Benemérito informe “autocrítico”

Un balance grosso modo del Primer Informe, “autocrítico”, de Tonatiuh Bravo Padilla, rector general de la UdeG, es muy negativo. Mientras impere el poder del “benemérito” cacique no podrá jamás haber ninguna mejora sustancial de esta universidad. No habrá ningún avance académico importante con ninguna “rectoría”. Por el contrario, la crisis académica seguirá profundizando; las prioridades políticas de la administración central (“rectoría”) no son académicas sino económicas y políticas. El funesto proceso de privatización directa o indirecta de esta institución educativa superior sigue caminando tan campante. Hay decenas de ejemplos. Veamos el más reciente en esta universidad de los escándalos: la renta o alquiler del Museo de las Artes (MUSA), ubicado en lo que es el edificio universitario patrimonial más importante. Museo es grandilocuencia, pues en realidad es una pobre galería con exposiciones temporales, además ni siquiera existe una colección permanente para considerarlo como espacio museístico. Pero ¿Por qué envilecer un noble espacio universitario? ¿Nunca estuvo enterado Bravo Padilla de que un espacio de lo que fue el edificio de la rectoría general es objeto de alquiler? No lo mencionó en su informe “autocrítico”. Hay límites para todo, como en este caso es la renta de un inmueble para fiestas privadas como fue una boda fifí, con mucho glamour, de la alta burguesía tapatía ¿Cuántas decenas de miles de pesos se cobró por el alquiler? Digamos que la cantidad monetaria no importa, así haya sido una bicoca, lo que sí importa es que nunca debió, ni debe alquilarse en los sucesivo ¿Cómo llamar a esta empresa de festejos elitistas? Si uno es mal pensado, que no es así, podría suponerse que la mudanza de la oficina de la rectoría general a la torre administrativa también obedece a un propósito malévolo. Es decir, no solo se trata de desvalorizar una investidura política máxima, después del Consejo General Universitario (CGU), dentro del gobierno universitario –es un decir, pues todos sabemos quién detenta el poder máximo; un poder totalitario. Si el propósito es el de obtener ganancias del inmueble histórico había que desaparecer, entonces, el espacio de la rectoría general de tal edificio ¿Cómo alquilar el MUSA estando ahí la rectoría general? Se vería muy mal, por lo menos podría interpretarse como algo políticamente incorrecto. En su momento, el edificio del Cabañas, patrimonio histórico de la humanidad, el gobierno panista lo alquiló para bodas, algo muy criticado con entera razón. La privatización de lo público, de un edificio patrimonio universitario histórico –el Paraninfo incluido– es una aberración y una flagrante corrupción de quienes son los responsables de resguardarlo. Como tendencia posible podríamos imaginarnos hasta la renta del Paraninfo para propósitos particulares, o bien, pensar la degradación absoluta al alquilar la actual sede de la rectoría general en el edificio central administrativo como penthouse para un reventón privado de juniors con todo strippers o teiboleras, incluido el costo de distinguidos meseros con guante blanco de ex rectores y de la “burocracia dorada”. El progresivo deterioro del nivel académico universitario es directamente correlativo al progresivo empeño empresarial de hacer de la institución educativa un espacio de showbusiness con toda y la parafernalia de alfombras rojas, candilejas y reflectores para la frivolidad y la farándula. Por ejemplo, es lamentable que no exista ningún evento académico universitario que tenga la proyección millonaria del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG). Bravo Padilla sigue manteniendo la prioridad de este tipo de actividades de relumbrón en detrimento de la vida académica. Los procesos de enseñanza-aprendizaje van a la deriva en un mar de honda corrupción donde no se destinan recursos suficientes para construir más aulas, dotadas de equipo tecnológico. Para qué pedir mayor presupuesto si todavía existe un constante rezago de la matrícula escolar. La voracidad mercantilista neoliberal tiene, dentro de esta universidad, consecuencias catastróficas en el nivel académico. En un mundo al revés esta institución educativa deja de ser benemérita para ser un espacio donde prevalece la simulación académica, los negocios y la corrupción, todo ello con la complicidad de los gobiernos local y federal.

La renta o alquiler de espacios universitarios para fines particulares habla de una visible política perversa ajena totalmente a los nobles propósitos educativos. Mientras decenas de miles de jóvenes estudiantes quedan sin ingresar a esta universidad, su alta burocracia está preocupada por hacer negocios abiertos o encubiertos. En su informe Bravo Padilla menciona que la institución cuenta ya con los recursos financieros suficientes: se “logró recuperar el balance presupuestal con las aportaciones completas por parte del gobierno federal así como estatal, por lo que ahora el reto es abatir el rezago académico al interior de la institución educativa.” Si esto así, como justificar el alquiler deleznable de espacios universitarios. Además, existe una grave confusión entre lo que es un rezago académico y un rezago de la matrícula escolar. No es lo mismo: la crisis académica es muy profunda y no se está adoptando ninguna política de reestructuración general con base a una reforma universitaria integral; el rezago de la matrícula escolar, con relación a la demanda social, es otra cuestión distinta ante la cual la administración se postra cómodamente. Se trata de “nadar de muertito” a contracorriente de los graves problemas internos. En resumen, este despropósito de alquilar lo patrimonial es una ofensa a la inteligencia y dignidad universitaria que todavía existe, a pesar del cacicazgo. Mal el inicio de Bravo Padilla.