Crisis y desigualdad social

A Ignacio del Valle y a Trinidad

 Ramírez

San Salvador Atenco, estado de México, es conocido por la valiente lucha de resistencia de sus habitantes, desde principios de este siglo, a la construcción en su comarca del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, megaproyecto de Vicente Fox, que fue suspendido; pero en mayo de 2006, como un acto de venganza terrible –perpetrado por Fox y el gobernador de esa entidad, Enrique Peña Nieto– los dirigentes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra [FPDT], sus militantes y compañeros solidarios fueron brutalmente reprimidos por la Policía Federal, la Seguridad Estatal y policías municipales. Hubo dos civiles asesinados, detención de cientos de personas, incluidos menores de edad, vejaciones y violaciones sexuales a 26 mujeres. Ignacio del Valle fue detenido y encarcelado, con dos dirigentes, en el penal de máxima seguridad del Altiplano [Almoloya]. A Del Valle lo condenaron por casi 70 años por el “delito” de “secuestro equiparado”.  Como preso político estuvo poco más de 4 años soportando represión y humillaciones como si fuese criminal. Años después en el mismo penal cayó el capo Joaquín El Chapo Guzmán. Su historia reciente ya la conocemos, pero mientras un admirable luchador social fue tratado como un peligroso asesino por el gobierno, el capo de capos fue tratado con guantes de seda. Este es uno de los ominosos ejemplos de la inexistente justicia en México y de la extrema desigualdad social hasta en los reclusorios. El mundo al revés.

La profunda crisis del régimen de Peña Nieto es visible: otro escándalo del Estado. La fuga de El Chapo es la punta del iceberg de la enorme corrupción imperante en las altas esferas del poder político, que junto con la impunidad, la simulación, el despojo de recursos patrimoniales, la hiperviolencia, entre otras cosas, están devastando lo que resta de la Nación. México es una fosa común para miles de civiles asesinados y desaparecidos; ahora hay que añadir los túneles de la corrupción del poder y de la evasión de las leyes, de aquellas que sustentan el Estado de Derecho. Si los mexicanos tuviésemos el derecho ejercido plenamente a la salud, a la educación, a la vivienda, al trabajo y a un salario digno [de cada 10 horas que trabaja el mexicano, por 5 no recibe pago: Inegi], no hablaríamos de la profunda desigualdad social lacerante y oprobiosa.

Un reciente estudio de Oxfam México –“Desigualdad Extrema en México. Concentración del Poder Económico y Político”, del economista Gerardo Esquivel– indica que la fortuna de cuatro mexicanos crece constantemente, mientras la economía nacional y el ingreso del resto están estancados; se demuestra que hay un vínculo claro entre la desigualdad y la pobreza que condiciona el futuro de los mexicanos. “México está dentro del 25 por ciento de los países con mayores niveles de desigualdad en el mundo y es uno de los dos países más desiguales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico [OCDE]. El informe detalla que el crecimiento económico es magro, los salarios promedio no crecen y la pobreza persiste, pero la fortuna de unos cuantos sigue expandiéndose. “Las condiciones de desigualdad en el país son tales, que el 1 por ciento de la población posee el 43 por ciento de toda la riqueza en México”; es decir, el uno por ciento más rico en México gana, en términos de ingresos, el 21 por ciento de todo el ingreso nacional. “Eso es aproximadamente lo que gana el 40 por ciento [50 millones de mexicanos] más bajo de la distribución en el país; es decir un millón de mexicanos tiene un ingreso que es equivalente al de más de 50 millones de mexicanos”. El aumento de la riqueza de ese 1 por ciento de la población no se debe únicamente a lo ocurrido con la fortuna de Carlos Slim, que pasó de poco más del 1 por ciento del PIB a casi 6 por ciento, sino que lo mismo ocurrió con las fortunas de los otros tres mexicanos más ricos: Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas Pliego, cuyas fortunas pasaron de medio punto porcentual del PIB en 2003 a casi un 3 por ciento entre 2011-2014. Todos ellos apoyados por el Estado.

Los estudios sobre la pobreza social son meritorios, pero la pregunta esencial es: ¿Cuál es la causa fundamental de tal desigualdad social y de la miseria? Sin duda, a quien beneficia esta inequidad es a una oligarquía muy poderosa, una elite dueña del país donde la corrupción y la impunidad aceitan perfectamente la maquinaria de la acumulación del capital. Es el desarrollo del capital salvaje, sin restricciones legales, que genera tal desigualdad social: concentración de riqueza y concentración de pobreza. “En este país, mientras la riqueza de los 4 multimillonarios más ricos representa ya el 9 por ciento del PIB mexicano, el 45.5 por ciento de la población permanece en pobreza”, dijo la directora de Oxfam México, Consuelo López. “Mientras que la riqueza de los multimillonarios mexicanos se multiplica por cinco, el 48 por ciento de las escuelas públicas carecen de acceso a drenaje; el 31 por ciento carecen de acceso a agua potable; el 12.8 no cuenta con baños o sanitarios; el 11.2 por ciento carecen de acceso a agua potable”. El cinismo de los gobernantes y su “combate a la pobreza”, pues las políticas neoliberales y sus “reformas estructurales” profundizan la desigualdad social .