Music Club

Tres clásicos de la guitarra en Jalisco

Cuando entré a estudiar a la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara (hoy Departamento de Música) en los añejos ochentas del siglo pasado, impartían la clase de guitarra clásica Miguel Villaseñor García, Fernando Martínez Peralta y Fernando Corona Flores.

Estos respetadísimos maestros seguían rumbos distintos en el ámbito de la enseñanza. Miguel Villaseñor era reconocido por su severidad y el rigor en el método de aprendizaje, basado en los seis libros de Julio Sagreras, -después me enteré que las cualidades del maestro le venían de su paso por la milicia-.

Fernando Martínez se centraba en la práctica de las escalas de Andrés Segovia con el objetivo de adquirir seguridad y velocidad. El maestro reforzaba la técnica con el aprendizaje de algunas obras de cajón, que había que tocar lo más rápido posible: El abejorro de Emilio Pujol, Recuerdos de la Alhambra de Francisco Tárrega.

Finalmente, el maestro Fernando Corona Flores, que se caracterizaba por su actitud innovadora y su forma de ser cargada de jovialidad. Quienes fuimos sus alumnos disfrutábamos a plenitud sus clases –pletóricas de bromas y optimismo-.

Recuerdo el día de mi concierto de titulación. Había comprado una camisa unas horas antes del evento y por las prisas no me la pude medir. Al final la consabida camisa me quedó demasiado grande (aunque usted no lo crea, en aquellos tiempos yo era delgado). Una vez terminado el concierto, el maestro se dirigió a mi mamá y le dijo: “Todo estuvo muy bien, pero Ruy debió comprar una camisa, no una sábana, señora”.

Pero en su paso por la academia, estos tres clásicos de la guitarra bosquejaron también sus ideas a través de métodos, arreglos, ejercicios. “Me di a la tarea de recopilar todos los ejercicios creados por el maestro Corona”, me comenta Miguel Ángel Gutiérrez, catedrático y colega en el Departamento de Música de la U de G.

“¿El inventó esos ejercicios?”, le pregunto en verdad sorprendido. Los ejercicios heredados por el maestro Corona son fantásticos. Con la debida práctica, puedes convertirte en un monstruo de la ejecución. “Sí. ¿Sería bueno publicarlos, no crees?”, me responde Miguel Ángel con gesto de iluminati (no one world people, que no se malentienda).

Como coda, recuerdo una reunión en la que participamos mi amigo Daniel Escoto Villalobos, el maestro Fernando Corona Flores, un extraordinario guitarrista del entonces DF, Antonio López, y su servidor. Todos ejecutamos –así lo indica el ritual-, una pieza de nuestro repertorio. Fernando Corona ejecutó Marea Baja, de Cole Porter. Al observar Antonio López que el maestro realizaba un rasgueado inverso (de la nota más aguda a la más grave), le inquirió: “¿Por qué toca así el rasgueo, maestro?”, a lo que respondió: “¡Son las olas!”. Todos reímos al unísono.

Un abrazo a mis maestros, donde quiera que se encuentren.

leverkhun1@outlook.es 

@AlterRuy