Indulgencias y “buenas intenciones”…

México: tierra olvidada por Dios. “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”, refrán que podemos aplicar perfectamente a las políticas neoliberales del gobierno de Peña Nieto. Todo sea por el bienestar popular: “México siempre fiel”, reza la consigna papal. México, su pueblo humilde, esperando el milagro económico y político; especialmente el de la paz social, el de la seguridad pública. Papa Francisco: Bienvenido a la pesadilla, a una pesadilla real, la de la hiperviolencia social desgarradora y una pobreza generada por un capitalismo salvaje con base a una profunda corrupción emanada desde las altas esferas del poder económico, político y eclesiástico, con toda la impunidad del mundo para seguir amasando fortunas fabulosas y privilegios: la elite oligárquica y política a la espera de indulgencias parciales o plenarias en vísperas de la visita papal.

Jorge Mario Bergoglio, argentino, es el 266º papa de la Iglesia católica. Como tal, es el jefe de Estado y el octavo soberano de la Ciudad del Vaticano. La estadía del pontífice en tierras tan lejos de Dios pero tan cerca de los Estados Unidos tiene motivos muy terrenales, propios del Cesar, es decir, del poder real. Quien puede dudar que se trata de un acuerdo para una visita de un representante de un verdadero poder secular económico, político e ideológico-religioso, convenido con otro poder, de un poder político siniestro disfrazado de gobierno democrático pero representando fielmente los intereses de una oligarquía local y foránea. Nadie puede ni debe esperar ningún milagro de ninguna naturaleza de esta santidad propia del imaginario histórico feligrés.

¿Tendrá conocimiento el papa Francisco de los recientes y atroces acontecimientos como el de los jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca, Veracruz, y el asesinato de la periodista Anabel Flores en la misma entidad? Los restos de dos de los cinco jóvenes secuestrados fue un hallazgo macabro, pues encontraron también una fosa con restos de cientos de asesinados: “México es una fosa común”. Los demonios andan sueltos y a sus anchas. El grupo criminal que perpetró la desaparición de los cinco jóvenes utilizó el mismo método terrorista empleado con los 43 normalistas de Ayotzinapa. Francisco el papa, seguramente ya tiene información de estos hechos terribles, los cuales, dicho sea de paso, no le sorprenden para nada y está habituado a ellos, pues durante la feroz dictadura militar argentina de los años setenta y ochenta los vivió directa o indirectamente. Más aún, al cardenal Bergoglio algunas víctimas y periodistas le acusan de haber mantenido ligas con la genocida Junta Militar y de cómplice por acción u omisión. El papa seguramente no hablará con los padres y madres de los 43 desaparecidos, y no es que no quiera hacerlo, sino porque tal negativa sería parte de un acuerdo con el gobierno de Peña Nieto para no escalar interna  y mundialmente una situación terrible que ha afectado muchísimo la imagen muy degradada de este gobierno de escándalos al por mayor, con sus “verdades históricas” de un terrorismo de Estado. Al parecer, los desacuerdos entre el Estado y la Iglesia local han pasado a la historia; hoy día mantienen un buen amasiato político, de ahí que esta visita no tiene ninguna pretensión de confrontación con el gobierno priista, un régimen abismal de aquel gobierno “jacobino” enfrentado a fundamentalistas cristeros de los años veinte del siglo pasado. Una simple sugerencia literaria sobre ese pasado turbulento, que Francisco lea dos extraordinarios libros del notable escritor inglés Graham Greene: Caminos sin ley [1938] y El poder y la gloria [1940]. Caminos sin ley pavimentados por el poder y el dinero es lo vigente. Los cárteles imponen su dictadura terrorista junto a la del Estado. Lo sabe muy bien el papa: México vive dramáticamente una profunda crisis de derechos humanos. Aunque su viaje aparenta una misión pastoral, la misión política prevalece: apaciguar al rebaño.

También, seguramente, el papa Francisco de ninguna manera enfatizará el crimen de los curas pederastas que tanto abundan en estas tierras sin ley ni orden por la impunidad que tienen tales criminales protegidos por algunas altas autoridades eclesiásticas y gubernamentales, que no son ningunas “hermanitas de la caridad”. Lobos con piel de oveja, pues tras el discurso del buen samaritano neoliberal se oculta toda la perversidad del mundo. A Francisco debemos reconocerle ciertas posturas liberales o “progresivas”, al menos en un discurso del poder eclesiástico fuera de lo tradicional; pero en definitiva no es ningún representante, que sería muy deseable, de la llamada Iglesia de  los pobres, la de la teología de la liberación. Por supuesto, este papa no tiene nada que ver con esta corriente evangelista emancipadora. Mucho menos aquellos altos jerarcas de la iglesia mexicana, cuyos representantes cómplices no abren la boca para decir nada sobre la hiperviolencia nacional y exigir justicia para las víctimas: es la iglesia oligárquica. Aquí debemos reconocer la postura digna de pocos obispos progresivos como don Raúl Vera, quien recientemente “acusó al Estado mexicano de pretender destruir a los mexicanos y de servir a los intereses de las empresas trasnacionales”. Afirmó que el tema de los desaparecidos de Ayotzinapa “es un mensaje para toda la nación: sin duda, es mantener la impunidad y sobre todo crear el horror entre la gente”. El verdadero milagro de la paz social solamente puede hacerlo el propio pueblo con su lucha emancipadora de sí mismo.