El habla de los tapatíos

Dice Quentin Atkinson en "Phonemic Diversity Supports a Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa" (Science, abril de 2011) que la aparición del lenguaje es más antigua de lo que pensábamos. El psicólogo de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, estima que mucho tiempo antes de que el Homo sapiens saliera de África a poblar el mundo —hace unos sesenta mil años— ya había desarrollado la habilidad de comunicarse mediante fonemas —la unidad de sonido con significado mínimo—. Al analizar la cantidad de fonemas de distintos idiomas, Atkinson llegó a la conclusión de que el lenguaje se originó en el sudoeste africano. Mientras más lejos se encuentren de este punto los idiomas tienden a tener menos fonemas, algo parecido al descenso de la diversidad genética conforme la especie se alejaba de la cuna de la humanidad. El hawaiano, por ejemplo, cuenta con apenas trece fonemas pues fue uno de los últimos lugares en ser habitado, contra más de cien de algunos idiomas africanos.

La evolución, se sabe, no avanza en línea recta ni de manera gradual, sino que eventualmente se producen grandes saltos evolutivos que proporcionan capacidades completamente nuevas: eso fue lo que pasó con los primeros humanos, anatómicamente modernos, producto de la combinación de cambios genéticos y selección natural durante millones de años. Un cambio cualitativo que permitió la aparición no sólo del lenguaje sino de diferentes expresiones artísticas, aunque los rasgos asociados a las condiciones que dieron origen al lenguaje se remontan aún más lejos en el tiempo, cuando en el cerebro del Homo erectus ya se habían desarrollado las áreas de Brocca y Wernicke, relacionadas con el lenguaje; en esa misma era los primeros humanos empezaban a controlar el fuego, otro factor que permitió el crecimiento del cerebro.

Los idiomas atraviesan por distintas etapas en su formación y evolución y, además, están sujetos a las vicisitudes de la historia. Algunos idiomas se expanden y son hablados por millones de personas y otros —miles de ellos— van desapareciendo. A su vez, los idiomas o lenguas prevalecientes en amplias regiones del mundo se diversifican en variantes locales, dialectos y hablas; el habla es el sistema lingüístico de una comarca, localidad o colectividad, con rasgos propios dentro de otro sistema más extenso —e incluso puede decirse que alguien en particular tiene un habla propia: el idiolecto, esto es, el conjunto de expresiones y enunciados de una persona, las constantes lingüísticas que la caracterizan.

El español tapatío —el de Guadalajara y el del estado, pues— es una variante que se ha conformado durante cinco siglos con una gran variedad de elementos, desde el español del siglo XVI hasta los más necesarios e inesperados neologismos, y de la mano de la historia, la geografía y los medios de comunicación. Desde luego, esta compilación* carece de cualquier intención chauvinista y no pensamos que el habla de los tapatíos sea más rica, más divertida o mejor que la de otras regiones del país; tampoco es el objetivo de este diccionario fijar ni dar lustre o esplendor a un habla regional. Pensar como Alejandro Fernández El Potrillo es una afrenta y una vulgaridad: "Yo vengo del estado más mexicano de este país", dijo el otrora charro metrosexual en un concierto en Bellas Artes en 2005, como si se pudiera ser más mexicano que los tlaxcaltecas, los duranguenses o los veracruzanos. Nada de eso. Este volumen es un divertimento y a la vez un libro de literatura; es también un libro de arte, historia y humor y hasta un espacio para dirimir cuestiones de género y lenguaje. Un registro de un momento del habla jalisciense —tan distinta a veces en el norte como en el sur, en la costa como en Los Altos—, una fotografía en movimiento, incluso un antidiccionario porque se niega a congelar solemnemente las definiciones, y sobre todo un recuento de decenas de escritores, periodistas y artistas que comparten el genio de un habla ingeniosa usada en distintos grados por citadinos y campiranos por igual, cada uno con sus peculiares dejos y entonaciones. 

* Éste es un fragmento del prólogo al Jergario tapatío ilustrado, que se presentará en la FIL el día 5 de diciembre en el salón 4, a las 16:00.


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