Otra parte

Parejas

Las parejas se atraen por las afinidades mutuas, pero también por sus diferencias y contrastes. Los escenarios y paisajes del sexo y del amor van de la aridez a la exuberancia. La noción de la pareja estable que heredamos de nuestros abuelos y padres, de las instituciones religiosas y seculares, es cada vez más endeble y elástica si la confrontamos con la realidad: matrimonios fugaces y divorcios al por mayor, affaires a la orden del día y agencias que prometen encontrar a la pareja perfecta, incluso, y cada vez más, por internet. Un buen pasatiempo es enumerar las pocas parejas felices y duraderas que conocemos y no es raro ver lánguidos jóvenes errar cabizbajos —si es que leen— con El arte de amar, La separación de los amantes o los Fragmentos de un discurso amoroso. Obras literarias de todos los tiempos tienen como eje relatos de amores extraordinarios y desgarrados cuya consumación se realiza aun a pesar de las leyes de los dioses y de los hombres —de la Ilíada a Romeo y Julieta a Bajo el volcán a El amor en los tiempos del cólera— y pocos filmes tratan hoy de temas que no tienen nada que ver con la exaltación de los sentimientos y las pasiones, como sucede también en la infinita mayoría de los temas de la música popular. En Días extraños, la extraordinaria película de Kathryn Bigelow, el ex policía Lenny Nero, al descubrir de golpe que su mejor amigo es ahora el amante de su veleidosa y roquera ex novia, y antes de enfrascarse con él en una lucha a muerte, le dice con una voz salida del propio corazón: “Jamás conocerás ni de cerca el paraíso como lo conocimos ella y yo”. El amor es el motor de la historia, podría decirse, parafraseando al viejo Marx —quien, por cierto, tuvo amoríos y un hijo bastardo con su abnegada y proletaria sirvienta.

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, no es sino un tratado light donde se expone la infidelidad como un atributo natural de la especie humana, sobre todo de los especímenes masculinos. El amor es la complicada estrategia de la naturaleza para asegurar la reproducción y la preservación de las especies, podría decir fríamente algún especialista en genética o biología. En el reino animal los machos, durante la época de celo, procuran copular con el mayor número de hembras posible, y éstas, a su vez, sólo reciben al ejemplar más fuerte, al que ha logrado vencer a los demás contendientes. ¿No hay una conducta equivalente en términos sociales? ¿Cuál es si no el origen del machismo? El amor no es un sentimiento puro sino uno pletórico de contradicciones e intereses de la más diversa índole. No puede negarse que la atracción física es fundamental: cuando se habla de la química entre dos personas no se trata de otra cosa que de la excitación sexual que despiertan en el otro las moléculas secretadas por las glándulas sudoríparas. El ritual o el protocolo que sigue al primer encuentro es igualmente complicado, un coctel difícil de preparar y cuyos ingredientes a veces no se consiguen en cualquier supermercado: la atracción y el apetito sexual; la comprensión, la edad, las concesiones y la tolerancia hacia los gustos, preferencias y manías del otro; la inteligencia y la admiración mutua; la clase social, la confianza, la condescendencia; la neurosis, los modales, la competencia entre sí, el coqueteo con otros, el aguijón incesante de los celos, la posesión, la dependencia, la compatibilidad, la familia y mil y un detalles más que conforman el universo único e irrepetible de una pareja: el paraíso o el infierno.

 

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