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Jesucristo Superestrella o el arte intemporal

Andrew Lloyd Webber, barón Lloyd-Webber de Sydmonton Kt (Londres, 1948), compuso en 1972 la música para la película Jesucristo Superestrella, de   Norman Jewison. Los textos estuvieron a cargo de Tim Rice, letrista de sus primeras obras, como José el Soñador, de 1968.

En Jesucristo Superestrella participaron grandes solistas y bandas de rock: Ian Gillan (Jesucristo), vocalista de Deep Purple y Black Sabbath, Murray Head (Judas), The Trinidad Singers e Yvonne Elliman (María Magdalena), por ejemplo.

La ópera rock –yo la denominaría Pasión, al estilo de Johann Sebastian Bach-, rompió con los esquemas visuales, literarios y musicales de la época. La humanización de Cristo “Yo sólo quiero saber si este es el camino, aleja esta copa de mí, que yo no quiero beber de su veneno”, en “Getsemaní” –una de las iconográficas canciones del siglo XX-, y la consternación de María Magdalena por la atracción sentida hacia Jesucristo en “I Don´t Know How To Love Him”, provocó sentimientos contradictorios en el escucha: magnificencia y resquemor conjugados.

Musicalmente, Jesucristo Superestrella fue una apuesta innovadora. Ritmos vertiginosos, reunión de dos o más canciones en tonos diferentes dentro de un mismo track, uso de elementos bitonales –la armonía en un tono distinto al de las voces-, del recitativo y la recreación lúdica de la estructura barroca –rito protestante-, así como la fusión sinfónica de instrumentos acústicos y eléctricos, insinuando un nuevo camino de la creación musical.

El tema de “Getsemaní” se repite a lo largo de la obra, a la manera de un leitmotiv. En el último tercio, Ian Gillan ejecuta la canción completa con una fuerza inusitada. Construida en crescendo, “Getsemaní” es también la parte epifánica de Jesucristo Superestrella: paisaje alucinado de la muerte.

Después de tantos años, Jesucristo Superestrella tiene vigencia –pensé que si el disco hubiera salido hoy, habría sido igual de exitoso que en los setenta-. La buena música, la obra de arte, no tiene límites. Seguimos escuchando a Bach y Beethoven, a Django Reinhardt y The Beatles, con la misma pasión intemporal con que admiramos un cuadro de Munch, una escultura de Rodin, un texto de Dostoievski o de Albert Camus.

Para escuchar. Revisita al vocalista de Led Zeppelin, Robert Plant –tan genial como Gillan-, y escucha la magnífica Since I”ve Been Loving You”, en el disco III de Zeppelin. La Pasión Según San Mateo y el Oratoriode Navidad, de Bach. La obra de Krzysztof Penderecki y un disco que comparte rasgos sonoros con la ópera rock de Webber: Los Mitos y Leyendas del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, del también británico Rick Wakeman, un clásico del rock progresivo. Leverkhun te espera con tus comentarios. Felices fiestas.

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