Otra parte

Educación socialista

A la muerte del presidente vitalicio de Corea del Norte, Kim Jong-il, el 17 de diciembre de 2011, en el portal electrónico del Partido del Trabajo [PT, partidodeltrabajo.org.mx] apareció una esquela en la que esa organización al servicio de López Obrador expresaba sus condolencias al pueblo norcoreano por el deceso de su “querido líder”. En la parte inferior de ese sitio se anuncian libros como La revolución vietnamita. Teoría y práctica y La nueva democracia. Textos de Mao Tse–Tung, un volumen que en la propia patria del Gran Timonel debe ser inconseguible, y hay notas como “Reprobable que Ana Gabriela Guevara utilice al PT para confundir a la ciudadanía en favor del PRI”.

En las concentraciones a las que López Obrador convocó en el Zócalo de la Ciudad de México en 2006, después de haber perdido las elecciones, había grandes mantas con las imágenes de Stalin, Marx, Engels y Lenin enarboladas por un tal Partido Comunista de México (Marxista Leninista). No deja de asombrar el hecho de que dictadores de vileza inaudita como Kim Jong-il y José Stalin sean aún venerados por segmentos de lo que aún se hace pasar por izquierda en México.

El PT propuso a Lucía Morett como candidata a diputada plurinominal en 2009, muy posiblemente para dotarla de inmunidad pues era buscada por la Interpol y la justicia colombiana, pero los resultados no la favorecieron y la universitaria optó por esconderse. Si recuerdan, Morett fue herida el 1 de marzo de 2008 en el ataque del Ejército colombiano a un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio ecuatoriano. La estudiante de la UNAM dijo que se encontraba en ese campamento por motivos académicos, pues preparaba su tesis sobre teatro revolucionario, aunque la información que se encontró en las computadoras del jefe Raúl Reyes —muerto en el ataque, con otros guerrilleros y cuatro estudiantes mexicanos— revelaban su relación de camaradería con esa organización criminal que dice luchar por la instauración del socialismo.

Los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa también desean para el país un gobierno socialista y se preparan para ello, de acuerdo con la crónica de Diego Osorno “Ayotzinapa: aquí se aprende a no agacharse” en el blog Nuestra Aparente Rendición, 12 de diciembre de 2011. En las paredes de la escuela hay “murales del Che Guevara y el subcomandante Marcos, de Marx y Lenin. Paredes que más que oír, hablan”, escribe Osorno.

Ese mismo 12 de diciembre los estudiantes de esa Normal Jorge Alexis Herrera y Gabriel Echeverría fueron asesinados por policías estatales —un crimen que sigue impune, como permanece también impune el acto que causó la muerte de Gonzalo Miguel Rivas, que perdió la vida al intentar apagar el fuego provocado en la gasolinera Eva Tres, de Chilpancingo, por un normalista. En su crónica Diego Osorno no menciona el nombre de ese empleado que murió evitando una tragedia mayor al cerrar los ductos de abastecimiento de combustible de las bombas, pero a cambio destaca las consignas y los lugares comunes de la vulgata socialista que aprenden en la Normal: “Tienes que leer política: marxismo, a Lenin y muchos otros que hablan sobre lucha social. Cuando estás haciendo actividad deportiva se gritan consignas, por lógica, esta es una escuela también de lucha. Hay que aprender consignas como ‘el pueblo unido jamás será vencido’”. Socialismo o muerte, pues.