta?