Music Club

Hiperacústico


“No me salgas con citas de Simónides,

porque estaríamos como los hombres incapaces de conversar,

que ceden la palabra a la música que contratan para amenizar sus reuniones”.

Sócrates, Protágoras

 

El filósofo, músico y literato Juan Antonio Lira Aguirre –con quien comparto el gusto hiperbólico por el rock progresivo-, me hizo una reconvención hace ya muchos años: “Nunca hay que leer mientras se escucha música, o se lee o se escucha música, la música es una actividad que requiere tanta concentración como la lectura”.

Ha sido una de tantas ideas valiosas que me ha compartido este notable hombre de letras. Eran diálogos de café –en el histórico café Treve donde ahora deambulan sólo los fantasmas-, que culminaban en la casa del Doctor o en la mía con la audición de algún nuevo material sonoro. Entonces conocí a Robert Wyatt, Faust, Enid, Trace, Pat Metheny, Supersister, Captain Beafheart, entre otros.

Hoy, acérrimo defensor de la dialéctica, reflexiono sobre aquella máxima de Antonio Lira. ¿Existe alguna manera de escuchar la música? ¿Debemos recurrir a la metodología de alguien como Aaron Copland para poder ser partícipes del deleite sonoro?

Desde mi perspectiva, la actividad auditiva es una de las experiencias más libres del ser humano. No sólo en la elección del material sonoro, sino en la manera de escucharlo, existe una diversidad demostrable.

Me remito a algunas frases que he escuchado: “Me gusta poner música mientras hago de comer”, “Pongo música para hacer el aseo de mi cuarto”, “Oigo música para dormirme”,  “Disfruto traer en el carro la música a todo volumen”.

En este sentido, habría que hacer una distinción. La música sí es una industria del entretenimiento –y aquí contradigo al pianista ruso Ivo Pogorelich-, pero en esa industria existen los profesionales, quienes han elegido a la música como su modus vivendi.Intérpretes, compositores, maestros, directores de orquesta, ingenieros de grabación.

Sobreviene entonces el juego de contrarios. “Lo que importa es que la resolución armónica no sea evidente”, me dice Carlos Topete, excepcional jazzista. “¿Y las combinaciones sonoras?” (…) ¿Entonces una obra elaborada con elementos armónicos tradicionales pero con una tímbrica novedosa quedaría descartada?”, Ego dixit.

Dentro de todo, lo más importante es descubrir que la música –como la literatura-, es una actividad que no tiene fin. Un universo polisémico, en evolución constante.

(…)

En aquellos tiempos de lluvia y sonoridades, Antonio Lira me habló de uno de sus grupos preferidos de progresivo: Génesis. Me congratulo de tener toda la colección, y me dispongo a escuchar tantos discos de este grupo como la tarde me lo permita. Por lo pronto, en el estéreo del Musiclub resuena TheLambLies Down on Broadway, un clásico del rock.

Quedo en espera de tus comentarios. Hasta en quince.

 

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