Pedagogía de la violencia de Estado

Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte

Cesar Vallejo. Los Heraldos Negros

 

Bloody Sunday [Domingo Sangriento] aconteció en Derry, Irlanda del Norte, en enero de 1972, dentro del conflicto entre este país e Inglaterra. Fue convocada una manifestación a favor de los derechos civiles y en contra del encarcelamiento sin juicio a los sospechosos de pertenecer al Ejercito Republicano Irlandés  [IRA]. Se encontraban detenidas centenares de personas. A la protesta acudieron más de 15 mil personas. Catorce personas murieron y fueron heridas más de treinta por disparos de paracaidistas del Reino Unido. Los militares alegaron ser objeto de disparos, algo que resultó ser falso. Tan falso como que los “vándalos de la chusma” de la CNTE emboscaron y empezaron a disparar a las tropas –heraldos negros– de la Policía Federal [PF] el domingo. Sólo la policía disparó, aseguran en Nochixtlán: 8 muertos –uno menor de edad y ninguno de ellos portaba arma–, decenas de heridos, y detenidos ¡Crimen de Estado! Además, un grupo de agentes vestidos de civil, algunos armados, prendieron fuego a los vehículos. Del domingo sangriento irlandés al de Nochixtlán [Oaxaca] hay distancia histórica y geográfica. Pero, seguramente domingos sangrientos ha habido muchos en la Historia Universal de la Infamia… capitalista.

“Cuando oigo la palabra cultura, echo mano a la pistola”, frase atribuida a Hermann Göring, figura prominente del Partido Nazi, lugarteniente de Hitler; aunque tal frase aparece en un diálogo en la obra Schlageter de Hanns Johst. La obra se representó por primera vez en abril de 1933 por el cumpleaños de Hitler. Johst, fue el dramaturgo “oficial” del nazismo. Como sea, lo cierto es que está frase la podemos a atribuir a quienes ejercen la violencia fascista sobre un hecho cultural o educativo que les disgusta histéricamente y vilmente quieren aplastarlo con balazos, secuestros, gases lacrimógenos y garrotazos. En México tenemos nuestros “periodistas dramaturgos”, verdaderos inquisidores mediáticos linchando a diestra y siniestra a todo opositor al poder y al dinero. Verdaderos porros canallas de la prensa y televisión al servicio de la oligarquía. Tal frase, propia de la cultura violenta del poder y del dinero, la puede utilizar sin recato alguno el empresario Claudio X. González Guajardo, arquitecto de la “reforma educativa” neoliberal, quien aborrece la educación pública. Cofundador y presidente de Mexicanos Primero, instiga publica y ferozmente la represión contra la CNTE: “Están organizados para delinquir. No trafican quizá droga, trafican con el dinero nuestro y con el futuro de los niños. Y eso, en mi opinión, es tan grave como traficar drogas. ¡Son unos pinches delincuentes! ¡Hay que intervenir y no es autoritarismo, es estado de derecho!” “¡Son unos terroristas!” afirma. La frase de Göring también la pueden decir sin rubor Enrique Peña Nieto, Aurelio Nuño Meyer y Miguel Ángel Osorio Chong, quienes han venido ejerciendo un autoritarismo violentísimo en contra del movimiento magisterial democrático encabezado por la CNTE. Pero ¿Qué se puede esperar de quien nunca ha leído un libro? Peña Nieto, siendo gobernador del Estado de México, ensayó tales acciones represivas hiperviolentas contra la comunidad de San Salvador Atenco en mayo del 2006. Los pobladores de Atenco solamente estaban protegiendo su patrimonio territorial comunal en contra del megaproyecto aeroportuario de Vicente Fox.

Lo acontecido en Nochixtlán forma parte de la “pedagogía” del monopolio de la violencia estatal: Didáctica del autoritarismo neoliberal. Toda la fuerza de la “reforma educativa” reside en las hordas armadas hasta los dientes. Toda esta hiperviolencia representa la verdadera naturaleza política de la llamada reforma educativa que de educativa no tiene nada, pero sí mucho de una política de dominación laboral sobre el magisterio nacional, cuyos mecanismos corporativos se han desgastado aceleradamente en las últimas décadas como resultado de la profunda corrupción y carencia de legitimidad de la burocracia charril del SNTE controlado por el Estado. Tal pedagogía de la represión, como lección amenazante contra toda población opositora, “malhumorada” y encabronada hasta el hartazgo, ya fue empleada por el Estado en contra de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa: ¡Fue el Estado! Ahora es más claro que la brutalidad, la saña, con la que desaparecieron a los 43 estudiantes en la noche de Iguala hace casi 21 meses fue ejercida por las mismas fuerzas represivas del orden neoliberal, de otra manera no puede explicarse la estrategia represiva y utilización de armas de alto poder en contra de la CNTE y la población civil solidaria con la lucha de resistencia magisterial.

Justificando la masacre con su “verdad histórica”, voceros gubernamentales argumentan que la CNTE está apoyada por grupos guerrilleros infiltrados en las movilizaciones, empleando armas contra la PF, por lo que ésta respondió al fuego. Nuño Meyer, después de la matanza, dice que el diálogo con la CNTE será “político” y no educativo, como si la reforma “educativa” no fuera política en sí misma. Nuño Meyer con su ignorancia supina en temas educativos no tiene nada que decir, pero las armas hablan por él. De sus abiertas amenazas contra la CNTE pasó a la violencia criminal, y amaga con que “la reforma se va a profundizar”. Varios pueblos mixtecos exigen enfáticamente, entre otras cosas, la renuncia de Nuño, quien sólo “ha generado muerte”. Medio mundo pide su renuncia ya. Si tuviese vergüenza debería dimitir, pero nunca la ha tenido ¡Libertad a los presos políticos del magisterio!