Music Club

"Tuba mirrum"

Reflexioné sobre el material sonoro de los que –para mí-, han sido los discos clásicos más relevantes de la historia.Naturalmente que en cualquier elección entran en juego factores como: la subjetividad y la competencia auditiva, por ejemplo.

En primer lugar están los coros y arias de la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach dirigida por Herbert von Karajan con la Orquesta Filarmónica de Berlín (1973). Un acetato que yo repetía una y otra vez, poniendo con habilidad de relojero la aguja –zafiro, diamante-, sobre el disco.

Los críticos de la época denostaban las direcciones de Karajan por considerarlas demasiado comerciales. También me enteré, con el tiempo, que Karajan era un déspota, que trataba terriblemente a los músicos. Yo simplemente me quedo con aquellas melodías perfectas, con aquella armonía ejecutada en su temperatura ideal. Nunca he vuelto a oír una versión tan emotiva de La pasión.

En segundo lugar: El Mesías de Georg Frederich Handel, dirigida por Karl Richter en 1977. La Orquesta: la Filarmónica de Londres. Ningún coro, ningún aria de El Mesías me ha impresionado tanto como el que resuena en esta versión. Leí en la Enciclopedia de los grandes compositores (Salvat editores), que el rey Jorge II de Inglaterra se puso de pie –en pleno concierto- al escuchar el Aleluya de la obra en cuestión, exclamando: “Esta no es la música de un hombre, es la música de Dios”. Aquello era lo más próximo a lo que yo experimenté cuando escuché la versión de Richter. Tercer lugar: El Réquiem de Mozart –la versión de los sesentas-, también dirigido por Karajan y ejecutado por la OFB. Qué energía, que precisión en la ejecución, en el tempo. El más bello canto de la muerte en una versión sublime.

Cuarto sitio. El concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo con Narciso Yepes como solista y la Orquesta de la R. TV Española (1977).  El crescendo que lleva al tutti orquestal –clímax del segundo movimiento-, te emocionará hasta las lágrimas.

Tuve la fortuna de escuchar a Yepes ejecutando el concierto en el Teatro Degollado, hace muchos años, con la Orquesta Filarmónica de Jalisco. Recuerdo que los puristas extremos criticaban la forma de ejecutar de Yepes. Más tarde, en el concierto, todos estaban ahí. Quinto. El Magnificat de Penderecki dirigido por el propio Penderecki (1973-74). Nunca he experimentado semejante temor al escuchar una obra –el efecto del cuarto de tono en coros y solistas-. Yo estaba solo, sumergido en la penumbra de mi cuarto. Al terminar el disco –la aguja levantándose robóticamente después del silencio-, recordé los versos de un poema de Bertolt Brecht: Balada del pobre Bertolt Brecht, “Yo Bertolt Brecht vengo de la Selva Negra. Mi madre me llevó a las ciudades estando aún en su vientre. El frío de los bosques lo llevaré en mí hasta que muera”.

Espero reencontrarte en quince.

 

leverkhun1@outlook.es