“Plomo Fundido”

Mientras que el presidente francés François Hollande pidió este 18 de noviembre en Ramala el cese total y definitivo de la colonización israelí en los territorios palestinos ocupados, el gobierno mexicano en los hechos se ha subordinado a los dictados de Washington para votar en contra de cualquier resolución favorable al pueblo palestino, tal como sucedió de manera ignominiosa el 31 de octubre de 2011 cuando se abstuvo en la votación en la Unesco para que Palestina fuera aceptada como el Estado 195, a pesar de que meses antes la entonces secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa Cantellano, había declarado su apoyo a la creación de un Estado palestino “soberano y política y económicamente viable”. En la votación, Palestina consiguió 107 de los 81 votos que necesitaba para ser aceptado en la Unesco. Entre los votantes a favor destacan Argentina, Brasil, España, China y Cuba. Pero 52 países se abstuvieron, entre estos Colombia, Reino Unido y Portugal. A su vez, 14 naciones votaron negativamente; entre las más significativas: Alemania, Estados Unidos y, desde luego, la propia Israel.

El presidente francés, en una conferencia de prensa conjunta con el presidente palestino Mahmud Abas, expresó que para llegar a un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos “la colonización complica las negociaciones (de paz) y hace difícil la solución de dos Estados”, israelí y palestino, uno al lado del otro; y pidió una “solución realista” para los refugiados palestinos, uno de los puntos de discordia.

Cierto, México es el enclave estadunidense más importante en latinoamérica y la política derechista del gobierno mexicano le sirve directamente a Israel. Gabriel Pérez, integrante de la Comisión de Enlace de la Coordinadora de Solidaridad con Palestina en México, comenta que la política exterior mexicana cada vez está más supeditada a Israel. “Antes teníamos la Doctrina Estrada, como ejemplo del respeto a la soberanía de los pueblos, su libre autodeterminación y la solución pacífica de los conflictos. Desde la era salinista, pero más intensamente con la llegada del PAN a la presidencia hubo un cambio total: la política exterior se subordinó por completo a la política de Estados Unidos y esto la colocó más cerca de Israel. Este año se cumplen 60 años de relaciones entre México e Israel. Nosotros pensamos que ese tiempo ya es suficiente para que México hubiera reconocido a Palestina. Es hora de saldar esa deuda histórica.” [http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2012/04/19/caso-palestina-mexico-se-alinea-a-eu/].

Sería interesante conocer, entonces, qué opinan públicamente los académicos “expertos” en relaciones internacionales de la Universidad de Guadalajara sobre este conflicto, pues al parecer tienen autismo intelectual. Cierto, nuestros notables politólogos nunca dicen nada que comprometa o pueda afectar el poder de la camarilla padillista. Lo hemos dicho: se desgarran las vestiduras exigiendo democracia en el país en toda tribuna, lo cual está muy bien, pero nunca la exigen verbalmente para la UdeG, y menos la reivindican en la acción práctica; es muy bonito vivir en “la torre de marfil” como cortesanos acomodados en cojines ¿Para qué molestar al cacique: ni siquiera tocarlo con el pétalo de una rosa? ¿Cuál será su opinión con relación a Israel como país invitado a la Feria Internacional del Libro (FIL)?

Enzo Traverso –eminente historiador italiano, en dos de sus extraordinarios libros: La violencia nazi. Una genealogía europea, y La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX (ambos editados por el FCE)– explica muy bien la naturaleza histórica del genocidio, en este caso la del exterminio semita por el nazismo. La Shoah (la catástrofe), es decir, “la solución final” con el Holocausto ha dado lugar en la historiografía moderna a importantes avances sobre este campo del conocimiento, pero es necesario el esfuerzo por comparar los genocidios, lo cual implica “poner en paralelo no sólo a las sociedades, sino sobre todo sus crisis. Dicho de otro modo, significa sondear ‘patologías’; no las normas sociales y políticas, sino sus rupturas en momentos excepcionales de crisis y de guerra”. Traverso afirma que la tendencia a interpretar el Holocausto como un hecho aislado es un grave error metodológico; en tal sentido, entonces, si queremos comparar, guardando las proporciones históricas, la Shoah sufrida por el pueblo judío con la del pueblo palestino, es necesario reconocer que la política sionista beligerante y terrorista no es un fenómeno aislado –“no se puede estudiar in vitro, haciendo abstracción de un contexto general marcado por la violencia”– pues esta última tiene como marco histórico una política colonialista sobre Palestina y una política imperialista estadunidense de control sobre el Medio Oriente teniendo como enclave militar a Israel.

El Medio Oriente es una de las regiones más conflictivas del mundo desde principios del siglo pasado, como legado de los viejos colonialismos europeos y a la riqueza petrolera. Eso explica múltiples enfrentamientos étnicos, religiosos y nacionalistas. Para el sionismo fundamentalista la “solución final” es la inexistencia del pueblo palestino; una “limpieza étnica” de proporciones genocidas. Traverso hace una especie de disección del concepto de “genocidio”, engendrado durante la Segunda Guerra Mundial, y podemos considerar entonces que puede aplicarse sin lugar a dudas al caso de la población palestina, pues operaciones militares israelíes como la de “Plomo Fundido” [2008-2009] y sus humaredas, forma parte de esta guerra de exterminio y despojo territorial.

Para terminar con toda forma de fundamentalismos y totalitarismos políticos o los terrorismos de Estado, imperialistas o no, y sus genocidios consecuentes, es urgente reconocer, en este caso, un Estado palestino independiente y económicamente viable.