Filologías

Entre "vedettes" y estallidos

En la FIL de Guadalajara lo mismo se presentan los protagonistas del "star system" que los ultras.

En Argentina hay escritores y estudiosos que alientan las relaciones de la literatura con las nuevas tecnologías, pero no fueron invitados a esta edición de la FIL: Scolari, Piscitelli, Maguregui, Mascardi, entre otros grandes ausentes. Por eso, como advierte el escritor mexicano Joaquín Peón Iñiguez, la mesa Innovaciones narrativas a partir de los recursos de la web debió llamarse Vaguedades y opiniones sobre la inmutabilidad de las narrativas, pues ninguno de los participantes “había siquiera contemplado escribir poniendo a prueba la flexibilidad y las posibilidades del nuevo soporte. Para ellos se trata meramente de un instrumento mercadológico de la industria editorial. El concepto más avanzado que mencionaron probablemente fue el pdf”. No todos los escritores argentinos han sido tocados por el legado de Borges.

La FIL es un monstruo y, al finalizar, el informe con la numeralia dará cuenta de los nuevos miles de visitantes que se sumaron a ella y de los miles de nuevos lectores arrebatados venturosamente al inframundo de la ignorancia. Misión cumplida. El Licenciado reirá satisfecho. (El Licenciado preside, además de la FIL, poco más de una veintena de instituciones universitarias entre consejos, fideicomisos, patronatos, empresas de espectáculos y hoteles, sin que falte el equipo de futbol Leones Negros.)

Ni están todos los que son ni son todos los que vinieron, o como se diga. Los premios Nobel se van extinguiendo pero hay centenarios, premios y homenajes todos los días y a cada hora. Los grandes nombres opacan a los simples mortales. Los premios millonarios humillan a los perdedores. Si usted cree que Jorge Zepeda Patterson es un escritor de la talla de Rubem Fonseca y que por eso se embolsó los 600 mil euros (diez millones de pesos) del premio Planeta, entonces no sabe nada de
los fríos cálculos mercantiles de los enormes consorcios editoriales ni de cómo se fabrican esas vedettes literarias. No hay tal “reivindicación de las letras mexicanas”, como declara Zepeda. Aunque sin el oropel la feria no sería la misma.

La FIL se inaugura en medio de la crisis detonada por la masacre de los estudiantes de Ayotzinapa y el mundo cree que en México el Estado asesina a sus jóvenes. Juan Villoro dice que México está “al borde de un estallido social”; al fin novelista, acota Hugo García Michel. Que renuncie Peña Nieto pero ninguna alusión a la gravísima responsabilidad de la izquierda oficial en este crimen, incluyendo a Morena, el partido del perdedor en las últimas dos contiendas por la presidencia. A la marcha del primero de diciembre que parte de la FIL se agregan Villoro y Paco Ignacio Taibo II. Que renuncie Peña Nieto, vuelven a exigir. Villoro se había sumado un día antes de la inauguración a la propuesta tuitera de Fabrizio Mejía Madrid de contar del 1 al 43... ¡presentes! al inicio de todas las presentaciones... Ignoro si en algunas de ellas alguien les tomó la palabra, pero en los pasillos de la feria muy pocos corearon las consignas. Si de algo puede y debe culparse al Estado es de haber perdido el monopolio del uso de la fuerza legítima.