Vida y obra de Carlos Jaurena

El universo de la obra de Carlos Jaurena (Ciudad de México, 1964) es vasto y complejo, tanto como el universo contenido en el espacio infinito de la mente humana: galaxias, hoyos negros y gusanos de tiempo conformados de sueños, memorias, traumas, pesadillas, bromas, castigos, golpes y reglas.

Jaurena (que fue director de la Galería José María Velasco, en la insigne Peralvillo, y de X Teresa Arte Alternativo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México) pertenece a una especie de artistas que dedican sus esfuerzos a la producción de obras que aún pueden calificarse de bellas, terribles e inteligentes –y sarcásticas– y no de piezas hechas a partir de frígidos postulados que pretenden sustituir ensayos y tratados de filosofía o ciencias sociales.

La inacabable galería de Jaurena reitera, recicla y renueva con ingenio un sinfín de circunstancias que arrancan en la más temprana infancia y que no son sino la reconstrucción de la mirada insólita de un niño que crece a pesar suyo: el ingreso al mundo de los adultos exige un duro aprendizaje de los usos y las costumbres de una civilización colapsada moralmente, de una realidad trastocada a la que solo el arte puede devolverle atisbos de belleza, de esplendor, de magnificencia. De ahí el humor triste y fiero de Jaurena, de ahí su desencanto y esa sorna con una pátina nostálgica. Él fue un adolescente amargo que no se dejó engañar, un alumno incrédulo, un adolescente incómodo que inventaba sus propios juegos, descubría el sexo y el amor y pateaba piedras, latas y balones por las calles de una ciudad también inventada. Así narra la primera parte de su vida: “Recuerdo una infancia feliz, llena de juegos y aventuras. Mi adolescencia fue diferente. Mi padre se fue a vivir con otra mujer y de ahí en adelante todo cambió. Fumé marihuana desde muy joven, también probé hongos, peyote y LSD. Pertenecí, sin yo tenerlo muy claro, a la banda de los ‘Condesa Rats’: banda de adolescentes de la colonia Condesa, dedicados a echar desmadre y a cometer delitos menores”.

De ahí su cosmovisión filosa y desconcertante; de ahí los colores fosforescentes con que viste su obra: sacados del negativo de una fotografía solarizada; de ahí las perspectivas alucinadas y los gruesos trazos de cómics, como dibujados con un plumón gigante; de ahí también sus personajes y objetos inverosímiles que avivan extrañas sinapsis en cerebros que han podido escapar del letargo: la maestra buenona erguida como una diosa inalcanzable frente al pizarrón; los torvos oficinistas de trajes gastados y miradas lascivas; las ranas lustrosas que asustaban a las niñas de la secundaria –y los calzones rojos que se les veían a éstas cuando subían las escaleras. Los diagramas y las monografías con que sustituíamos alegremente los libros de geografía, biología e historia, y de ahí los cientos de objetos apostados en todas las coordenadas de los mapas de la vida cotidiana trazados por la mano vigorosa de Carlos Jaurena.

Una larga trayectoria de trabajo fructífero se ve colmada, por ahora, con la publicación de El trabajo diario. Carlos Jaurena, un libro catálogo recientemente editado por Producciones El Salario del Miedo, la casa comandada por los escritores Bibiana Camacho y J.M. Servín –quien es autor de uno de los textos que acompañan este extraordinario recorrido por diferentes etapas de la producción de Jaurena. También hay textos de Beatriz Garduño, Guillermo Fadanelli y Juan Rafael Coronel Rivera, todo ordenado armoniosamente por el diseñador René Velázquez de León.

“Este hombre solitario, taciturno, se descubre sensible, derrotado y en conflicto eterno”, escribe la crítica Beatriz Garduño, y continúa: “la identidad del sujeto como antihéroe es revisada en sus afectos y deseos. Jaurena presenta un sujeto masculino que no siempre corresponde al imaginario del varón empoderado y asertivo que dicta el canon”.

Una parte de la vasta obra de Jaurena se muestra ahora en la exposición Sin esperanza, sin temor, en la Galería Ajolote de la Ciudad de Guadalajara, avenida Guadalupe 1688–A, tel. (33) 3122 0866.