Music Club

Xenakis, música y estructura

Escuché al compositor Iannis Xenakis  (Braila, Rumania, 1922 - París, 2001), por primera vez hace muchos años, cuando adquirí un material sonoro con sus obras para piano: Herma (1960-61), Mists (1980), entre otras.

Después, en una interpretación del guitarrista Gonzalo Salazar –en el Festival de Guitarra de la Habana en 1992-, presencié la ejecución de Metástasis de 1954, original para orquesta.

Me quedó claro que Xenakis era una referencia obligada para entender las metamorfosis sonoras del siglo XX. En un principio lo relacioné con los cubistas –visión subjetiva-, ahora descubro que no estaba del todo equivocado: Xenakis era un conocedor de las estructuras, un arquitecto, colaborador de Le Corbusier y diseñador del Pabellón Philips de la Exposición Internacional de Bruselas en 1958 –basado en las estructuras sonoras de Metástasis.

El Doctor Bermejo, apasionado de los discos y la amistad, me distingue otra vez con el obsequio de las obras que hoy les comento: Les Choefores (1960), Les Euménides (1966), Agamennon (1966), y Kassandra de 1987.

Como todo buen representante de las arritmias sonoras del siglo XX, la música de Xenakis se expresa a partir de la ironía: la misma de Edgar Varèse (París, 1883 - Chicago, 1965), de John Cage (Los Ángeles, 1912 - Nueva York, 1992), y más próximo, de Karlheinz Stockhausen (Mödrath, 1928 - Kürten-Kettenberg, 2007).

Les Choefores. Glisandos en los instrumentos de cuerda, golpes de arco repentinos y en contrapunto, el coral medieval y el canto hablado (Sprechgesang): combinaciones de aquelarre.

Les Euménides. Agamenon. Timbres inusitados de la orquesta y los coros. Trombones, percusiones, gritos y chiflidos.

Kassandra. Quizá la composición más atrevida. La voz del barítono recorre tesituras que lo hacen aparecer como una voz femenina, de contratenor. Las percusiones y el salterio acentúan la atmósfera de humorismo. Música de ruptura total -conviene aclarar que esta posición no es producto de la improvisación, sino de un conocimiento profundo de la tradición occidental de este fenómeno con el que comulgamos cada quince días-.

La obra de Xenakis es extensa. Música para película, actos performáticos –en Terretêktorh, 88 músicos se dispersan entre la audiencia-. Te recomiendo Perséphassa para seis percusionistas, de 1969, Pléiades de 1979 –también para seis percusionistas-, Metastasis, para orquesta de 60 músicos, y a un compositor que transita en los mismos espacios aéreos de Xenakis, Edgar Varèse, imprescindible. En México, sin duda, debemos visitar –o revisitar- a Mario Lavista, Federico Ibarra, Javier Álvarez, Antonio Navarro, Manuel Cerda, Demián Galindo, Gonzalo Macías.

Amigo y lector atento: nutramos juntos las sonoridades del mundo. Espero tus comentarios en leverkhun1@outlook.es, o en mi twitter: @AlterRuy

Que la música te siga a donde quiera que te encuentres.