"Historia universal de la infamia"

Una narración ausente en este libro de nuestro admirado Jorge Luis Borges es la historia terrible de Israel y Palestina. La infamia obviamente la representa el Israel sionista con su terrorismo de Estado permanente en contra del pueblo palestino. La vileza de un país –creado artificialmente por los imperios en la posguerra mundial, únicamente superado por Estados Unidos por sus crímenes guerra– no ha tenido parangón en este siglo temprano. Las atrocidades perpetradas por un gobierno ultraderechista lo convierten en un Herodes moderno, propio de un salvajismo capitalista; este gobierno fascista se comporta como el ominoso matón del pueblo al servicio del cacique, de los amos del mundo. En ningún genocidio se han asesinado tantos niños durante las últimas décadas como en Palestina. El cinismo de Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, no tiene límites cuando dice que los propios palestinos quieren más víctimas, acusando a Hamas de querer más pérdidas entre la población civil: “Quieren, repito, quieren más víctimas civiles”.

      Barack Obama cínicamente quiere establecer sanciones a Rusia por su “injerencia” en Ucrania, como si lo que estuviese sucediendo en Palestina no fuera motivo de bloqueo económico contra Israel. Igual de cínico es John Kerry, Secretario de Estado, quien volvió a defender el “derecho de Israel a la autodefensa”, con ayuda multimillonaria estadunidense, y lamentando con “lágrimas de cocodrilo” la muerte de civiles palestinos al decir: “Menudo infierno de operación milimétrica”. Los operativos militares de la guerra de exterminio desde el 2001 contra los palestinos han sido: “Invierno Caliente” (febrero 2008, con el saldo de 178 palestinos y 5 israelíes muertos); “Plomo Fundido” (diciembre del 2008, con un saldo de 1.401 palestinos y 13 israelíes muertos); “Columna de Nube” (noviembre del 2012, con un saldo de 156 palestinos y 6 israelíes muertos; “Pilar de Defensa (febrero de 2013); “Margen Protector” (a partir del 8 de julio, con un saldo, hasta el momento, de 651 palestinos muertos, incluidos 161 niños, y 4.600 heridos, 27 militares israelíes muertos). No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Posiblemente el nombre de la siguiente operación militar israelí se bautice como: “El huevo de la serpiente”. Este nombre es el de una película (1977) de Igmar Bergman: es una metáfora sobre la destrucción de la democracia alemana y su cambio de piel a un régimen totalitario fascista a partir  de 1920. Un ejemplo pavoroso de terrorismo es el de Ayelet Shaked, diputada israelí de extrema derecha clamando delirante por la muerte de todas las madres palestinas porque dan a luz a “pequeñas serpientes”. “Tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Ellos son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre.” Del Holocausto a la Nakba. En Gaza, de cada diez “daños colaterales”, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica. Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Obama ha dicho que “los Estados Unidos emplearán la fuerza militar, de forma unilateral si es necesario, cuando nuestros principales intereses así lo exijan. La opinión internacional nos importa, pero América nunca pedirá permiso...” Repudiando el derecho internacional y reivindicando la impunidad imperial. Pero su discípulo aprende rápido la lección y en este caso la opinión internacional le tiene sin cuidado, e igualmente repudia el derecho internacional: el 11 de julio, tras la última matanza en Gaza –80 personas, entre ellas seis niños de la misma familia– perpetrada por el ejército de Israel equipado con armamento estadunidense, un general israelí afirmó: “Una muestra de fuerza necesaria”. La aplicación de la fuerza necesaria violenta para exterminar a las “pequeñas serpientes”. El mundo desquiciado, sus guerras abiertas o encubiertas, pretende aniquilar cual Herodes a los infantes; otro capítulo ausente en el libro borgiano es el genocidio de niños, su explotación laboral, sexual, su desamparo. El capital es una verdadera máquina trituradora de carne infantil. Aquí en México un niño asesinado por una bala de goma; otros más por la pobreza criminal, otros miles son migrantes al “paraíso”, otros asesinados por el “plomo fundido”. Unicef informó en su momento de la muerte de medio millón de niños de cinco años en Irak, como resultado del embargo impuesto por Estados Unidos e Inglaterra. “Daños colaterales” o aplastar “pequeñas serpientes” podría decir Obama.

Finalmente, El Evangelio según Netanyahu, de Otar Zygmund:  “Nosotros, el pueblo elegido por Dios, podemos matar, asesinar, masacrar,  humillar, someter, dominar, lacerar,  castigar, recluir, despojar, apartar, exterminar a nuestros hermanos en su nombre sagrado. Podemos bombardear inmisericorde en su nombre a niños, mujeres, ancianos… Nuestro cáliz sagrado desborda sangre inocente. Nuestro becerro de oro exige cruentos sacrificios… ¡Crucificadlos!, ¡crucificadlos!, vociferan nuestros  mercaderes de armas y misiles a los cuatro vientos. La Tierra Santa se purifica nuevamente con la guerra en el nombre de Dios.  Las trompetas de Jericó levantan grandes, grandes muros… El evangelio de Sión invoca campos de concentración y el Apocalipsis retumba estrépito con más de mil jinetes,  heraldos negros de nuestra redención divina…

Somos el pueblo elegido de Dios y en su nombre masacramos toda vida, la profecía divina se cumple con luces de fósforo refulgente, incandescente, radiante… “Golpes como el odio de Dios”, así lo evocan las Sagradas Escrituras…

Somos el pueblo elegido de Dios…”