¡Boicot, desinversiones y sanciones a Israel!

A la memoria de las víctimas del

genocidio de Hiroshima, hace 69 años

A un mes de la ofensiva terrorista israelí, el saldo es de casi 2 mil muertos y cerca de 10 mil heridos palestinos, en su mayoría civiles –una cantidad significativa son niños y mujeres–; la población de Gaza no tiene agua, ni gas ni luz; más de 10 mil edificios están destruidos por los misiles y se calcula que hay daños por valor de 4 mil millones de euros, además de medio millón de desplazados y refugiados en escuelas que también han sido bombardeadas. Más de 400 niños han muerto por ataques en Gaza, afirma la Unicef. Si se compara la demografía de Gaza con la de EU, sería como si 200 mil niños hubieran muerto en ese país; dos mil 500 han resultado heridos por los bombardeos y la Unicef calcula que unos 370 mil niños necesitarán ayuda psicológica para poder intentar sobreponerse de alguna manera al trauma vivido. En resumen, se trata de un territorio devastado a sangre y fuego. Es un exterminio espantoso de palestinos. Un exterminio pero sin hornos crematorios –cámaras de gas y hornos silenciosos como en el Holocausto, pero muy efectivos para asesinar, como cuando se emplea una pistola con silenciador; una industria de la muerte para una producción en serie de cadáveres–, aunque ahora con misiles con tecnología de punta. La pérdida por el lado agresor es de 64 soldados, tres civiles israelíes y un tailandés. La ofensiva “Margen Protector” israelí tiene como supuesto objetivo localizar y eliminar los túneles construidos por Hamás (se destruyeron 32 túneles) y para tal cometido se hicieron 4 mil 700 ataques aéreos, con 86 mil soldados.

Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, ha calificado la operación bélica de “justificada” y “proporcional”. Este genocida responsabiliza a Hamás de todas las muertes de civiles en el “enclave” palestino, y ha reiterado, mentirosamente, que el movimiento usa a personas inocentes como escudos humanos. “El pueblo de Gaza no es nuestro enemigo”, afirmó cínicamente. Si lo fuese, entonces, seguramente Netanyahu ya les habría arrojado una bomba atómica, de las cientos que tienen. Ante toda esta barbarie aterradora se elevan voces de protesta por todo el mundo –incluidos judíos agraviados– contra el sionismo israelí y solidarizándose con la lucha por la libertad del pueblo palestino.  Como ha escrito el destacado periodista inglés Robert Fisk: “Disfracen la situación todo lo que quieran, pero la verdad duele. El mundo se está volviendo contra Israel. Y el mundo se vuelve también en contra de nuestros políticos y amos de los medios, quienes insisten en insultar al público”. En el mundo entero miles de gente que tienen dignidad están exigiendo desde ya un boicot, desinversiones y sanciones (BDS) a Israel.

No sólo gente común exige BDS contra el salvajismo sionista, también se han sumado reconocidos intelectuales, artistas y músicos, como en su tiempo se hizo exitosamente contra el apartheid sudafricano. Pero ahora la violencia se eleva exponencialmente, orillando a cientos de miles de personas a repudiar esta matanza inmisericorde. En México, en muchas ciudades, incluida Guadalajara, las protestas exigen enérgicamente un alto total a esta carnicería humana, despiadada. La vieja sentencia de Publio Terencio Africano es absolutamente vigente: “Hombre soy; nada humano me es ajeno”. Pero eso solamente aplica a las personas cuya conciencia humanista y dignidad también les lleva a cuestionar esta violencia de un terrorismo de Estado apoyado especialmente por el imperialismo estadunidense, encabezado por Obama, y los grandes capitalistas mundiales. Nada humano me es ajeno es el lema de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), y es por eso que recientemente dicha institución educativa se manifiesto públicamente así: la UACM “lamenta profundamente la innecesaria y cruel muerte de cientos de niños, madres, hombres y mujeres inocentes en la franja de Gaza, resultado de las incursiones de las fuerzas armadas de Israel, en zonas densamente pobladas… Nos pronunciamos en contra de la constante pérdida de territorio e independencia, así como de las humillaciones que sufren el pueblo y Estado palestino… Llamamos al gobierno y pueblo mexicano a que contribuyan a detener y dar una solución de fondo a un conflicto que beneficia a quienes forman parte de los grandes intereses militares y económicos internacionales”. Pero un pronunciamiento así no lo ha hecho, y muy difícilmente lo hará, por ejemplo, la rectoría y el Consejo General Universitario, del nefasto caciquismo de Raúl Padilla López en la Universidad de Guadalajara, la cual fue anfitrión de Israel en la pasada Feria Internacional del Libro. Tampoco han hecho pronunciamiento alguno los intelectuales universitarios “progresistas” de la UdeG. Mientras tanto, académicos de la Universidad de Johannesburgo en Sudáfrica, y mil 200 profesores e investigadores universitarios del Estado español respaldan al pueblo palestino.

Científicos, intelectuales, actores, músicos de todo el mundo, premios Nobel de la Paz (Desmond Tutu) –algunos gobiernos latinoamericanos, menos el de Peña Nieto, prosionista– se pronuncian públicamente en contra de este genocidio y exigen el BDS contra Israel: Stephen Hawking, Noam Chomsky, Eduardo Galeano, Daniel Barenboim, Brian Eno, David Byrne, Penélope Cruz, Javier Bardem y Pedro Almodóvar (quienes firman un Comunicado de la cultura contra el genocidio palestino), Roger Waters (de Pink Floyd), Elvis Costello, John Beger, Ken Loach, Naomi Klein, Jorge Drexler, entre otros.