Demandas muy justas y legítimas

A la memoria de la estudiante

María Fernanda Vázquez y de todos

los muertos atropellados por el

sistema…

Imaginemos por un momento –es preciso soñar, pero con la condición de creer firmemente en nuestros sueños– que las decenas de miles de estudiantes y trabajadores académicos y administrativos están movilizados, como lo estuvieron el lunes pasado, reivindicando la democratización de la UdeG, una añeja causa justa y legítima. Para que esto realmente acontezca implicaría necesariamente que los propios estudiantes y trabajadores se quitan el yugo político del corporativismo caciquil para tener una verdadera autonomía en la lucha por sus propios intereses y estar conscientes de la necesidad urgente de reconstruir su institución educativa para una refundación estructural sobre la base de realizar un congreso general democrático hacia una reforma universitaria con propósitos académicos. Esta demanda justa y legítima seguramente tendría toda la simpatía ciudadana, en especial del pueblo trabajador, y de decenas de miles de jóvenes estudiantes excluidos injustificadamente del derecho a la educación superior debido a las políticas neoliberales de las sucesivas autoridades universitarias. El protagonismo de esta lucha democrática le correspondería a los estudiantes mismos, como ha sucedido en los grandes movimientos universitarios nacionales y latinoamericanos. Una huelga general acabaría, tarde o temprano, con el caciquismo.

El peso del corporativismo es aplastante sobre la comunidad universitaria. La Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), los sindicatos “blancos”, el Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad de Guadalajara (SUTUDEG), el Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Guadalajara (STAUDEG), y el Consejo General Universitario (CGU), constituyen la eficiente estructura corporativa para controlar a estudiantes, maestros y personal administrativo y de servicios. El corporativismo autoritario es un hecho histórico difícil de vencer como adversidad política. La cultura política es muy pobre, pues los estudiantes no actúan ni piensan políticamente por cuenta propia; ni los maestros, que supuestamente deberían. Desde luego, hay excepciones en las dos categorías. No hay pensamiento crítico en esta universidad y, entre otras consecuencias funestas, eso impide un mejor nivel académico. La Benemérita universidad –nada democrática, está secuestrada ¡El asalto a la razón! desde hace décadas por el cacicazgo de Raúl Padilla López– no está cumpliendo cabalmente con sus tareas sustantivas. El papel nefasto de la FEU y de los sindicatos “blancos” tiene como base el ejercicio de mecanismos corporativos y clientelares. Existe una paradoja: al tiempo que dicho cacicazgo no cuenta con ninguna legitimidad ni dentro ni fuera de la institución, tampoco existe la fuerza interna suficiente organizada para demoler las estructuras de poder; es una contradicción existente y dadas las circunstancias imperantes favorece, hasta el momento, al autoritarismo burocrático universitario.

La “Marcha de luto e indignación” por la muerte de la jovencita estudiante Fernanda Vázquez fue convocada por la FEU, aunque toda la maquinaria corporativa estuvo funcionando. Debo decirlo, la marcha tuvo una demanda muy justa y legítima por las razones conocidas y plenamente justificadas: se exigió “Justicia para los afectados por los hechos del viernes 7 pasado. Acciones enérgicas del gobierno del Estado para que las tragedias dejen de ser una constante del servicio de transporte público”. Nadie debió oponerse a tal exigencia; pero lo que es bastante cuestionable fue el método corporativo empleado para que las decenas de miles de estudiantes abandonaran sus salones de clase. Casi todos los estudiantes, principalmente los preparatorianos, fueron acarreados utilizando los diversos mecanismos de control corporativo como nombrar lista por el maestro antes de partir a la marcha o en el mitin mismo y/o prometer puntos para la calificación final del curso. Tales mecanismos demeritan la marcha misma. La FEU se fundó el 4 de julio de 1991 para sustituir políticamente a la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) como instrumento de poder, desde entonces, ha cumplido una función de control caciquil relevante. La demagogia inicia así: “La historia de la Federación de Estudiantes Universitarios ha sido una constante lucha a favor del alumnado de nuestra casa de estudios, tomando como principal objetivo la defensa de los derechos estudiantiles y la formación académica de calidad, todo, inmersos en un ambiente democrático, tolerante y participativo.”¡Especialmente “democrático”! . Nunca ha luchado a favor del alumnado; jamás ha realizado ninguna marcha o protesta por el rechazo de decenas de miles de jóvenes estudiantes excluidos de la educación universitaria. La FEU solamente obedece órdenes de sus mandos superiores políticos, pues no actúa por cuenta propia. Obviamente jamás ha cuestionado el nefasto cacicazgo prevaleciente ni ha exigido nunca ninguna democracia universitaria para defender los derechos estudiantiles; ni siquiera demanda un ombudsman universitario, ya imprescindible. Jamás ha pedido transparencia del gasto del presupuesto universitario o pugnado por las prioridades de los recursos financieros para que existan más aulas, más laboratorios, más equipamiento para “la formación académica de calidad”. La FEU realiza acciones callejeras para simular un compromiso social, respondiendo al grupo de poder local y mostrar músculo político para sus intereses aviesos externos.

“Cero tolerancia” a los atropellos criminales del transporte público; pero también “Cero tolerancia” al poder corporativo autoritario universitario ¡Urge democracia!