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La canción de la utopía

Las primeras grabaciones de orquesta de la Deutsche Grammophon datan de 1910 y 1913. Siendo, respectivamente, la apertura del concierto para piano de Grieg –interpretado por WilhemBackhaus- y la Quinta Sinfonía de Beethoven, con la Orquesta Filarmónica de Berlín y Arthur Nikisch como director principal.

A más de cien años, la compañía ha grabado versiones memorables: La Pasión según San Mateo de Bach, las sinfonías completas de Beethoven y Mahler, las óperas de Wagner, por ejemplo.

Directores de primer nivel han pasado por sus filas. Furtwängler, Karajan. Intérpretes de la talla de Enrico Caruso, MaurizioPollini, Jessye Norman.

El nivel alcanzado por la Deutsche y su orquesta de cabecera, la filarmónica de Berlín, no es producto de la utopía ni la demagogia, sino del trabajo ininterrumpido y la visión empresarial.

La Deutsche Grammophon me acercó desde mi temprana juventud –unidas calidad y mercadotecnia-, a imágenes imborrables como la del poster de Karajan sosteniendo su batuta en plena catarsis, o a “los más bellos cantos de la muerte”, con las pasiones de Bach o el Réquiem de Mozart.

“Después de haber escuchado las melodías románticas (Mendelsshon la intervino), las armonías cálidas de la Pasión según San Mateo de Bach con Karajan y la filarmónica de Berlín, ninguna versión me ha parecido equiparable”, le comento al gran pianista mexicano Jorge Federico Osorio, quien después de un silencio de negra, responde: “Karajanera un gran director, lo vi dirigir en vivo (…)yo prefiero a Furtwängler”.

Las pretensiones de convertir a la nueva Orquesta Filarmónica de Jalisco en “una de las diez mejores del mundo”, conlleva una responsabilidad que no sólo involucra a los principales personajes de la ficción: Gestores, director y atrilistas, sino a toda la sociedad.

Cuando algunos medios impresos informan que el concierto de la nueva OFJen Corea fue un éxito, que el director “salió a escena ovacionado hasta en ocho ocasiones” –realidad sólo comprobable para el que acompañó en tan largo viaje a la orquesta, como un aficionado que acompaña a su equipo de futbol a un partido amistoso-, lo único que parece alentarse es una visión oficialista, un discurso político.

La competencia musical no es compatible con la simulación. Distinguir una buena interpretación sinfónica (propongo la sinfonía 4 de Brahms) de una mediana y hasta mala interpretación implica la participación de un público crítico que sepa distinguir las diferencias entre Furtwängler, Karajan, Bernstein,Dudamel, Bátiz o Parisotto.

Sería maravilloso, hiperrealista, escuchar la Pasión según San Mateo (completa, con recitativos y todo, por lo que habría que integrar al Coro del Estado), o las sinfonías de Mahler, con la nueva Orquesta Filarmónica de Jalisco en grabación y en vivo superando históricas versiones. Por el momento, todo queda en la utopía, la grandilocuencia y mi esperanza de que hayas leído esta columna.

 

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