Music Club

El lado oscuro de la música

A sugerencia del Doctor Eduardo Razón, una añeja amistad -melómano y coautor de Tretriti (Trauco Editorial, 2014)-, dedicaré esta columna y la siguiente a dos grupos de rock que me han marcado.

Eduardo me dijo, sin tapujos: “Maestro, ya escriba de los grupos de rock que más le han gustado en su vida, hable de Pink Floyd y de Led Zeppelin”.

Primero el número uno –aunque me haya costado aceptarlo en detrimento del segundo-. Es decir que hoy hablaré con ustedes de Pink Floyd, esa magnífica banda que sigue siendo un referente para los roqueros del siglo XXI. 

Pink Floyd renovó los universos de la música desde varias perspectivas: Sonoras, visuales, filosóficas.

Ha sido tanta la influencia de este grupo que músicos clásicos, serios, de concierto, han dedicado homenajes a su obra. Así, Jacques Castérède (París, 1926), uno de los compositores más influyentes del siglo pasado, compuso: Homenaje a Pink Floyd para guitarra sola que, dicho sea de paso –y arriesgando-, no le hace justicia a la música de esos grandes genios del rock, comandados por Roger Waters.

Retomo la esencia de esta columna. Vuelvo a la música de Pink Floyd señalando cuatro obras de su producción que gozan de mi especial predilección: The Dark Side of the Moon, de 1973, Wish You WereHere, de 1975, The Wall, de 1979 y The Final Cut, de 1983.

¡Qué poesía! (La música también es poesía). Para mí, su mejor disco es Wish You Were Here. En The DarkSide of the Moon me quedo con una melodía insólita, sin letra: “The Great Gig on The Sky”. En The Wall, me quedo con el lado 3, el que inicia con la trágica “Hey Jude”, y en The Final Cut, con “The FletcherMemorial Home”, aunque en realidad cada uno de los materiales sonoros aquí mencionados son verdaderas obras maestras.

Ni hablar de las interpretaciones. He escuchado críticas dirigidas a la ausencia de virtuosismo en los músicos rosa: Roger Waters, David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright. Pero, ¿Cómo va a estar ausente el virtuosismo si lo que ahí se oye es una obra de arte, acoplamiento de elementos sonoros que logran trascender el conjugal tiempo y espacio?

Retomo una escena de la película francesa de Alain Corneau Todas las mañanas del mundo (1991), en la que el maestro, Monsieur de Sainte-Colombe, le dice a su alumno, Maran Marais, virtuoso de la viola de gamba: “Usted no es un músico, usted es un cirquero”. (La viola de gama es ejecutada en el film por Jordi Savall).

Quienes hacemos música debemos tener eso presente. Aunque el éxito llegue a través de un premio en una competencia internacional –donde se elogia al más rápido, como en una carrera de Fórmula Uno-, la verdadera esencia de la música (según yo), está en penetrar su misterio y hacer que los oyentes comulguen con el espíritu de la obra.

Un abrazo.

http://twitter.com/AlterRuy