“¡Ayotzinapa Vive…

Esto es el país de las fosas

Señoras y señores

Este es el país de los aullidos

Este es el país de los niños en llamas

Este es el país de las mujeres martirizadas

Este es el país que ayer apenas existía

Y ahora no se sabe dónde quedó

David Huerta. Ayotzinapa

 

La lucha sigue, sigue y sigue!” La desaparición de los 43 jóvenes estudiantes, uno de ellos encontrado desollado, de la Normal Rural de Ayotzinapa durante la terrorífica Noche de Iguala hace dos años un 26 de septiembre se ha convertido en una profunda herida nacional. La pregunta obligada es: ¿Dónde están estos jóvenes? ¿Dónde están las decenas de miles de desaparecidos forzados? Miles de familias han sufrido y sufren en carne propia la desaparición de sus seres queridos o, peor aún, el asesinato de ellos. Nunca en tan poco tiempo ha habido tanto dolor en tantas familias de todo el país. México sigue siendo una fosa común. Un México podrido hasta el tuétano por culpa del régimen político de un capitalismo salvaje que no vemos para cuando finalice su devastación económica, social, cultural, ambiental y política. Un capitalismo feroz que únicamente beneficia a una minoría oligárquica criolla y extranjera, pero que lastima, especialmente, a millones de trabajadores del campo y las ciudades. Vivimos un lumpendesarrollo social, un lumpen capitalismo de una lumpenburguesía y su lumpengobierno. Algunos verdaderos delincuentes y criminales se solazan con la investidura del poder político y toda la impunidad posible. La profunda corrupción se asoma cínicamente por los edificios y palacios gubernamentales. Millones de mexicanos viven un infierno terrenal mientras una minoría social pudiente vive a expensas de verdaderos paraísos laborales de explotación de niños, mujeres y hombres en las maquilas, factorías y campos de cultivo: México for export. 

¡Fue el Estado! Sí, la Noche de Iguala fue un crimen de Estado, de un Estado terrorista que viene aplicando con saña acciones represivas a quienes se oponen pacíficamente al autoritarismo gubernamental. No hay quien se salve de ello: niños, jóvenes, adultos, ancianos, hombres, mujeres, trabajadores, trabajadoras, estudiantes, maestros, campesinos, jornaleros, periodistas, curas, etcétera. Solamente falta que se levante la picota en las plazas principales de las ciudades y pueblos contra quienes resisten dignamente. La hiperviolencia es el signo inequívoco de nuestros tiempos aciagos… Este crimen de lesa humanidad, el crimen de haber desaparecido a 43 estudiantes inocentes, es la punta del iceberg. Este crimen en particular se deriva en lo inmediato de tres factores: la violentísima represión hacia quienes se oponen legítimamente a la “Reforma educativa”; la limpieza política por “guardias pretorianas” en una región minera y sus empresas extranjeras que explotan y saquean riquezas auríferas; y la eliminación de estorbos u obstáculos de todo tipo al negocio de los poderosos cárteles del narco. Guerrero es una entidad en cuyo territorio prevalece un capitalismo salvaje y del sálvese quien pueda como pueda: Caminos sin ley, podría seguir escribiendo por todo el país el gran escritor inglés Graham Greene [1904-1991].

La matanza de Nochixtlán es un ejemplo a lo que está dispuesto el gobierno de Enrique Peña Nieto, con experiencia represiva en Atenco en el 2006, amedrentando y asesinando a quienes oponen resistencia a las reformas neoliberales. Amnistía Internacional sostiene que hay ‘‘insensata actitud’’ gubernamental hacia los derechos humanos y una “cínica respuesta de Peña Nieto” a la desaparición de los 43. El gobierno decidió que había que escarmentar a los normalistas, y Nochixtlán es una secuela de la Noche de Iguala. La “verdad histórica” fue una invención febril del gobierno para ocultar lo que está detrás de todo este crimen horrendo desapareciendo a decenas de estudiantes que únicamente querían defender la educación pública y el derecho a ejercer una profesión para beneficio de ellos mismos, sus familias y los educandos pobres del campo mexicano. Es muy cierto que hay decenas de inculpados presos por los desaparecidos de aquella funesta noche, pese a ello, algo muy podrido huele y es que el gobierno y su PGR “no sabe” dónde están los desaparecidos. Presuntos implicados del caso como el exsubcomandante de la Policía Municipal de Cocula confiesa que el Ejército –el 27 Batallón de Infantería– tuvo el mando y el control de Iguala de aquella noche terrible. El gobierno federal ha venido ocultando información clave del Ejército sobre Ayotzinapa, y en el escenario de los espantosos hechos hubo presentes dos agentes de inteligencia militar: hay muchas preguntas sin responder y está muy claro, salvo para quienes son artífices o portavoces cínicos de la “mentira histórica”, que tales respuestas no se encuentran en el basurero de Cocula. En este basurero nunca jamás hubo ninguna quema masiva de cuerpos. El gobierno neoliberal quisiera quemar, eso sí, el artículo tercer constitucional para privatizar la educación pública. Desde hace algunos sexenios los gobiernos federales ven con menosprecio la educación popular gratuita, pues para ellos todo debe ser negocio con base a la mercantilización; ellos mismos se venden por un plato de lentejas.

Hay una profunda crisis humanitaria en México propiciada por el régimen político y su modelo de desarrollo económico. La violación constante y flagrante de los derechos humanos por este régimen oprobioso debe desaparecer de inmediato. Mientras persista el neoliberalismo rampante seguiremos viviendo en la hiperviolencia social. Es urgente transformar radicalmente esta sociedad para vivir en armonía, en paz y con justicia social. “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”