El Che

Considero que ese hombre fue no

sólo un intelectual,

sino el hombre más completo de

nuestra época.

Jean Paul Sartre

A 46 años de su muerte ¿qué valor puede tener el pensamiento y la obra revolucionaria de Ernesto Guevara de la Serna? Mucho. El Che –político, escritor, fotógrafo, periodista y médico– fue asesinado cobardemente por dos soldados del ejército boliviano, esbirros de la CIA, un mediodía del 9 de octubre de 1967 en La Higuera, Bolivia. El propio Guevara decía de sí mismo que ante todo era un ciudadano de América. Buenos Aires, Guatemala, México, la Sierra Maestra, La Habana, el Congo y Bolivia, es el itinerario de una geografía política que marca la vida y muerte de una leyenda de nuestro siglo.

¿Cuál es el significado y la validez actual de la teoría y la práctica política de esta figura revolucionaria que sigue dejando huella en los caminos de la liberación nacional de los pueblos del mundo? Sea cual sea el juicio de la historia, es un hecho que el Che seguirá viviendo, al igual que nuestro Zapata en los mexicanos, en el corazón de la memoria colectiva latinoamericana. No obstante todo el “marketing” de la iconografía guevarista, y más allá de la moda publicitaria, lo cierto es que para miles de jóvenes mucho significa el ejemplo de este guerrillero que murió a los 39 años. El Che dijo que en cualquier lugar que lo sorprendiera la muerte, bienvenida sea. Esto significaba para él un hecho natural como consecuencia lógica del sacrificio político de alguien que ofrenda su vida entera por sus ideales revolucionarios: “Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro.”

El Che representa hoy –al margen de la reflexión crítica de su acción política y militar con sus errores y aciertos, que forma parte de la larga historia de la emancipación latinoamericana del yugo colonialista de viejos imperios allende el Atlántico y el río Bravo– la idea de la esperanza por un mundo nuevo construido por “el hombre nuevo”; representa, sobre todo para la juventud, la internacionalización de la lucha social, el espíritu indomable de la justicia, el antiburocratismo y el antidogmatismo, la autocrítica y la búsqueda de la verdad. Al igual que el Che los neozapatistas chiapanecos tratan de desacralizar el poder; él no creía en el poder como un fin en sí mismo. Eso explica por qué los indígenas revolucionarios del EZLN, quienes se oponen a la toma de un poder que no permita las diferencias culturales en donde quepan todos los mundos posibles, nombraron hace años, en homenaje al “Comandante de América”, dentro de los municipios autónomos rebeldes, el municipio Ernesto Che Guevara.

Es muy cierto que la globalización neoliberal a décadas de la muerte del Che trajo una difusión impresionante de su imagen, pero el ícono del guerrillero heroico pegado a la pared no dice nada de su pensamiento. El Che se guiaba por principios éticos, era coherente con sus ideas. Y eso choca con los modelos de conducta pragmática de la mundialización neoliberal. Choca también, desde luego, con los antiguos y renovados modelos dogmáticos de las izquierdas estalinistas y con los reformismos nacionalistas. Como bien dijo en su momento el finado escritor español Manuel Vázquez Montalbán: “como una pesadilla para el pensamiento único, para el mercado único, para la verdad única, para el gendarme único, el Che como sistema de señales de insumisión, es una provocación para la Santa Inquisición del integrismo neoliberal”. En efecto, la imagen mercantil y quijotesca del Che se puede aceptar por todo el mundo, lo que no se puede aceptar es la puesta en práctica de su pensamiento. Esto es inaceptable para el fundamentalismo neoliberal que hoy pretende imponer modelos individualistas enajenantes bajo la ética y la moral pragmática de la ambición monetarista y del sálvese quien pueda, un mundo de distancia con la ética del humanismo revolucionario guevarista.

“El Che es válido porque anticipó –dice Vázquez Montalbán– una actitud moral ante el conservadurismo de las derechas y las izquierdas y ante la evidencia de que hay que volver a aprender qué mundo nos preparan y de que hay que volver a aprender a hablar para liberarnos de las palabras demasiado totales y absolutas demonizadas por el fracaso de la confusión” posmoderna del “fin de las ideologías”. El Che recupera el derecho del yo a ser solidario en un mundo en salvaje fragmentación social egoísta reivindicando el principio esperanza de una condición humana libre e igualitaria del “todo para todos” socialista.

En 1968, el gran escritor y poeta cubano José Lezama Lima escribió: “Ernesto Guevara, comandante nuestro: Ceñido por la última prueba, piedra pelada de los comienzos para oír las inauguraciones del verbo, la muerte lo fue a buscar... Hombre de todos los comienzos, de la última prueba, del quedarse con una sola muerte, de particulizarse con la muerte, piedra sobre piedra, piedra creciendo fuego. Las citas con Túpac Amaru, las charreteras bolivarianas sobre la plata del Potosí, le despertaron los comienzos, la fiebre, los secretos del ir quedándose para siempre. Quiso hacer de los Andes deshabitados, la casa de los secretos... El medialunero Viracocha transformando las piedras en guerreros y los guerreros en piedras... El sacrificarse en la pirámide funeral, pero antes dio las pruebas terribles de su tamaño para transfiguración...”