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La música del Pulitzer

El Premio Pulitzer a la mejor composición musical –de concierto, con excepción del premio otorgado a Bob Dylan en 2007 por su impacto en la música popular estadounidense -, se otorga desde 1943, siendo William Schuman con su Cantata Secular no. 4, el primer compositor en ganarlo.

Una interesante lista de compositor@s estadounidenses integran esta lista. Como ejemplo citaré a Aaron Copland, quien en 1945 ganó por su Primavera Apalache, Charles Ives, que en 1947 lo obtuvo por su Sinfonía no. 3, Eliot Carter, quien lo ha obtenido dos veces, en 1960 y 1973, por su segundo y tercer cuarteto de cuerdas respectivamente, Georg Crumb, por Ecos del Tiempo y el Río de 1968, Michael Colgrass por DéjàVu para percusión y orquesta de 1978, WyntonMarsalis –uno de los grandes trompetistas de jazz- por el oratorio Sangre en los Campos de 1998, Melinda Wagner por su obra Concierto para flauta, cuerdas y percusión en 1999, John Adams con su Sobre la Transmigración de las Almas en 2003 y Steve Reich con su Doble Sexteto en 2009.

La compositora Julia Wolfe (Filadelfia, Pensilvania, 1958) ha sido galardona con el más reciente Pulitzer (2015), obteniéndolo por su oratorio Anthracite Fields (Campos de Antracita), sobre los mineros estadounidenses.

Un ambiente misterioso, al límite, un descenso por las minas de carbón de Pensilvania descrito magistralmente a través de los coros y la orquesta en un lenguaje híbrido, integrador de la técnica minimalista y la herencia de Stravinsky y Penderecky.

El Premio Pulitzer –testamento del editor estadounidense Joseph Pulitzer- se otorga también al periodismo impreso, en línea, y a la literatura (ficción, poesía). El premio consta de 10.000 dólares y un certificado. La música y el teatro están considerados como premio a las humanidades.

No hay duda de la importancia de obtener un premio en una disciplina artística. Sin embargo, hay que hacer notar una serie de condiciones para que el premio revista de manera efectiva al ganador:

Un premio nacional o internacional debe ir acompañado de un monto importante. En música generalmente se da en efectivo y en especie (un piano de cola, una guitarra de un lutier internacional por ejemplo). El prestigio de la institución otorgante es otro elemento esencial a considerar, así como la difusióndel artista ganador del premio, quien necesita ser apoyado con giras, entrevistas y la producción de su material discográfico.

En México necesitamos una estructura cultural que contemple prioritariamente las relaciones públicas. Entonces podremos enfrentarnos a los desafíos del primer mundo. Situar nuestras orquestas, nuestros compositores, nuestros intérpretes –de calidad indiscutible-,a la par de los más grandes del planeta.

 

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