¡Por una Nueva Central de Trabajadores!

El sábado reciente en Guadalajara se llevó a cabo el Foro Regional de la Nueva Central de Trabajadores [NCT] preparatorio a su segundo congreso nacional a realizarse a finales de enero próximo en la ciudad de México. Participaron diversas organizaciones sindicales, cooperativas, colectivos, núcleos democráticos estudiantiles, académicos, etcétera. Su fundación data de febrero de 2014 y tal iniciativa loable y necesaria fue del Sindicato Mexicanos de Electricistas [SME], compartida por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación [CNTE], el Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana [Situam], los sindicatos de Trabajadores del Transporte de Pasajeros del Distrito Federal, de General Tire, de la Universidad Autónoma Chapingo, la Confederación de Jubilados y Pensionados de la República Mexicana y gremios de empleados públicos de diversos estados, como Veracruz, Nayarit y Oaxaca. Uno de sus principales objetivos es unificar a los gremios opuestos al proyecto neoliberal. En el acto fundacional se explicó que esta nueva organización tiene como finalidad crear una representación obrera legítima y apartidista para dar respuesta a las acciones funestas del gobierno federal. Martín Esparza, líder del SME, sostuvo que se va a continuar con la campaña de adhesión de más gremios a la central en los estados de la República, y es esto último uno de los propósitos de haber convocado al Foro Regional en el que estuvieron presentes sindicatos democráticos como el propio SME, el de trabajadores de la Universidad de Colima, que se ha destacado por su lucha por demandas laborales legítimas y contra el cacicazgo en esa institución, a diferencia de los sindicatos blancos en la Universidad de Guadalajara, pues son sindicatos patronales a las órdenes del cacique Raúl Padilla López. En los hechos, tales sindicatos no son propiamente sindicatos sino organizaciones corporativas-clientelares que defienden los intereses patronales caciquiles. En tal evento fue importante la presencia de la Cooperativa de Trabajadores Democráticos de Occidente [TRADOC], del Sindicato de Trabajadores Unidos de Honda de México (STUHM) y del Sindicato del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado [SIAPA], entre otros más.

En la historia moderna mexicana –al menos en sus últimas siete décadas, en el capítulo que corresponde a la vida política, a sus procesos de constitución de poder y de hegemonía– la clase trabajadora, como clase, ha estado prácticamente ausente; ha estado sometida al poder del capital representado por un Estado cuyos regímenes políticos han podido maniatarla. La Confederación Mexicana de Trabajadores [CTM], al igual que la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos [CROC] y la Confederación Regional Obrera Mexicana [CROM], son instrumentos corporativos estatales, de estirpe priista, para beneficiar a la burguesía criolla y extranjera y su acumulación de capital. Tales organizaciones todo el mundo las conoce como organizaciones gremiales del sindicalismo charro o neocharro. En México el porcentaje sindicalizado del total de la población trabajadora es de un poquito más del 10 por ciento, y lo peor, en su mayoría tal porcentaje está agremiado al sindicalismo espurio y, peor aún, a los sindicatos fantasmas operando con contratos de protección al capital sometiendo al proletariado a las formas funestas de la subcontratación laboral [outsourcing], generando una masa de operarios desprotegidos y viviendo con sus familias precariamente. Las llamadas reformas estructurales neoliberales, especialmente la laboral, se han impuesto autoritariamente por el gobierno precisamente por la enorme debilidad política de la clase trabajadora del campo y las ciudades. La desigualdad social, la pobreza, hasta la hiperviolencia social, también son resultado directo o indirecto de la escasa fuerza política del proletariado sin cabeza, es decir, carente de organización política en sindicatos democráticos clasistas para defender sus derechos laborales y sin representación partidista de sus intereses políticos.

Desde luego que en las últimas décadas ha habido luchas heroicas del proletariado pero estas no han podido inclinar la balanza de su lado o al menos equilibrarla contra sus oponentes clasistas. El neoliberalismo, expresión del capitalismo salvaje, ha venido destrozando los derechos laborales. Entonces, ¿para qué es necesaria una nueva central de trabajadores? No solamente es necesaria sino urgente el crecimiento y su fortalecimiento, pues de seguir funcionando el neoliberalismo, la pobreza, el desempleo y tantos males sociales se agudizarán como nunca antes. El proyecto oligárquico ha venido devastando al país con base a un intenso saqueo impune de sus recursos naturales, a una criminal contaminación ambiental, a la opresión y superexplotación de la mano de obra asalariada. Es urgente frenar esta economía criminal y sus formas políticas autoritarias absolutamente corruptas e impunes.

La NCT es la alternativa gremial democrática para organizar a todos y todas las trabajadoras de las ciudades y el campo; a los jornaleros agrícolas, a las operadoras de las maquiladoras, a los maestros de todos los niveles educativos, a los electricistas, petroleros, mineros, trabajadores de la economía “informal”, desempleados, cooperativistas, etcétera. Su crecimiento y consolidación no serán fáciles en un mundo del trabajo totalmente adverso a los intereses y demandas justas y legítimas del proletariado. En este foro se habló de reflexionar sobre la posibilidad de apoyar la candidatura independiente femenina propuesta por el Congreso Nacional Indígena anunciada en octubre pasado en Chiapas, toda vez que ningún partido político registrado representa los intereses de los de abajo, de los trabajadores. El proyecto oligárquico ha fracasado socialmente con su neoliberalismo y urge una alternativa democrática para resolver los grandes y graves problemas nacionales; de ahí la necesidad de luchar por un gobierno obrero, campesino, indígena y popular.